Psicografías
Vientos
“Lo que único que pasa es el viento”
Nadie sabe de dónde viene el viento ni tampoco adónde arrastra todo lo que va encontrando en su camino. Uno tiene la sensación de que el viento es incluso anterior al universo. O de que va trayendo y llevando siempre las mismas historias de un lugar para otro, e incluso de un tiempo para otro. Habitualmente lo dejamos pasar de largo, o lo escuchamos como quien escucha una música mil veces repetida. Vamos por las calles sin darnos cuenta de lo que trata de decirnos o de que mueve las hojas de los árboles o los papeles del suelo tratando de entretener nuestra mirada. Quizá lo percibimos cuando estamos en la orilla de la playa o cuando nos adentramos en un bosque que, movido por ese viento que casi nunca cesa, también acaba imitando el sonido de las olas. Dylan ya cantaba que todas las respuestas están en ese aire que pasa de largo y sigue soplando lejos de nosotros. Pero además de las respuestas, el viento es una metáfora de lo que somos y de lo que nos espera. Solo siendo livianos seremos capaces de imitarlo. Llegado el momento, uno solo se arrastra a sí mismo, o como mucho va acompañado de su propia sombra. Somos los únicos que no nos abandonamos y que podemos volar todo lo lejos que queramos. El viento pasa, y uno quisiera sumarse siempre a ese revuelo que va dejando a su alrededor.
El mes de julio lo recuerdo con los ventaneros de Agaete. Todo el mundo se queja de ese viento, pero ninguna de mis nostalgias cobraría vida si no llevaran aquella brisa ensalitrada que terminaba calando en la piel a la que nunca llega el olvido. Los últimos años he sentido ese mismo viento de julio en la costa de Arinaga. Hoy, lejos de ambas de orillas, me queda ese eco ensordecedor que se confunde con las olas y que, paradójicamente, convierte en silencio lo que debería ser estruendo. No hay nada que no logre silenciar el viento cuando arremete con fuerza cerca de la costa. Ni siquiera el océano puede resistirse a sus embates. Ese aire reconocible trae las voces de todos los que nos antecedieron, o nuestras propias voces antes de que fuéramos otros. Y también arrastra los grandes hitos de la historia y los pequeños logros cotidianos, los suspiros de los amores más pasionales y los desgarros de las penas más cruentas, los deseos, los sueños rotos, las victorias memorables, las sonrisas, el perfume de todas las flores, la putrefacción de los vertederos o ese olor a mar que casi siempre antecede a la lluvia. El viento recoloca todo lo que vamos dejando sembrado por el mundo, y llegará un día en que remueva los cartones de ciudades deshabitadas. También ha ido arrastrando palabras que de vez en cuando logramos eternizar en un poema o en una canción que trata de imitar la cadencia de su paso. No vuela el tiempo. Lo único que pasa es el viento que nos va llevando. Nosotros solo extendemos las velas.
CICLOTIMIAS
Una mudanza es una gran marea de recuerdos.
El mes de julio lo recuerdo con los ventaneros de Agaete. Todo el mundo se queja de ese viento, pero ninguna de mis nostalgias cobraría vida si no llevaran aquella brisa ensalitrada que terminaba calando en la piel a la que nunca llega el olvido. Los últimos años he sentido ese mismo viento de julio en la costa de Arinaga. Hoy, lejos de ambas de orillas, me queda ese eco ensordecedor que se confunde con las olas y que, paradójicamente, convierte en silencio lo que debería ser estruendo. No hay nada que no logre silenciar el viento cuando arremete con fuerza cerca de la costa. Ni siquiera el océano puede resistirse a sus embates. Ese aire reconocible trae las voces de todos los que nos antecedieron, o nuestras propias voces antes de que fuéramos otros. Y también arrastra los grandes hitos de la historia y los pequeños logros cotidianos, los suspiros de los amores más pasionales y los desgarros de las penas más cruentas, los deseos, los sueños rotos, las victorias memorables, las sonrisas, el perfume de todas las flores, la putrefacción de los vertederos o ese olor a mar que casi siempre antecede a la lluvia. El viento recoloca todo lo que vamos dejando sembrado por el mundo, y llegará un día en que remueva los cartones de ciudades deshabitadas. También ha ido arrastrando palabras que de vez en cuando logramos eternizar en un poema o en una canción que trata de imitar la cadencia de su paso. No vuela el tiempo. Lo único que pasa es el viento que nos va llevando. Nosotros solo extendemos las velas.
CICLOTIMIAS
Una mudanza es una gran marea de recuerdos.
Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.









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