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Viviendo en San Borondón

Hoteles, escuelas y Hoteles Escuela

JOSÉ F. FERNÁNDEZ BELDA Ver comentarios 1 Domingo, 22 de Julio de 2012 Tiempo de lectura:

Un hotel es una empresa que presta servicios de hostelería y alojamiento a sus clientes

Aunque sea ínfima la probabilidad de que los parlamentarios, a la hora de legislar, escuchen a alguien que no sea de su “ganadería”, nunca hay que perder la esperanza. Tampoco que por alguna presión externa, normalmente ligada a un grupo empresarial o mediático con capacidad de influir, se vean obligados a prestar atención a otros argumentos que les podrían permitir considerar o reconsiderar propuestas diferentes o alternativas del tema que se trate.
 
En el ya comentado Proyecto de Ley de Renovación y Cualificación Turística de Canarias, aparentemente se quiere atender a la demanda empresarial, real o supuesta, de una deficiente formación del personal de servicios hoteleros.  Sin negar que la formación continua y la especializada para atender adecuadamente las nuevas demandas, es de interés estratégico para una industria que aspira a tener futuro y ser sostenible en el tiempo, plantear la solución como se hace ahora supone reconocer el fracaso generalizado de la formación turística, pública o privada, en Canarias.  Y eso es válido tanto para los empleados como para los empresarios.

Un peculiar y extraño planteamiento para la formación imperativa, pretendiendo a la vez transferir la responsabilidad del gobernante a los gobernados, se tiene en este proyecto de ley cuando exige que “los nuevos establecimientos alojativos turísticos, salvo los de carácter rural, deberán acreditar la previa suscripción con el Servicio Canario de Empleo de un convenio de formación y empleo”.  Obviamente se están mezclando las cosas y poniendo las bases de una segura disfunción laboral y un más que probable fracaso educativo, si realmente ese hubiera sido el deseo del inspirador del proyecto de ley en algún momento.  

Un hotel es una empresa que presta servicios de hostelería y alojamiento a sus clientes.  Una escuela es una institución, pública o privada, donde se enseña y se adiestra en una ciencia, arte u oficio. Y un hotel escuela es un establecimiento educativo, con unas instalaciones especializadas, en el que se adiestra a personas en labores y funciones propias de la actividad hotelera, generalmente bajo el lema de “aprender haciendo”.  

Un hotel, o una empresa cualquiera, no es propiamente un espacio de formación como tantas veces se pretende.  Por eso es muy frecuente que en los hoteles las prácticas sean para la empresa una posibilidad de disponer de mano de obra barata y encima recibir subvenciones por “realizar” esa función social, al decir de sus reguladores, no de las víctimas del proceso: los educandos.  El alumno en prácticas dentro de una empresa puede aplicar conocimientos previos, o incluso con suerte aprender algunas cosas nuevas, siempre que el personal formador esté cualificado para enseñar y quiera hacerlo, que no sueñe ser el caso ni la voluntad de quien teme perder su puesto de trabajo.  No forma quien quiere, sino quien sabe formar.  

Pero es que además, las instalaciones de un hotel no se diseñan para desarrollar en ellas una labor educativa, que precisa espacios generosos y aulas para que alumnos y monitores puedan estar o impartir las explicaciones oportunas, sistemáticas y completas, tanto si esa función o tarea es demandada por los clientes reales como si no.  En una cocina hay que enseñar a freír un huevo, pongo por caso, independiente que sea o no demandado por algún cliente ocasional del hotel. Por eso y para esa función existen los hoteles escuela, bien diferenciados de los hoteles convencionales, en los que prima la profesionalidad didáctica de profesores y monitores sobre la rentabilidad de la explotación hotelera. En los afamados hoteles escuela del mundo los estudiantes no cobran ningún sueldo, sino que pagan, y bien, por aprender.

Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.

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