Psicografías
Brazadas
“No recuerdo tener miedo”
Yo era muy pequeño y el océano tan grande como sigue siendo ahora. El mar no decepciona nunca porque no varía las dimensiones y porque por mucho que uno vaya creciendo siempre será más inabarcable que cualquiera de nosotros. Era julio. Los veranos empezaban en julio y parecían que no tenían final. No sé la edad que tendría exactamente; pero sí recuerdo que estaba en la playa de Sardina del Norte. Agarrado a una gran roca, una de mis tías me daba indicaciones sobre cómo flotar y cómo evitar que me hundiera o que me arrastrara la corriente. No recuerdo tener miedo. Los miedos son las cargas y las decepciones que se acumulan con los años. Miraba cómo las olas rompían en la orilla y estaba deseoso de soltarme por primera vez sin salvavidas. Rememoro perfectamente lo que viví. Quizá se pueda comparar con el primer día que montamos en bicicleta ya sin el apoyo de las ruedas traseras. Podría decir que volaba, aunque eso parecería una boutade teniendo en cuenta que estaba en el agua; pero sí, era como si volara por vez primera. Y también como si regresara al lugar en donde nació nuestra propia vida antes de que nuestros antepasados cambiaran los fondos marinos por las orillas del planeta. Seguro que tú también recuerdas ese momento. Uno no sabe si puede flotar hasta que no lo intenta.
Ahora mismo estamos casi todos agarrados a rocas como aquellas en las que nos apoyábamos antes de dar las primeras brazadas. Vivimos con incertidumbre y miramos con miedo al océano que tenemos a nuestro alrededor. No sabemos si soltarnos o si seguir cada vez más agarrados viendo cómo lo vamos perdiendo todo ante el embate de las olas de la especulación y de la macroeconomía. Tampoco nos atrevemos a soltarnos para ver si dentro de nosotros encontramos la manera de salir a flote. No es fácil liberarte para saber si puedes nadar en medio de las aguas de esta procelosa realidad. Pero creo que si no nos vamos soltando, nos quedaremos cada vez más entumecidos viendo cómo las olas, más tarde o más temprano, nos pasarán por encima. Por eso recuerdo tanto estos días aquella sensación de la primera vez que nadé por mí mismo en el mar. Ya luego hubo cursillos en piscinas para perfeccionar los estilos y las técnicas natatorias, pero el momento clave tuvo lugar cuando me separé de la roca y de la mano de la persona que trataba de enseñarme a flotar. Claro que podía haberme ahogado, pero los riesgos están para asumirlos. Tampoco los pájaros saben si aguantarán en el aire cuando practican los primeros vuelos. Llegado el momento creo que nos salva el instinto de supervivencia y la búsqueda de nuestra propia felicidad. No hay nada más. O nos lanzamos al agua con todas las consecuencias o los veranos seguirán pasando de largo delante de nosotros.
CICLOTIMIAS
Con los años uno va descubriendo que cada día necesita saber un poco menos para poder aprender un poco más.
Ahora mismo estamos casi todos agarrados a rocas como aquellas en las que nos apoyábamos antes de dar las primeras brazadas. Vivimos con incertidumbre y miramos con miedo al océano que tenemos a nuestro alrededor. No sabemos si soltarnos o si seguir cada vez más agarrados viendo cómo lo vamos perdiendo todo ante el embate de las olas de la especulación y de la macroeconomía. Tampoco nos atrevemos a soltarnos para ver si dentro de nosotros encontramos la manera de salir a flote. No es fácil liberarte para saber si puedes nadar en medio de las aguas de esta procelosa realidad. Pero creo que si no nos vamos soltando, nos quedaremos cada vez más entumecidos viendo cómo las olas, más tarde o más temprano, nos pasarán por encima. Por eso recuerdo tanto estos días aquella sensación de la primera vez que nadé por mí mismo en el mar. Ya luego hubo cursillos en piscinas para perfeccionar los estilos y las técnicas natatorias, pero el momento clave tuvo lugar cuando me separé de la roca y de la mano de la persona que trataba de enseñarme a flotar. Claro que podía haberme ahogado, pero los riesgos están para asumirlos. Tampoco los pájaros saben si aguantarán en el aire cuando practican los primeros vuelos. Llegado el momento creo que nos salva el instinto de supervivencia y la búsqueda de nuestra propia felicidad. No hay nada más. O nos lanzamos al agua con todas las consecuencias o los veranos seguirán pasando de largo delante de nosotros.
CICLOTIMIAS
Con los años uno va descubriendo que cada día necesita saber un poco menos para poder aprender un poco más.
Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.









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