Despiporre bancario
Este es el mal que nos aqueja a nosotros, quijotes de saldo y esquina
Un escritor finlandés, Karo Hamalainen, pone el dedo en la llaga sobre uno de nuestros grandes problemas a la hora de hablar de la crisis, la gran cantidad de sucursales bancarias que existen en España (y eso que ya han ido cerrando unas cuantas por mor, precisamente, de esas dificultades por las que atraviesa nuestra economía). Este literato asegura que en su país, allá por la década de los 90 del siglo pasado, tuvieron que chapar la mitad de esas oficinas cuando la crisis amenazaba con cebarse con su próspera nación. Digamos que ese período de estrecheces les vino bien para redefinir su modelo económico y ver que se podía ser igual de eficiente con menos derroche.
Sin embargo, y este es el mal que nos aqueja a nosotros, quijotes de saldo y esquina, no queremos asumir que el modelo nuestro está agotado, que no podemos pretender tener una sucursal bancaria, un hipermercado, una estación de metro, un centro comercial, un colegio y un centro de salud a cinco metros de nuestra casa. Aquí tenemos que acostumbrarnos a que no podemos tener de todo y en todos lados, que al final la gallina de los huevos termina por morirse o bien, tal y como es nuestra naturaleza de egoísta y de ambiciosa, seremos nosotros mismos los que intentemos sacarle todos los huevos al bicho hasta dejarlo seco.
Volviendo al caso planteado por Karo Hamalainen, la apertura de sucursales bancarias se movió en unos parámetros similares a lo de la aparición de restaurantes chinos. De ser algo residual en los años 70, de repente, y como por arte de magia empezaron a abrir negocios de restauración asiáticos prácticamente en cada esquina, hasta llegar a haber tres de estos restaurantes por cada establecimiento de comida rápida. Con las sucursales bancarias, pasó lo mismo, que empezaron a abundar, a abrir por todos lados hasta llegar a coincidir en una misma calle no muy larga tres sucursales de la misma entidad, todo un despilfarro al que sólo ha puesto freno (y esperemos que punto y final) una crisis económica devastadora, amén de que Europa ha destapado el despiporre que ha habido hasta la fecha.
Sin embargo, y este es el mal que nos aqueja a nosotros, quijotes de saldo y esquina, no queremos asumir que el modelo nuestro está agotado, que no podemos pretender tener una sucursal bancaria, un hipermercado, una estación de metro, un centro comercial, un colegio y un centro de salud a cinco metros de nuestra casa. Aquí tenemos que acostumbrarnos a que no podemos tener de todo y en todos lados, que al final la gallina de los huevos termina por morirse o bien, tal y como es nuestra naturaleza de egoísta y de ambiciosa, seremos nosotros mismos los que intentemos sacarle todos los huevos al bicho hasta dejarlo seco.
Volviendo al caso planteado por Karo Hamalainen, la apertura de sucursales bancarias se movió en unos parámetros similares a lo de la aparición de restaurantes chinos. De ser algo residual en los años 70, de repente, y como por arte de magia empezaron a abrir negocios de restauración asiáticos prácticamente en cada esquina, hasta llegar a haber tres de estos restaurantes por cada establecimiento de comida rápida. Con las sucursales bancarias, pasó lo mismo, que empezaron a abundar, a abrir por todos lados hasta llegar a coincidir en una misma calle no muy larga tres sucursales de la misma entidad, todo un despilfarro al que sólo ha puesto freno (y esperemos que punto y final) una crisis económica devastadora, amén de que Europa ha destapado el despiporre que ha habido hasta la fecha.
Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.









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