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Viviendo en San Borondón

En la desolación, hacer mudanzas

JOSÉ F. FERNÁNDEZ BELDA Lunes, 02 de Julio de 2012 Tiempo de lectura:

Gentes que se dicen laicas, aunque realmente actúan como anticristianos, apelen a San Ignacio de Loyola

Es evidente que los tiempos en que hoy se vive, y muy probablemente los que faltan por llegar, están y estarán llenos de confusión e inquietud, tanto en lo económico como en lo político, con un punto de desesperanza en el ciudadano ante la mediocridad manifiesta de los dirigentes políticos, aderezado el potaje con un toque de resignación propia de Sancho Panza.  Y eso es así, a mi entender, por la forma en que ha llegado a entender la sociedad, con la inestimable ayuda de la tele basura, los dilemas éticos en los que han sumido a España una política de total relatividad moral y desprecio por la ética más elemental, para no decir directamente de desvergüenza y latrocinio generalizado, con cobertura legal o sin ella.  El “y tú más” o “yo no sabía nada, lo mismo que la infanta”, son dos ejemplos que prueban el desprecio absoluto por la ciudadanía y la nada ejemplarizante justicia.

Algunos partidos políticos, y en especial el responsable directo de la ruina nacional, claman por volver a las políticas que condujeron al nivel de desempleo más alto conocido y a tener que financiar un derroche autonómico descomunal, deuda que heredarán nuestros biznietos.  Y lo tragicómico del asunto es que gentes que se dicen laicas, aunque realmente actúan como anticristianos, apelen a San Ignacio de Loyola diciendo en sus medios de propaganda que “en tiempos de tribulación no hacer mudanzas”.  Para ellos, traducido en términos prácticos, implica nuevos Planes E, seguir con las subvenciones a sus adeptos, a sindicatos y patronales o a mantener las pompas y las obras, ambos términos dichos en sentido literal, de los 65.000 y pico cargos públicos electos y hasta 450.000 políticos colocados de comisarios políticos en las instituciones con sueldos multimillonarios, en pesetas seguro, en euros probablemente también.  Las mudanzas de esos malos hábitos son ahora ineludibles.

Pero lo que San Ignacio de Loyola realmente escribió en sus Ejercicios Espirituales fue que “En tiempo de desolación nunca hacer mudanza, mas estar firme y constante en los propósitos y determinación en que estaba el día antecedente a la tal desolación, o en la determinación en que estaba en la antecedente consolación. Porque así como en la consolación nos guía y aconseja más bien el buen espíritu, así en la desolación el malo, con cuyos consejos no podemos tomar camino para acertar”.  

Quien tomó hace ya casi un semestre las riendas políticas de la situación, por voluntad popular democrática, debiera seguir con determinación lo que ofrecía hacer en su programa político y no actuar como una veleta sin orientación fija, aunque la realidad objetiva y las masas de polvo debajo de las alfombras afloren y se pueda ver con claridad lo que antes sólo se intuía.  Pero también advierte el que ahora vuelven a denominar por su apelativo familiar, Iñigo de Loyola para que parezca menos santo, que deberían guardarse de los consejos del malo, salvo en aquello en lo que manifieste público arrepentimiento, reconozca sus errores e intente reparar el inmenso daño causado.  Pragmatismo ante lo inesperado, actuando con un nuevo razonado perecer, es de sabios.  No hacer nada o acogotarse antes las diatribas de los políticos que gobernaron y que por sus actos demostraron su incapacidad o su temeridad, también por las cosas inauditas que decían sin sonrojarse, sólo llevaría a reafirmar ese extendido adagio popular: “todos son iguales, sólo aspiran al quítate tú para ponerme yo”. Si la generalización pudiera ser injusta cuando se aplica a un político en concreto, la probabilidad estadística de acertar es indiscutible, sobre todo cuando se valora el pecado por acción o la indignidad del estómago agradecido por omisión.

Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.

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