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XAVIER APARICI GISBERT

"Saber es poder"...cuando se sabe y si se puede

XAVIER APARICI GISBERT Lunes, 16 de Abril de 2012 Tiempo de lectura:

Las elites políticas de nuestras poderosas naciones no aciertan a resolver ni los problemas más coyunturales de la cohesión y la gobernanza, ni los más estructurales del persistente empobrecimiento y la continua corrupción

Mucho se dice que en la cultura occidental hemos llegado a las sociedades del conocimiento y que nuestra economía más competitiva es la de la I+D+I, la de la investigación científica junto al desarrollo económico y la innovación técnica, tres factores que dependen mucho de conocimientos rigurosos y especializados. Asimismo, desde que el poder material y el político en Occidente no se argumentan en vinculaciones y derechos divinos, la riqueza y la autoridad se vienen justificando en la confluencia de virtudes extraordinarias de sus detentadores, ramilletes de excelencias personales y orgánicas en los que no puede faltar la preciada flor de la sapiencia. Así que cabría esperar que como, cada vez, sabemos más, los que toman las decisiones, día a día, lo hagan mejor.


No obstante, en todos los órdenes del poder, presuntamente ilustrados y capaces, hay una pérdida de legitimidad sin precedentes. Las elites políticas de nuestras poderosas naciones no aciertan a resolver ni los problemas más coyunturales de la cohesión y la gobernanza, ni los más estructurales del persistente empobrecimiento y la continua corrupción. Mientras, las cúpulas del poder económico solo parecen saber generar crisis tras crisis, que indefectiblemente llevan a que los menos se enriquezcan más a costa del conjunto social, reos de un modelo de crecimiento que nos aboca a todos a una sobreexplotación insostenible de los recursos y los bienes naturales.


Las propias instituciones científicas de conocimiento aplicado, junto a sus agencias independientes de calificación, desde “las vacas locas” a la “gripe aviar”, desde la excelente consideración de instituciones financieras y sus productos, devenidos, de un día para otro, en notables bancarrotas y estafas, hasta la validación de centrales nucleares que se rompen, tampoco escapan al desconcierto y la desconfianza generales. Y es que saber de la naturaleza y el mundo no es fácil, y aplicar los conocimientos teóricos a una realidad compleja y cambiante, mucho menos. Multitud de pensadores a lo largo de la historia no han dejado de advertirlo.


En el siglo XVII, Francis Bacon, un adalid del conocimiento científico aplicado, del saber que es poder, ya advertía, no obstante, sobre las falsas nociones, los prejuicios y las actitudes preconcebidas de la mente humana que dificultan el acceso a un conocimiento auténtico. Él los denominó “Ídolos” y los agrupaba en cuatro clases: de la Tribu, propios de la propia naturaleza de nuestra especie y que llevan a la “mezcla [de] su naturaleza con la naturaleza de las cosas”; de la Caverna, los característicos de las idiosincrasias personales, “ya sea por la naturaleza propia y singular de cada uno o por la educación y trato con los demás”; del Foro, debidos a la dependencia excesiva del lenguaje, pues “las palabras ejercen una extraordinaria violencia sobre el entendimiento”; y del Teatro, provocados por la autoridad atribuida a los saberes tradicionales, “los cuales se impusieron por tradición, por credulidad y por negligencia”.

Con todo, esta es solo la mitad de la cuestión, pues en una civilización como la nuestra, donde priman los intereses e instituciones particulares, materialistas y antisociales, auténticos saberes, conocimientos relevantes y remedios contrastados permanecen relegados por los defensores del modelo hegemónico, pese a quien pese. Así, la evidencia genética de la unicidad de todos los miembros de la especie humana, nuestra condición equivalente y “fraterna”, la necesidad del pleno empleo, ajeno al lucro, en los ámbitos de interés comunitario y ecológico o la plena viabilidad de las energías renovables frente a las fósiles, junto a un sinfín de cosas que “ya se saben”, continúan postergadas al necio imperio de los amos, el 1% de la humanidad.


¿Para cuándo el saber verdadero, será el poder auténtico?

 


Xavier Aparici Gisbert. Filósofo y Secretario de Redes Ciudadanas de Solidaridad.

http://bienvenidosapantopia.blogspot.com.

Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.

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