Viviendo en san Borondón
La Cocina de Convento en Agüimes
JOSÉ F. FERNÁNDEZ BELDA
Martes, 27 de Marzo de 2012 Tiempo de lectura:
Una vez más, Hoteles Escuela de Canarias (HECANSA), sorprende gratamente con unas Jornadas Gastronómicas de la Cocina de Convento en el Hotel Rural Casa de los Camellos, en la Villa de Agüimes, que se iniciaron el 22 de marzo y finalizarán el 1 de abril de 2012
El ambiente tranquilo y reposado que se respira en el casco histórico de Agüimes, con unas calles y casitas muy bien cuidadas, anima al paseo, antes y después de disfrutar de la carta ofrecida en el restaurante El Oroval de ese Hotel Rural Casa de los Camellos. Eso sí, el restaurante cierra sobre las 22:30, a mi entender un horario algo corto, por lo que hay que ir prontito y después proseguir la velada en algunos de los encantadores locales de la zona, gozando de una agradable noche primaveral.
Pero entrando en el contenido de estas jornadas gastronómicas, para explicar la esencia de una cocina tan antigua como la propia historia de España, tal vez no se encuentre mejor descripción que la del libro “La Cocina de los Conventos” de Juan de Altimaras, escrito en 1758: “Muchos de los platos que hoy son habituales en nuestra alimentación diaria surgieron hace siglos en el interior de los conventos y monasterios españoles, fruto de las manos expertas y de la sabiduría gastronómica de sus monjas y frailes. En el recogimiento y el sosiego de estas comunidades religiosas, el trabajo tenaz de sus miembros, aplicado sobre tierra fértil y cuidada, proporciona los mejores ingredientes y productos, cuyo aprovechamiento favoreció, y sigue favoreciendo, el desarrollo de una sabrosa y variada cocina que, con el tiempo, se ha enriquecido hasta merecer, en muchos casos, el calificativo de manjar”.
Un ejemplo de lo que se puede degustar, o si van en grupo hacer un picoteo a la española, son las berenjenas fritas, unos pimientos rellenos a la riojana de San Millán de la Cogolla o un plato de cordero al chilindrón del Monasterio de Iranzu. Otros excelentes platos con gallina, ternera, cordero o diferentes pescados como el bacalao o el atún, completan la carta monacal. No podían faltar tampoco los míticos dulces de las monjas, que servirán de excelente colofón a una, muy probablemente, sabrosa e inolvidable cena o almuerzo en pareja o con un grupo de amigos. La proximidad de la Semana Santa puede ser una excusa bastante aceptable, si es que de acallar la conciencia por “premiarse” se tratara.
Por su presencia continuada en la literatura clásica, dos de los platos que ofrece la sugerente carta de la Casa de los Camellos, merecen atención especial: la Sopa de ajo y los Duelos y quebrantos. Es bien sabido que el ajo se utiliza mucho en las recetas españolas y, en particular, en las de los conventos. Las cocinas de España huelen a ajo, se decía antes. La sopa de ajo es popular en toda España y muy apropiada para los días de Cuaresma, como nos canta en verso Ventura de la Vega: “Cuando el diario, suculento plato, base de toda mesa castellana, gustar me veda el rígido mandato de la Iglesia Apostólica Romana, yo, fiel cristiano, que sumiso acato cuanto de aquella potestad emana, de las viandas animales huyo y con esta invención la sustituyo”.
Cuando Cervantes explica la dieta de don Quijote, al comienzo de su inmortal libro, dice que comía “una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lantejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda”. Los “duelos y quebrantos” son, en esencia, un revuelto con huevo, panceta y chorizo. En aquellos tiempos los conventos daban de comer a cientos de pobres y de peregrinos, y aunque lo que más frecuentemente podían ofrecer era la llamada sopa de convento, de pobres o sopa boba, cuando la economía lo permitía también servían aquel plato, tal como lo afirma el mismísimo Pedro Calderón de la Barca: “Huevos y torreznos bastan que son duelos y quebrantos”. Tal vez también fuera porque se pueden preparar rápidamente para viajeros cansados y hambrientos.
Algunos asombrados paseantes por la calle de Triana de Las Palmas de Gran Canaria, pudieron ver como aún levitaban dos personas que asistieron a estas Jornadas gastronómicas de la Cocina de Convento en Agüimes. Por eso, sin dudarlo, les invito a disfrutar de un almuerzo o una cena en la Casa de los Camellos, pero vayan rapidito porque el día 1 de abril terminan. No obstante, creo que no sería mala idea que Hecansa prolongara este evento durante toda la Semana Santa y lo publicitara más eficazmente.
Pero entrando en el contenido de estas jornadas gastronómicas, para explicar la esencia de una cocina tan antigua como la propia historia de España, tal vez no se encuentre mejor descripción que la del libro “La Cocina de los Conventos” de Juan de Altimaras, escrito en 1758: “Muchos de los platos que hoy son habituales en nuestra alimentación diaria surgieron hace siglos en el interior de los conventos y monasterios españoles, fruto de las manos expertas y de la sabiduría gastronómica de sus monjas y frailes. En el recogimiento y el sosiego de estas comunidades religiosas, el trabajo tenaz de sus miembros, aplicado sobre tierra fértil y cuidada, proporciona los mejores ingredientes y productos, cuyo aprovechamiento favoreció, y sigue favoreciendo, el desarrollo de una sabrosa y variada cocina que, con el tiempo, se ha enriquecido hasta merecer, en muchos casos, el calificativo de manjar”.
Un ejemplo de lo que se puede degustar, o si van en grupo hacer un picoteo a la española, son las berenjenas fritas, unos pimientos rellenos a la riojana de San Millán de la Cogolla o un plato de cordero al chilindrón del Monasterio de Iranzu. Otros excelentes platos con gallina, ternera, cordero o diferentes pescados como el bacalao o el atún, completan la carta monacal. No podían faltar tampoco los míticos dulces de las monjas, que servirán de excelente colofón a una, muy probablemente, sabrosa e inolvidable cena o almuerzo en pareja o con un grupo de amigos. La proximidad de la Semana Santa puede ser una excusa bastante aceptable, si es que de acallar la conciencia por “premiarse” se tratara.
Por su presencia continuada en la literatura clásica, dos de los platos que ofrece la sugerente carta de la Casa de los Camellos, merecen atención especial: la Sopa de ajo y los Duelos y quebrantos. Es bien sabido que el ajo se utiliza mucho en las recetas españolas y, en particular, en las de los conventos. Las cocinas de España huelen a ajo, se decía antes. La sopa de ajo es popular en toda España y muy apropiada para los días de Cuaresma, como nos canta en verso Ventura de la Vega: “Cuando el diario, suculento plato, base de toda mesa castellana, gustar me veda el rígido mandato de la Iglesia Apostólica Romana, yo, fiel cristiano, que sumiso acato cuanto de aquella potestad emana, de las viandas animales huyo y con esta invención la sustituyo”.
Cuando Cervantes explica la dieta de don Quijote, al comienzo de su inmortal libro, dice que comía “una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lantejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda”. Los “duelos y quebrantos” son, en esencia, un revuelto con huevo, panceta y chorizo. En aquellos tiempos los conventos daban de comer a cientos de pobres y de peregrinos, y aunque lo que más frecuentemente podían ofrecer era la llamada sopa de convento, de pobres o sopa boba, cuando la economía lo permitía también servían aquel plato, tal como lo afirma el mismísimo Pedro Calderón de la Barca: “Huevos y torreznos bastan que son duelos y quebrantos”. Tal vez también fuera porque se pueden preparar rápidamente para viajeros cansados y hambrientos.
Algunos asombrados paseantes por la calle de Triana de Las Palmas de Gran Canaria, pudieron ver como aún levitaban dos personas que asistieron a estas Jornadas gastronómicas de la Cocina de Convento en Agüimes. Por eso, sin dudarlo, les invito a disfrutar de un almuerzo o una cena en la Casa de los Camellos, pero vayan rapidito porque el día 1 de abril terminan. No obstante, creo que no sería mala idea que Hecansa prolongara este evento durante toda la Semana Santa y lo publicitara más eficazmente.
Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.
















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