Psicografías
Un buen hombre
“No se pueden demorar los sueños”
No se pueden demorar los sueños. O vamos o no vamos. No puede haber medias tintas cuando lo que está en juego es lo que soñamos ser en esta vida. Nadie nos garantiza el mañana, o cuando llegamos a ese mañana a lo mejor ya no tenemos nada que ver con los soñadores que fuimos ayer. No podemos dejar que el tiempo se convierta en una sucesión de sueños rotos o imposibles. Y si se quiebran hay buscar la manera de inventar otros nuevos para que las ilusiones se mantengan a flote en este mar de incertidumbres en el que ahora navegamos. Tampoco se pueden demorar las querencias. Esas palabras de cariño o de agradecimiento que no dijiste en su momento escuecen de por vida cuando el destinatario se va de repente sin saber cuánto le querías, cuánto le necesitabas y cuánto agradecías su presencia en el mundo. No caben dudas cuando se cruzan sueños o sentimientos.
La muerte siempre llega por sorpresa. El pasado jueves me enteré del fallecimiento de Lorenzo Doreste. Me quedé de piedra. Recuerdo la última vez que vi a Lorenzo. Nos tropezamos en la calle Cano. Como siempre hablamos un poco de literatura, otro tanto de periodismo y mucho de la vida. Era un buen hombre que siempre iba, como el poeta, de su corazón a sus asuntos. Teóricamente era un hombre de ciencias, nada menos que catedrático de Física Nuclear; pero su pasión eran las palabras que había heredado de su abuelo Domingo Doreste, Fray Lesco. Hablábamos de libros o de la actualidad que se asoma a los periódicos; pero yo me empeñaba en hacerle preguntas sobre la existencia de dios o sobre el origen de la vida. Pocas veces tiene uno la suerte de hablar con alguien que controla la teoría de la relatividad y la composición de la materia. Lorenzo era capaz de explicarte las dimensiones y la relatividad del tiempo en un par de minutos.
Por eso sé que su muerte no es más que un accidente en la infinitud de un universo en el que no se pierde absolutamente nada. Su energía se transformará en otra materia que me imagino que estará próxima a los sueños. Él te lo explicaba con una sonrisa sabia que voy a echar de menos en la guagua que sube a Santa Brígida, en el Gabinete Literario o en esos encuentros azarosos que salvaban cualquier día. Lo conocía desde que llegaba a la redacción de Diario de Las Palmas con su columna de opinión metida dentro de una carpeta que siempre llevaba debajo del sobaco como queriendo retener las palabras en medio de las dimensiones del tiempo. Tuve la suerte de decirle muchas veces cuánto admiraba su sabiduría y su sencillez. En eso me quedo tranquilo, pero hoy tenía que escribir estas palabras para contarles a ustedes que se ha marchado un buen hombre, alguien que supo que la vida no era más que un proceso físico y químico en el que siempre hay que contar con los milagros y con los afectos.
CICLOTIMIAS
Un sueño siempre debe ir un paso por delante de nosotros.
La muerte siempre llega por sorpresa. El pasado jueves me enteré del fallecimiento de Lorenzo Doreste. Me quedé de piedra. Recuerdo la última vez que vi a Lorenzo. Nos tropezamos en la calle Cano. Como siempre hablamos un poco de literatura, otro tanto de periodismo y mucho de la vida. Era un buen hombre que siempre iba, como el poeta, de su corazón a sus asuntos. Teóricamente era un hombre de ciencias, nada menos que catedrático de Física Nuclear; pero su pasión eran las palabras que había heredado de su abuelo Domingo Doreste, Fray Lesco. Hablábamos de libros o de la actualidad que se asoma a los periódicos; pero yo me empeñaba en hacerle preguntas sobre la existencia de dios o sobre el origen de la vida. Pocas veces tiene uno la suerte de hablar con alguien que controla la teoría de la relatividad y la composición de la materia. Lorenzo era capaz de explicarte las dimensiones y la relatividad del tiempo en un par de minutos.
Por eso sé que su muerte no es más que un accidente en la infinitud de un universo en el que no se pierde absolutamente nada. Su energía se transformará en otra materia que me imagino que estará próxima a los sueños. Él te lo explicaba con una sonrisa sabia que voy a echar de menos en la guagua que sube a Santa Brígida, en el Gabinete Literario o en esos encuentros azarosos que salvaban cualquier día. Lo conocía desde que llegaba a la redacción de Diario de Las Palmas con su columna de opinión metida dentro de una carpeta que siempre llevaba debajo del sobaco como queriendo retener las palabras en medio de las dimensiones del tiempo. Tuve la suerte de decirle muchas veces cuánto admiraba su sabiduría y su sencillez. En eso me quedo tranquilo, pero hoy tenía que escribir estas palabras para contarles a ustedes que se ha marchado un buen hombre, alguien que supo que la vida no era más que un proceso físico y químico en el que siempre hay que contar con los milagros y con los afectos.
CICLOTIMIAS
Un sueño siempre debe ir un paso por delante de nosotros.
Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.









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