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JUAN ANTONIO ALONSO VELARDE

La estrella estrellada

JUAN ANTONIO ALONSO VELARDE Sábado, 11 de Febrero de 2012 Tiempo de lectura:

Resulta curiosa la polvareda que se ha montado en torno a la inhabilitación del juez Baltasar Garzón

Los mismos que en su momento callaron cuando el magistrado Gómez de Liaño tuvo que beber el mismo amargo cáliz por su intento de procesar al malogrado Jesús de Polanco, son ahora los que salen a la calle y se concentran frente al Supremo para reclamar Justicia, pero, ¿qué Justicia? ¿la que sólo responde a sus intereses?

Bueno, entonces estaríamos hablando de cualquier otra cosa, menos de Justicia, porque aquí no podemos calificar las cosas en función del resultado que den. Si el veredicto es correcto, según unos parámetros ideológicos, entonces los jueces son la repera; pero si éste no sale como se había pensado, entonces los juzgadores están mediatizados.

Evidentemente, el juez Baltasar Garzón tuvo sus momentos de gloria, parecía revelarse como un magistrado con ganas de trabajar, de buscar justicia, de intentar acabar con las tramas etarras, con el clan de los narcotraficantes y con los pelotazos corruptos de un PSOE gonzalista que iba de mal en peor.

Sin embargo, el punto débil del superjuez, cada más más acostumbrado a la presencia de medios gráficos en la puerta de la Audiencia Nacional, era ese divismo, ese ego, esa vanidad enquistada en su ADN que le hizo caer en las manos del propio presidente del Gobierno para no sólo hacer campaña en las elecciones de 1993, sino para ocupar un puesto en el organigrama ministerial, pero un puesto menor del deseado (que era o bien ministro de Justicia o de Interior).

A partir de ahí, cuando ya se contamina, políticamente hablando, empiezan los tumbos de Garzón al que, insisto, ser director del Plan Nacional contra las drogas no le llenaba y acabó dando el portazo en Moncloa para volver a abrir la de la Audiencia Nacional. Empezó a sacar trapos sucios y a saldar cuentas pendientes con el felipismo. Desde ahí, todo ha sido meterse en una causa tras otras, con paréntesis de conferencias y cursos cuando la cosa pintaba fea, hasta que al final entre la Gürtel, el franquismo y un problema con la financiación de unos cursos en la Ciudad de los Rascacielos han hecho caer estrepitosamente la estrella de un juez que iba para brillante y que al final se quedó en un ser más bien turbio tirando a opaco.

Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.

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