El periódico tiene estas cosas. Ayer,
en el mismo ejemplar donde podía leerse en la página 6 que más de 600.000
canarios están por debajo del umbral de la pobreza, también se informaba en la
12 que el director general de La Caja de Canarias se prejubilaba de la
institución con un sueldo anual de 250.000 euros hasta que cumpla los 64 años,
además de disfrutar de un suculento plan de jubilación.
Cuando nació Juan Manuel García Falcón
hace 57 años aún desconocía cómo sería su vida: podía llegar a la dirección
general de La Caja, como finalmente ocurrió, o ser uno más de sus 600.000
paisanos que están debajo del umbral de la pobreza.
Canarias es la quinta comunidad con más
personas en situación de riesgo y el porcentaje de pobres isleños supera en
diez puntos la media nacional. Muchas veces el filo de la navaja entre ser un
ejecutivo bancario rico o un desgraciado y paupérrimo infeliz es muy estrecho,
casi imperceptible, como una fina y gélida cuchillada callejera en la
madrugada.
Cada día hay más pobres en la calle,
cada día hay más mendigos revolviendo en la basura de los contenedores o en los
desechos caducados de los supermercados. La cifra del paro va aumentando, como
incrementa la desazón de una sociedad enferma donde cada minuto hay más
diferencias entre ricos y pobres.
Esos seres humanos de mirada caída que
encontramos cada día en la esquina son personas de carne y hueso, muchos de
ellos padres o madres de familia que no tienen donde caerse muertos ni un euro
para poder comer una lechuga hervida o un yogur de piña.
Los carteles que portan estos
menesterosos piden ayuda urgente y desesperada, agua por señas. Son mensajes
plagados de faltas de ortografía. A veces les falta una hache porque se la han
comido de pura hambre.
El otro día me topé con un hombre de
mediana edad con cara envejecida y barba raída. Su cartel no decía que era un
padre a cargo de una prole numerosa ni que tenía hambre. No imploraba ayuda
inminente.
En su cartel solo se leía que era un
hombre triste. Con eso ya lo decía todo. Este parado no especificaba que
necesitaba ayuda, que hacía tiempo que no hincaba el diente a un filete o que
tenía una familia a la que mantener.
No sé qué piensan los ejecutivos
agresivos de los bancos y los empresarios con fortuna cuando ven a esta gente
tirada en la calle. Ni siquiera sé si piensan a pesar de sus sueldos
millonarios. En realidad ya no sé ni qué pensar.
Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.
Acoran | Sábado, 04 de Febrero de 2012 a las 13:22:58 horas
Señor Cristobal, estas son las consecuencias de la situacion colonial que sufrimos en este archipielago, y tenemos el mejor clima de Europa y la situacion geoestrategica mejor del mundo, y para que a servido las obras que an echo en el centro comercial aguila roja y para que estan sirviendo los millones que estan enterrando entre la clinica roca y el cruce de monte rojo obra publica para los amigos.
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