Un buen propósito para un año crítico
Comprometerse cívicamente, involucrarse como ciudadano o ciudadana en la defensa y la promoción del interés general, puede ser un necesario objetivo a cumplir en este nuevo año que se presenta crucial para los asuntos socioeconómico
Los conglomerados mediáticos e ideológicos del sistema neoliberal siguen negando la evidencia y publicitando la “naturalidad” de que sean las sociedades, y no los responsables privados que la causaron, las que asuman, como si tal cosa, la tan ficticia como indigna deuda que la estafa de la financiarización de la economía ha dejado sobre los asientos contables. Aún tras descubrirse el tinglado de ingeniería montado desde los años 80 por el neoliberalismo para “legalmente” transferir la riqueza material de los estados, de las empresas y de las familias masivamente a la gran banca, las formaciones políticas que lo defienden al frente de las instituciones perseveran en llevar a sus últimas consecuencias los valores antidemocráticos de su credo.
Como casi siempre desde que se instauró la civilización autoritaria –la que se mantiene subyugando a las mayorías sociales a través de amenazas y alienaciones-, la riqueza y la autoridad se secuestran, sin límite ni mesura, por los más ricos. Y para el resto –aunque represente al 99% de la humanidad-, lo que queda es la miseria y la indefensión. La novedad en este trágico sino, interesadamente sostenido, son los valores, las finalidades y las prácticas que defienden las concepciones democráticas de la convivencia social y la economía.
Siempre inconclusa, como la verdad, siempre perfectible, como la condición humana, siempre esperanzada, como las aspiraciones filantrópicas, la Democracia en su concreción contemporánea se sostiene sobre la doble tríada de los derechos a la libertad, la igualdad y la fraternidad de cada ser humano y los deberes de solidaridad, equidad y autonomía para cada miembro de la comunidad. Como no podría ser de otra manera, la filosofía política democrática es anti elitista, pues entiende a toda la ciudadanía como equivalente en necesidades y capacidades: no hay lugar para caudillos, ni para timoneles, ni para salva patrias; solo –y nada menos- ciudadanos y ciudadanas en común comprometidos en hacer prevalecer un interés general que no excluya ni discrimine indignamente y en un bien común centrado en la prevalencia de las personas sobre los intereses y de lo público sobre lo privado.
En estos momentos históricos se trata de neoliberalismo o democracia, de la deriva hacia un fascismo autoritario global o de la consecución, por fin, de una convivencia personal y comunitaria democrática y mundializada. Y esta magna aspiración emancipatoria, desde luego, no nos la van a regalar, ni nos la van a traer los “Reyes”. Habrá que aplicarse, cada cual y cuantos más mejor, a ello. No hay otra.
Xavier Aparici Gisbert.
Filósofo y Secretario de Redes Ciudadanas de Solidaridad.http://bienvenidosapantopia.blogspot.com.
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