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JOSÉ M. BALBUENA CASTELLANO

Fracaso de la política agrícola del Gobierno de Canarias

JOSÉ M. BALBUENA CASTELLANO Ver comentarios 1 Lunes, 19 de Diciembre de 2011 Tiempo de lectura:

No vamos a poder levantar nunca cabeza con esta situación que desgrada todo lo canario y enaltece lo que viene del exterior

No cabe duda que la política agrícola del gobierno de Canarias ha sido un auténtico fracaso. Ha habido algún político, de forma aislada, que ha querido enmendar la plana con actuaciones puntuales, pero no ha existido continuidad ni se ha extendido a otras el ejemplo a otras islas e instituciones. En todos estos años de autonomía y de democracia se ha conseguido, no solamente que la producción agrícola y ganadera  haya disminuido sino que al mismo tiempo,  se hayan reducido de forma alarmante los terrenos dedicados a la agricultura. Pasearse hoy por el campo y contemplar la cantidad de tierras abandonadas, convertidas en eriales y zonas donde no crecen sino matorrales , o no se ven sino ruinas y estercoleros,  es lo más triste y deprimente que puede haber en el mundo. Unas tierras, donde antes había vida, cultivos de plátanos, de tomates, de cereales, de frutales, etc. hoy no sólo no producen nada, sino que encima se ha deteriorado el paisaje ante tanto abandono.

Pero, para los que han resistido en esta área de la producción y de la economía, el panorama no es nada halagüeño, pues parece que existe una verdadera conjura para lograr que Canarias sea completamente dependiente de todo lo que nos viene de fuera. Lo triste es que tenemos unas tierras muy fértiles y hoy el agua no sería un problema por la cantidad de depuradoras que existen, o porque los acuiferos se han recuperado en diversas zonas o abunda agua embalsada y porque saldría más barata. Canarias puede producir frutales de las más diversas clases; cereales, hortalizas, legumbres, flores, aloe, etc. etc. porque se dan las condiciones necesarias para producir en cantidad.
Me parece muy bien que se explote el recurso turístico. Pero teniendo en cuenta que también depende del exterior: si no viene turistas sería ruina total, y si no se conservan y renuevan los establecimientos hoteleros y las llamadas “zonas turísticas” en su conjunto, poca competitividad podemos tener en este terreno

Hay que buscar siempre recursos alternativos e innovadores.

Volviendo a la agricultura, lacuestión es que no existen estímulos para que los agricultores continúen en la brecha y puedan trabajar para paliar, en parte, a que disminuya la dependencia exterior,  en cuanto a la producción de alimentos se refiere, y para contribuir a que seamos capaces de mantener la autosuficiencia en esta materia.

Hace unos días escuchábamos a Rafael Hernández, presidente de la COAG, cuyo principal trabajo consiste en la producción de papas,, que los agricultores en Canarias gastaban una media de 40 céntimos por producir un kilo de papa, y que luego, al venderlas sólo recibían  23 céntimos. Ya me dirán ustedes qué tipo de negocio es ese, cuando se pierde dinero en vez de ganarlo.¿Quién desea dedicarse a trabajar en la agricultura?

Pero, al mismo tiempo, los productores de papas sufren una competencia feroz al permitirse la importación de este producto. Cuando los agricultores isleños recogen sus cosechas se dice que existe “excedente de papas”, momento que aprovechan los intermediarios para comprar y almacenar las papas canarias y hacer su negocio, sin que nadie controlo los márgenes comerciales, ni la calidad de lo que se importa.

 Para nadie es un secreto que la mayoría de los importadores de alimentos reciben subvenciones mientras los que cultivan y producen en Canarias no las reciben. Hay excepciones. Los plataneros si tienen subvenciones, y, aun así, tienen que luchar contra la competencia de otros países, tanto en sus mercados exteriores como en los nacionales. Además, se ha originado un descenso de 70 millones de kilos en la producción de plátanos . Son muchos kilos.

De acuerdo que es una producción destinada en su mayoría a la exportación, y supondría negocio para unos cuantos agricultores,  pero el que desaparezca supone también otro golpe a la agricultura y  la reducción de más puestos de trabajo. El plátano canario tiene aceptación en el exterior porque se ha reconocido que es mucho más sabroso que la llamada “banana caribeña”. Esta se vende a un precio más bajo que el plátano canario porque sus costes de producción son  menores.
 Por otro lado, los plataneros canarios, aparte de las ayudas que ya reciben del gobierno de Canarias, demandan ayudas europeas y al transporte, para competir con la rebaja del arancel a la banana.

Y todo esto ocurre, en parte, por el obsoleto e irracional sistema de comercialización de los productos agrícolas canarios, en el que existen unos voraces intermediarios que se llevan una gran tajada a costa del trabajo de los agricultores, y luego, continúan ganando dinero al venderlos a las grandes superficies y a los comerciantes, en general. En definitiva, los consumidores sufren también a causa de esta inamovible situación, y reciben unos productos muy caros. En Canarias, nadie quiere que esto cambie, y la consecuencia es que poco a poco, paso a paso, la agricultura va desapareciendo, y el poder consumir productos frescos y de calidad está cada vez más lejano.
Los sistemas de comercialización y de ayudas al agricultor y ganaderos tienen que cambiar, no sólo para beneficiar este sector primario, sino también a los consumidores. Según apuntaba Rafael Hernández, es cierto que en los últimos tiempos han aumentado los huertos familiares, que se dedican al cultivo de papas, legumbres u hortalizas (o frutales) pero se trata de agricultores eventuales, de entretenimientos, de personas que no se dedican profesionalmente a estas labores. Lo hacen, generalmente, para autoconsumo, o para vender o regalar a familiares o amigos. En cambio, son muchas más las explotaciones agropecuarias que se han abandonado o dado de baja y la mayor presencia de tierras baldías e improductivas.

Los sucesivos gobierno de Canarias se han mostrado insensible ante este drama que nos esclaviza cada vez más, por el incremento de la dependencia exterior, sy no ofrece soluciones que permitan, por una parte, que los agricultores y ganaderos puedan vivir decentemente con este trabajo, que no es nada fácil y requiere mucha dedicación, y por otra parte, tampoco se ha preocupado en fomentar las vocaciones agrícolas entre la juventud. Generalmente, está ocurriendo que cuando un agricultor se jubila, o da de baja su explotación, luego no hay quien continúe ese camino dentro de de su familia.  Estos saben que las perspectivas de futuro no son nada favorables: demasiado trabajo y pocas ganancias. A nadie le gusta trabajar por amor al arte... Ahora bien, si la situación mejorara lo más probable es que habría cantidad de jóvenes que querrían aprender métodos para conseguir una agricultura ecológica, racional y rentable, porque, en realidad les gusta el campo y sienten satisfacción  al recoger sus cosechas y ver el beneficio que ofrecen a los consumidores y conciudadanos. Por todos esos inconvenientes no abundan las escuelas de capacitación agrícola y ganaderas  ni el número de  alumnos que en ellas se preparan.

En fin, no vamos a poder levantar nunca cabeza con esta situación que desgrada todo lo canario y enaltece lo que viene del exterior, sean empresas constructores o de servicios, multinacionales de la alimentación, cadenas hoteleras, trabajadores foráneos (aunque sea sin cualificación) , etc.,  y no se da paso a la iniciativa de emprendedores canarios  y a una planificacion racional de desarrollo de otros recursos.

Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.

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