PSICOGRAFÍAS
La luz
“Nadie nace sabiendo”
Ningún momento es siempre el mismo momento. Pasa el tiempo y nada permanece exactamente igual. Cambiamos, mutamos, caminamos, pensamos o amamos, pero nunca nos repetimos. Da lo mismo que te agobie la monotonía. No existe. Es imposible que digas que todo está igual y que no cambia nada de lo que tienes a tu alrededor. Lo que te puede estar pasando es que has perdido la capacidad de asombro. Si tú duermes te pasará como al camarón del adagio: te llevará la corriente y navegarás como una hoja seca hacia donde ella te lleve, y eso no es vida, porque la vida está para interpretarla cada cual a su manera. Aquí no hemos venido a mover la boca como si cantáramos en playblack: no se ha evolucionado casi milagrosamente para que luego nosotros tiremos la existencia por la borda sin valorar que cada uno de nuestros sentidos puede convertir un día anodino en un gran acontecimiento. Hay que vivir para ver. Si no te asomas al mundo con ojos nuevos cada mañana acabarás envejeciendo el paisaje con tu propia mirada. Y el paisaje nunca envejece, sólo cambia. No importa que te parezca siempre el mismo. Esa flor no estaba ayer, ni ese niño que hoy escuchas llorar en una habitación lejana, ni tampoco ese charco de la orilla. Ni siquiera tú eras el que eres aunque quieras engañarte ante el espejo.
Los pintores saben de lo que hablo. El árbol que miran en el horizonte varía según las horas del día y según el color de cada mañana. De eso sabe mucho el director de cine Víctor Erice, y también el pintor Antonio López. Los dos se centraron en el reflejo del sol en los membrillos para enseñarnos a mirar con esa modestia necesaria que requiere la naturaleza. Nosotros caminamos como si todo lo que nos rodea tuviera poco que ver con nuestro destino. La mayoría de las veces nos movemos como autómatas que no reparamos ni en nuestra propia presencia. Tampoco digo que vayamos por las calles mirando a los celajes todo el rato o hablando a gritos como orates desnortados; pero sí creo que no debemos perder de vista esa luz a la que se aferran los pintores y los fotógrafos para captar el momento en que la vida se hace milagro en una flor, en una roca o en una pared a la que sólo dedicamos una anodina mirada. Todo es importante. Incluso en la oscuridad se pueden descubrir matices. Cada cual puede cerrar los ojos y volver azul lo que fue blanco o rojo lo que era negro. Los colores no sólo se ven; también se sueñan. Ocurre lo mismo que con la música del silencio que tanto nos conmueve porque parece eterna. Los que no saben escuchar ni mirar se van quedando en el camino de la mediocridad y del hastío. Nadie nace sabiendo, y menos cuando hablamos de sentidos y de percepciones. Hay que trabajarse siempre la felicidad por uno mismo. Si no aprendes a mirar lo más probable es que vivas a ciegas toda tu existencia.
CICLOTIMIAS
Qué triste que el tiempo sólo pase sobre nosotros envejeciéndonos a su antojo.
Los pintores saben de lo que hablo. El árbol que miran en el horizonte varía según las horas del día y según el color de cada mañana. De eso sabe mucho el director de cine Víctor Erice, y también el pintor Antonio López. Los dos se centraron en el reflejo del sol en los membrillos para enseñarnos a mirar con esa modestia necesaria que requiere la naturaleza. Nosotros caminamos como si todo lo que nos rodea tuviera poco que ver con nuestro destino. La mayoría de las veces nos movemos como autómatas que no reparamos ni en nuestra propia presencia. Tampoco digo que vayamos por las calles mirando a los celajes todo el rato o hablando a gritos como orates desnortados; pero sí creo que no debemos perder de vista esa luz a la que se aferran los pintores y los fotógrafos para captar el momento en que la vida se hace milagro en una flor, en una roca o en una pared a la que sólo dedicamos una anodina mirada. Todo es importante. Incluso en la oscuridad se pueden descubrir matices. Cada cual puede cerrar los ojos y volver azul lo que fue blanco o rojo lo que era negro. Los colores no sólo se ven; también se sueñan. Ocurre lo mismo que con la música del silencio que tanto nos conmueve porque parece eterna. Los que no saben escuchar ni mirar se van quedando en el camino de la mediocridad y del hastío. Nadie nace sabiendo, y menos cuando hablamos de sentidos y de percepciones. Hay que trabajarse siempre la felicidad por uno mismo. Si no aprendes a mirar lo más probable es que vivas a ciegas toda tu existencia.
CICLOTIMIAS
Qué triste que el tiempo sólo pase sobre nosotros envejeciéndonos a su antojo.
Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.









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