La
famosa y controvertida bandera gigante no ha aguantado en el mástil ni
dos semanas. No es que la hayan arriado por la derrota de la Unión
Deportiva Las Palmas ante el Córdoba en el estadio de Gran Canaria.
Simplemente la han quitado, no está en el mástil ni en la cúspide ni en
la base. Ni siquiera está en la mitad del palo en señal de luto por la
ausencia de Soria, ocupado en Estados Unidos con una beca que le pagamos
todos.
Ni
el propio presidente del Cabildo de Gran Canaria supo explicar la razón
de la desaparición del paño gualdazul. Hubo quien pensó que alguien lo
había robado para revenderlo en El Baúl aprovechando la época de crisis
en las que muchos compran oro.
La
macrobandera estuvo guardada cinco años como oro en paño,
fundamentalmente por su inutilidad, su inseguridad y su indiscutible
poder para enfrentar a la isla en dos bandos.
Pero
cuando el PP regresó al gobierno del cabildo volvió a instaurar la
bandera de la polémica sin ninguna necesidad. Bravo de Laguna quiso
contentar a Soria y le hizo un regalito con la excusa de que el gasto ya
se había hecho. Justificar el gasto porque está hecho es como utilizar
una guillotina con la población porque alguien de la Administración ya
compró antes el artilugio. No parece una buena razón, y más si se añade
que el coste de mantenimiento es de al menos 30.000 euros anuales,
tirando por lo bajo. La bandera sigue teniendo un coste.
El
mismo consejero de Obras Públicas, Carlos Sánchez, declaró que no
entendía el revuelo por la desaparición de una bandera por razones de
seguridad. Ahí está justamente el revuelo: que tengan que quitar una
bandera tan costosa cada dos por tres porque el viento supere los 30
kilómetros por hora.
Es
la primera bandera que conozco que huye del viento. Precisamente es el
viento el que hace que una bandera ondee de forma majestuosa. Si no
hubiese viento se quedaría quieta y fláccida abrazada al triste y
enhiesto mástil. Si cada vez que sopla un poco de viento van a tener que
quitarla para evitar males mayores, como ya ocurriera cuando cayó a la
avenida marítima al paso de los coches, mejor la vuelven a depositar
definitivamente en los sótanos del cabildo. Aunque también se le podría
dar uso para tapar la cara dura de algunos de nuestros gobernantes.
Para
este viaje no se necesitaban alforjas y menos aún una bandera tan
grande que solo sirve para ocultar las vergüenzas a algunos políticos de
postín.
Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.
Berta | Jueves, 22 de Septiembre de 2011 a las 21:40:18 horas
El PP sigue erre que erre con esa ridícula bandera porque están más ocupados de su ombligo y sus majaderías costosas que de las necesidades del pueblo.
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