El pasado 19 de junio, el movimiento 15M convocó a la ciudadanía española a manifestarse en contra del “pacto del euro”, obteniendo una multitudinaria participación popular en varias ciudades. Ésta había sido la última acción propuesta a nivel estatal por l@s indignad@s hasta que, este fin de semana, se han completado las “Marchas por la Dignidad” en Madrid. Estos recorridos a pie se iniciaron en distintos puntos periféricos de la península ibérica y tenían como meta la Puerta del Sol. También han tenido su reflejo en las islas de Gran Canaria y Tenerife, donde los marchadores, viniendo desde las poblaciones del sur, del centro y del norte, se concentraron en las capitales.
Estas andaduras por la profundización de la democracia han servido, entre otros aspectos, para representar la nueva evolución del movimiento de l@s indignad@s: la red asamblearia se ha multiplicado y se ha extendido de los centros de las capitales a los distritos urbanos y a los pueblos. Los itinerarios se diseñaron para recalar en las poblaciones y los barrios donde las asambleas ya habían surgido, y para servir de acicate y ocasión de que surgieran nuevas asambleas en donde aún no se habían formado. Esta dinámica introduce nuevas relevancias y complejidades a la puesta en práctica de novedosas iniciativas para el empoderamiento ciudadano, que caracteriza a este acontecimiento cívico.
Todo surgió con la toma de las primeras plazas: la convocatoria general integradora a la población en su condición ciudadana; la puesta en práctica de la inclusión y de la tolerancia mutua en la participación directa y reivindicativa de la ciudadanía; la firme conciencia del uso exclusivo de métodos y actitudes pacíficas en las discusiones y las acciones; el respeto a las iniciativas personales y a su pluralidad; y el reconocimiento de la asamblea como el único ámbito –por ser horizontal, abierto y público- para la búsqueda colectiva de consensos y la toma de acuerdos entre iguales. En las primeras ágoras improvisadas y simbólicas, la gente tomamos la palabra y con el reconocimiento y la conciencia compartidos, recuperamos la confianza y el entusiasmo. Ahora, las asambleas surgen y se radican en los espacios donde la gente es vecindario, donde los problemas y sus soluciones se entrelazan social y espacialmente.
En los barrios ciudadanos y en las poblaciones pequeñas habrá que hacer mucho más que hablar: en sus calles es donde atenazan la precariedad y la exclusión social, y donde están las dificultades para llegar a final de mes, la acumulación de impagos y los procesos de embargo y desahucio. Y para recuperar la dignidad negada, se requerirá de toda la solidaridad, el apoyo mutuo y la imaginación que seamos capaces de juntar. Habrá que compartir conciencias, denuncias y cuidados, con perseverancia. Para lograr la consecución de estos retos habrá que retroalimentarse con el funcionamiento en red y con la colaboración de las asambleas con los colectivos vecinales y entre ellas mismas. La optimización de los esfuerzos y de los frutos de las acciones permitirán aumentar las sinergias y el poder civil.
Probablemente, estamos creando un hito histórico en la plasmación de iniciativas de democracia participativa, así que aprovechemos este verano para reflexionar e iniciar nuevas dinámicas. Y, sobretodo, alegrémonos, porque el movimiento 15M sigue vivo y abierto a la participación ciudadana como nunca nada antes. 35,000 personas lo demostraron ayer en Madrid ¡Casi nada!.








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