“Falleció en Teror en 1945”
Fueron otros los que lograron que el mundo fuera mucho más habitable. Cada uno aporta algo en su paso por la vida. Desde que mueves una piedra del camino o de la playa ya estás variando el decorado del planeta. Los hay que pasan al olvido sobre la marcha por malvados o aguafiestas. También quedan muchos sátrapas en el recuerdo para que recordemos que no todo el monte es orégano y que en medio de las flores también crece la mala hierba. Eso sí, creo que la buena gente es y ha sido mayoría en la historia de la humanidad. Gracias a esa compensación de los que valen la pena se ha podido ir mejorando cada siglo y cada año que pasa, y esa mejora se ha afianzado descubriendo, viajando y pasando por este tramo ínfimo de la historia de una forma digna. Recibimos un planeta y una evolución que nos legaron nuestros antepasados. En la medida que podamos, deberíamos dejar este mundo mejor que cuando lo encontramos. Todo lo que no sea cumplir con ese objetivo sería un fracaso.
Hace unas semanas coincidí en un avión con el catedrático de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, José Manuel Marrero Henríquez. Hablamos de distintos temas, y en medio de esa conversación salió el nombre de Francisco González Díaz. A mí no me sonaba de nada, y sobre la marcha Marrero me recomendó su libro Cultura y Turismo, editado inicialmente en 1910, y reeditado por el Cabildo de Gran Canaria con una enjundiosa y ponderada introducción del propio Marrero Henríquez en 2007. Al día siguiente me fui a la Librería del Cabildo a buscar el libro, y tras su lectura lo único que puedo hacer, en aras de esa intención de reivindicar a aquellos que merecen la pena, es pedirles a todos ustedes que hagan lo mismo. ¿Que qué he encontrado en ese libro? Pues a alguien que hace cien años escribió sobre el paisaje, la defensa de los animales, la lucha canaria, las tartanas, el cuidado del medio ambiente, la educación, la cultura y el turismo con una capacidad de análisis deslumbrante que emociona y activa las neuronas según recorres los primeros renglones del libro. Casi todos esos textos los fue publicando Francisco González Díaz en la prensa de la época, y en ellos podríamos encontrar muchas de las salidas que no hallamos ahora mismo por culpa de esos árboles de la actualidad que nos impiden ver el bosque al que dirigirnos para que esta isla sea un lugar más cuidado y habitable. La grandeza de los clásicos es que siempre son actuales. El autor, que falleció en Teror en 1945 y que fue viajero y por tanto universal, aseguraba que el problema canario era fundamentalmente pedagógico, y en mi opinión lo sigue siendo hoy en día. La cultura y la educación son sus principales reivindicaciones. Si escribiera hoy variaría muy pocos contenidos. No dejen que siga ni un día más en el olvido.
CICLOTIMIAS
Algunos poetas suelen acabar narcotizados por sus propias palabras.








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