Los últimos domingos de este mayo está siendo de aúpa. El pasado domingo, 15 de mayo, una parte notable de ciudadanos y ciudadanas tomamos la calle. En las Palmas de Gran Canaria, convocados a una manifestación, legal y explícitamente pacífica, desde las redes de internet y desde un amplio espectro de organizaciones cívicas y mucha gente comprometida del “mundo real”, una relativa multitud le dimos cuerpos, palabras y emociones a la propuesta que apelaba a nuestra condición política más igualitaria, la de ciudadanía sin significaciones partidarias o sindicales: más de cinco mil personas, jóvenes y maduras, llevando a nuestros niños y acompañados por nuestros mayores, coreamos de múltiples maneras que “el emperador va desnudo”, que como ciudadanía soberana que somos, no queremos ser los medios de ningún fin, y que no aceptamos más reglas de juego que las de la Democracia y la solidaridad. Quienes allí estuvimos, aún nos vuelve la alegría al rememorarlo.
Con todo lo significativa que fue esta salida democrática del “guión” que nos tienen marcado las élites de poder, ésta no fue más que el inicio de un remolino participativo y callejero que el imaginario popular internacional ya califica de “spanish revolution”. En muchas de las ciudades de España donde se habían celebrado las manifestaciones, se iniciaron, a continuación, acampadas en sus plazas principales y, con ellas, las asambleas, la confraternización y una tan necesaria como legítima desobediencia civil, frente a ese orden alienante e indigno que nos imponen los regímenes socialmente oligárquicos del “primer mundo”.
Ante esta inusitada indocilidad popular, los poderes del Estado, tal como es su costumbre, aplicaron la legislación vigente a su conveniencia pero, por lo extraordinario de la ocasión, “a favor” de los nódulos democráticos en acampada. Y así, para no tener que aplicarles a los participantes en directo y ante los ojos de la sociedad mediática internacional, las porras, los gases lacrimógenos, las detenciones y los demás recursos del aparato represivo “legal”, se saltaron, arbitrariamente, las resoluciones de las Juntas electorales, aunque éstas habían ordenado los desalojos, pues consideraban que atentaban contra la jornada de reflexión y el día de las votaciones.
Por ello, y tras la cacerolada del viernes, el sábado pasado se pudo pasear por la plaza de San Telmo, encontrarse con la gente y escuchar reivindicaciones y propuestas en torno a nuestros Derechos Humanos y nuestras garantías constitucionales. Ésta ha sido una hermosa manera de meditar y debatir sobre el sentido del voto y del régimen democrático. En contraste, la cartelería de casi todos los partidos en liza electoral -llena de lemas insustanciales y demagógicos y con las presuntuosas imágenes de los y las líderes- colgando de las vallas, los muros y las farolas, semejaba un esperpéntico decorado ferial.
Aún así, este domingo 22, tal como era de prever y con toda normalidad, se han realizado en nuestro ámbito territorial las elecciones a los municipios, a los cabildos y al gobierno autónomo con un resultado que, aparentemente, hace que las aguas vuelvan a su cauce. Tras una campaña política mayoritariamente vergonzante, pródiga en excesos publicitarios, topicazos mitineros, controversias chabacanas, merendolas y voladores, las maquinarias partidarias más pujantes han vuelto a ser votadas para repartirse la tarta institucional. Eso sí, a despecho de los agravios mayores que padece la ciudadanía y de la crecida abstención que provocan sus irresponsabilidades y corruptelas, y parapetadas -como si tal cosa- en uno de los sistemas electorales más restrictivos, desproporcionados y antidemocráticos de Occidente.
Pero seamos prudentes, tanto en considerar que vuelve a cerrarse la posibilidad de cambiar las cosas a mejor, como en creer que “las murallas de Jericó” se van a caer solo con que toquemos las trompetas. Pues aún con la esperanza que provocan los fenómenos participativos populares en plena calle, presumiblemente estemos lejos de conseguir la masa crítica y la conciencia lúcida necesarias para protagonizar un vuelco social significativo y duradero en la dirección de la profundización democrática. Del mismo modo, aunque la terna del Partido Popular, Coalición Canaria y PSOE con sus coaliciones de conveniencia, vuelva a ser la perpetua detentadora del poder institucional, mucha gente continúa aún en las plazas. Además, esto es sólo lo que ha pasado el último fin de semana.
Estemos preparados que… ¡todavía queda un domingo más antes de que acabe mayo!.








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