Después de llenar todo lo habido y por haber, incluyendo lugares en los que esta prohibido fijar carteles, los partidos aspirantes a colocar a más de un candidato en las instituciones políticas canarias, nos atormentan en días previos a las elecciones, con una serie de discursos, debates, comparecencias públicas, a veces masivas, donde prometen ser unos chicos y chicas buenos y darnos soluciones a los males que nos afectan, que no son pocos. Lo malo es que su credibilidad ha bajado unos cuantos puntos y ya casi nadie les cree. Y, además el derroche en cartelería y publicidad hasta en la sopa, no corresponde a una época de crisis económica. En este caso, el fin no justicia los medios.
A esas multitudinarias asambleas acuden militantes y simpatizantes que esperan quizás el milagro de que, a partir del 22 de mayo cambiarán sus vidas y sus circunstancias, como si el nacimiento de las nuevas corporaciones que se formen fuese la panacea que solucione la honorabilidad de una democracia que entre unos y otros han vilipendiado.
Dentro de las reglas del democrático nos queda el derecho de votar y parece sano y deseable que la gente y no que se quede en casa. No votar sólo favorecerá a los mismos, a los que estamos hartos de soportar. Pero si se hace que sea con una seria reflexión, sabiendo a quien y por qué y no a ciegas. Si se produce una regeneración democrática, donde el ciudadano, aparte de ir a votar, tiene el derecho a ser escuchado, a presentar iniciativas populares, a disponer de una justicia rápida y eficaz, mejor para todos y para la democracia.
Las campañas suelen venir últimamente acompañadas por una especie de morboso espectáculo plagado de insultos, descalificaciones e historias que podrían discutirse y debatirse en los parlamentos, o en las corporaciones municipales o cabildos, pero no en estos mítines que deberían ser los escenarios adecuados para reconocer errores, para exponer unas propuestas e ideas que sean factibles y racionales, o para demostrar el respeto que debemos a los demás, aunque no piensen como nosotros.
Los votantes deberían escuchar, no sólo que tenemos un alto índice de paro (que ya lo sabemos todos de sobra) sino explicar también quienes han sido los culpables de esta terrible crisis que afecta, no sólo a España o a Canarias sino a otras partes del mundo, incluyendo las más importantes potencias económicas de este planeta. Hay partidos que de una forma bastante cínica, parecen culpar de esta crisis y de la situación preocupante que tenemos, a quienes en este momento gobiernan, pero sin aportar ni una sola idea para superar esa crisis. Han sido poco solidarios y a veces poco patriotas. Todo lo contrario: parece que se alegran de que esto suceda, porque eso les abre las puertas, sin mucho esfuerzo, para llegar al poder. Es lo único que les interesa: el poder por el poder.
Así pues, el ciudadano de a pie, o que ahora se encuentra en paro o tal vez desamparado por esta titubeante e incompleta democracia, debería escuchar a aquellos líderes y políticos que están familiarizados con los artículos de la Constitución que nos ampara, y conocen cuales son nuestros derechos y también nuestros deberes. Lo digo porque algunos parecen ignorarlos completamente.
Deberían escuchar a aquellos que hablan de la diversificación de la economía; de los que siembran para que en un futuro inmediato podamos tener más educación, más cultura, más formación, más investigación y desarrollo y en definitiva progreso y bienestar, recuperando lo que hemos perdido, sea por culpa de ellos o por esa crisis mundial que nos arrastra y que parece hecha a propósito para que seamos más pobres, más desamparados y más a merced de la banca y demás poderes que dominan el mundo.
Cuanta más preparación tengamos, mejor, porque aunque no dispongamos de trabajo para todos en estas islas, siempre habrá uno para nosotros en algún lugar del mundo. A los canarios nunca nos ha asustado el emigrar para buscarnos la vida y no vamos a arredrarnos ahora.
Deberían escuchar a aquellos políticos que ponen énfasis en apoyar a las pequeñas y medianas empresas y a los emprendedores y autónomos, a los que parece que les ponen trabas burocráticas para instalar sus negocios, en contraste con aquellas grandes empresas nacionales y multinacionales a las que se les ha concedido toda clase de facilidades, en detrimento de las más modestas. Además, muchas de ellas han tenido que cerrar. Escuchar a quienes dan fórmulas para crear empleo.
Deberían escuchar a aquellos políticos que digan claramente que, dentro de sus formaciones, se garantizará la honradez de los candidatos que obtengan un puesto y en la gestión que realicen. Que en cuanto surja la más mínima imputación o sospecha de corrupción, de tráfico de influencias, de prevaricación o cual otra ilegalidad, esa persona tendrá que dimitir o ser expulsada del partido. Hoy se escudan en la “presunción de inocencia”, para presentar candidatos de dudosa conducta, sabiendo, además, que como la justicia funciona tan lentamente en este país, pasarán muchos años antes de que se celebre algún juicio, si es que se celebra, porque, a veces, las denuncias son archivadas. Da igual de qué partido se trate.
Deberían recelar los ciudadanos de aquellos candidatos, de aquellos partidos que nos han defraudado por su nefasta gestión, por su incapacidad para gobernar, por colocar a gente que no está por servir a los demás, sino para servirse a sí mismos. Habría que contemplar también si ese candidato que se presenta tiene ética y formación, que deberían ser unos requisitos importantes a la hora de valorarlos.
Canarias necesita un revulsivo, tanto político como económico, social y renovador. Por eso habría que escuchar a quienes hacen propuestas sensatas basadas en una economía sostenible, en el uso de energías limpias y alternativas, en la reimplantación de una agricultura moderna, racional y rentable, en la disminución de la dependencia exterior que ahora se promueve desde la mediocridad de quienes nos dirigen y estimulada por aquellos que tienen intereses en estas cuestiones, entre los que figuran el subvencionismo o la utilización de ciertos mecanismos que sólo les beneficia a ellos (REA, moratorias, etc.)
Está muy bien que se aproveche utilizar el sector turístico para crear empleo y mejorar las condiciones de vida de los canarios, pero debe hacerse también de forma sostenible, con una buena ordenación y planificación, mejorando los establecimientos, mejorando los servicios, y la formación de quienes están atendiendo a esa numerosa clientela que nos llega de Europa, de la Península o de cualquier otro sitio. En definitiva, siendo competitivos sin perder calidad. Pero no tiene que ser solamente el turismo nuestra única meta.
Existen múltiples posibilidades para crear industrias, (incluso con proyección exterior) para iniciar procesos de desarrollo innovadores, producto de la investigación canaria; para iniciar procesos de reciclaje eficientes; para incentivar la construcción (viviendas, infraestructuras, regeneración paisajística y urbana, proyectos sostenibles de cara al futuro, etc.)
Otro problema existente en esta comunidad autónoma es el sistema electoral tan antidemocrático que tenemos y que unos partidos, que se dicen democráticos, sostienen, y no dan muestras de querer modificarlo, porque les conviene. Es antidemocrático que el voto de un herreño o un gomero valga tres veces más que el de un habitante de Gran Canaria o de Tenerife; que en las últimas elecciones quedaran sin representación parlamentaria o en otros organismos canarios más de 150.000 canarios; o que, incluso, que en el reparto de los presupuestos destinados a las islas, haya algunas que reciben más dinero que otras que cuentan con mayor población. Hay que escuchar pues, a quienes están dispuestos a cambiar tal situación y que no se produzca más retroceso del que tenemos.
Precisamente, en estas elecciones, con el fin de poder a acceder a las instituciones insulares, (debido a ese sistema antidemocrático) muchos partidos pequeños y hasta de ideas dispares y antagónicas, se han tenido que unir para ver si pueden conseguir alguna representación. Han surgido también numerosos partidos y partiditos que sólo conocen quienes los han creado y unos cuantos amigos, que van por libre, que aportan muy poco y que lo único que consiguen es dispersar el voto e impedir que prosperen los partidos que tienen algunas propuestas serias y novedosas. Tal vez si esos partidos que tienen ideas afines unieran sus fuerzas se podría acabar con ese bipartidismo derecha-izquierda que es el que figura en estos momentos en el parlamento canario.






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