Los populares están eufóricos por la buena entrada que tuvieron en el Auditorio para ver a Mariano Rajoy. Sin embargo, no tengo claro si la mayoría del público fue a escuchar a Rajoy o a Pepe Benavente. Es lo que pasa con los actos de campaña electoral que van amenizados por María Jesús y su acordeón o Los Diamantes y su bandurria y al final no sabes si la gente va en guaguas desde todos los pueblos por la letra o por la música. El hecho de que no se cobre entrada y te lleven gratis de excursión con merienda incluida también influye.
Aunque hoy en día es fácil que a un político lo confundan con un cantante o un actor de moda, estoy convencido que la mayoría de la gente mueve el culo antes por Mestisay que por el discurso cansino de Paulino, el reiterativo de José Miguel Pérez o el plúmbeo de Soria. Los políticos son el peaje que la gente paga para poder ver y escuchar gratis a los artistas.
Cuando entramos en campaña electoral siempre siento vergüenza ajena por las tonterías que dicen los candidatos y por las cosas que son capaces de hacer para llamar la atención. Tienen un ego que se lo pisan.
Unos corren, hacen footing para ser inmortalizados por las cámaras. Otros ordeñan la primera cabra que ven para hacernos ver lo buen amañados que son, como si cada día bebieran la leche directamente de la teta del caprino. Hay quienes no tienen pudor para entrar en los mercados públicos como elefantes en cacharrerías. Se nota que ellos nunca hacen la compra, pero quieren hacernos ver lo contrario.
Si ya en plena campaña nos tratan de engañar, ¿qué no harán después, cuando estén instalados en el machito? Nos toman por tontos y muchos son capaces de hacer el imbécil durante un rato si a cambio le dan música, mecheros, camisetas, bolígrafos y chuletas gratis.
Sin embargo, hay quienes creen que la asistencia a un asadero electoral les va a quitar el hambre durante los siguientes cuatro años de mandato. Ese mismo político que hoy te invita, te abraza y besa a tu hijo babosamente no te hará ni puñetero caso cuando salga elegido. Los políticos son unos ilusionistas fracasados. No seamos nosotros los ilusos que hacen de tontos útiles.






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