La campaña electoral es sinónimo de arreglos y obras en general. Calles asfaltadas, pintura en las vías urbanas, remodelación y creación de infraestructuras públicas y en lo sentimental, promesas, muchas promesas y compromisos sobre un futuro esperanzador capaz de vencer cualquier adversidad y que, depende de la elección de los ciudadanos. Hasta aquí todo se conoce, nada nuevo. A pesar de que cada cuatro años se repiten las mismas tácticas, llama la atención como los métodos sirven de excusa para intentar captar votos hasta en los lugares más recónditos, aunque al final llegamos a la conclusión de que el pueblo no es tan ingenuo como se muestra, y a los puestos de trabajo nos remitimos, entre otras relaciones con la Administración Pública. Pero, de vuelta a las curiosidades, llama la atención los votos que caben en un saco de cemento y si no que le pregunten a aquellos afortunados que estos días se benefician de los miles de metros cúbicos que acondiciona un sinfín de carreteras de las medianías, a pesar de que en muchos núcleos rurales la acción reviste importantes riesgos medioambientales.










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