Cuando crece por doquier la cantidad de decisiones difícilmente inteligibles por el ciudadano de a pié, no experto en razonamientos, es un decir, de concejales o leguleyos tiquismiquis, de tantas disposiciones, decretos o alcaldadas varias y otros dejaciones o decisiones municipales, resulta patente que el sistema político actual se desmorona, se rompe y se corrompe. Es evidente y tal vea inaplazable, que la sociedad civil grite un basta ya a esta casta política que parece haber fundido en uno sólo los tres clásicos poderes del estado de derecho: el legislativo, el ejecutivo y el judicial. Y es una evidencia que nadie parece dispuesto a corregir, por más que un buen número de señorías pateen y suelten sonoras carcajadas desde sus escaños cuando se quejan los ciudadanos que les pagan sus, con harta frecuencia, inmerecidos sueldos o se denuncian casos inadmisibles en cualquier democracia real.
Alguno de los más risueños y burlones, es tan jacarandoso que hasta ha hecho la gracia de votar con manos y pies en el Congreso sin que haya tenido más trascendencia que ser objeto de chistes de cuadrumanos en bares y tertulias. Lo peor, a mi entender, no es que existan faisanes, hípicas, trajes y corbatas, un consejero de Andalucía que empezó a trabajar el mismo día en que nació, ERE fraudulentos con participación de gobierno y sindicatos, mayoritarios hay que aclarar que en eso USO no es responsable y sólo denunció, etc., lo pésimo es que no parece que nadie esté dispuesto a castigar tales conductas, como mínimo, poco ejemplarizantes.
Si el gran periodista y mejor persona que fue Luis Carandell aún viviera, con lo que se lee en la prensa en estos días, podría escribir una tercera entrega, un suma y sigue, para aquellos dos anteriores volúmenes antológicos llamados “Celtiberia Show”. El alcalde de Madrid multará ahora a los bares que tengan una pizarra con el menú del día en la calle. Dicen que es para evitar que alguien pudiera, tal vez, tropezar con ellos, con los carteles aclaro ya que con los ediles se tropieza siempre el ciudadano con sentido común. Pero, por esa misma razón, el alcalde debería multarse a sí mismo cuando una acera no esté en condiciones. Pero una cosa es la lógica y otra la desfachatez de los políticos con ansias recaudatorias y de notoriedad.
También en la capital de España, Gallardón ha multado con 36.000 euros a un mesón asturiano porque una pareja bebía sidra a las puertas del local mientras se fumaban un cigarrito, en tan distendida charla, que no vieron llegar a la siempre atenta policía local. Es un daño colateral de esa Ley Antifumadores y un tanto liberticida e histriónica, trasfondo real de lo que eufemísticamente Zapatero ha llamado Ley Antitabaco, que si fuera cierto, habría prohibido el tabaco y su tráfico, no penalizado a los consumidores, como se hizo en su día con la “matita”. No es casual que este alcalde sea considerado por la oposición como el mejor candidato para las próximas elecciones. Las trampas de elefantes son obras de fina ingeniería comparada con esta burla al PP, aplaudida sin disimulo por su nomenclatura o considerada como castigo cuaresmal por sus horrendos pecados de “neoliberalismo”.
Las Palmas de Gran Canaria no se queda a la zaga, por algo quiere ser el centro mundial de la cultura. Tan ridículo, esperpéntico y sin sentido fue que se pretendiera multar a los dueños de de 20 terrazas que se adhirieron a la iniciativa Good Night Triana, auspiciada por el propio Ayuntamiento, que el mismísimo gobierno municipal por boca de Néstor Hernández, pidió perdón por tamaño dislate. Pero no dimite, o se cesa, a nadie en compensación por los sinsabores, disgustos y sobresaltos que causaron a los empresarios con su, como mínima, dejadez o incompetencia a pesar de tener en nómina a tanto director, asesor y cargo de confianza.
Y hablando de dejaciones y olvidos. ¿Hasta cuando seguirá ocupando un tercio de la calle Cano esquina a Torres una enorme valla de obra, “protegiendo” la ruina de un inmueble donde en tiempos estuvo la imprenta Peñate? ¿No podría asesorar Gallardón a Saavedra, de colega a colega, en cómo multar esos obstáculos en la vía pública que han obligado por años a desviar la tradicional procesión del Viernes Santo y que baje hasta Triana? ¡Vaya con la valla!
Suma y siguen los misterios materiales. ¿Dónde están cuatro las estatuas que adornaban la fuente de la Plaza del Espíritu Santo? Debían representar damas muy peregrinas porque primero hubo una serie en las que estaban de pié, estiradas y muy señoras, y fueron sustituidas por otras más pequeñas pero sentadas. O tal vez fue al revés y la memoria flaquea, lo cierto es que ni las primeras ni las segundas están por ahora allí. ¿Dónde están las verjas decorativas que acotaban el espacio entre los perros de la Plaza de Santa Ana y que fueron quitadas durante la remodelación, siendo un elemento que embellecía y le daba un carácter especial a esos espacios que hoy aparentan ser un escalón un poco más alto que los otros? ¿Dónde está la mitad del respaldar de madera que debieran tener esos modernos asientos de piedra, como la cama de la ranchera, que llenan la calle Obispo Codina?
Y en el terreno de las promesas, vanidades o propaganda partidista, ¿Cuándo se instalarán los molinillos eólicos que, decían, “rentabilizarían” el mástil donde ondeaba orgullosa la bandera de Gran Canaria junto a la Fuente Luminosa y que podía ser vista desde los barcos que arriban al puerto? ¿Dónde está enterrada la vergüenza para poder inaugurar cosas no inaugurables por inacabadas, como el Teatro Guiniguada? ¿Dónde han quedado tantas y tantas promesas? Si me votan, dicen tirios y troyanos, yo les renuevo las mismas promesas y ustedes me renuevan el sueldo por otros cuatro años. ¿Truco o trato? Es lo que se dice en la fiesta de los horrores.







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