La situación de alarma sanitaria que se ha generado en el municipio tras el sabotaje detectado en una cata de agua y que ha dejado sin agua varios núcleos del municipio turístico de San Bartolomé de Tirajana, ha despertado todo tipo de críticas y suposiciones comprensibles. Con más de 3.000 personas afectadas podemos imaginar la magnitud de este acto vandálico que muchos empiezan a relacionar con la situación de desempleo que atraviesa el sector relacionado con el suministro del agua. ¿Cómo es posible tanta precisión? ¿Qué tipo de persona es capaz de cometer semejante atrocidad sin importarle los niños, mayores, negocios y demás sectores vulnerables? ¿Qué hubiese ocurrido si en vez de gasoil, el vertido fuese de algún producto químico altamente contaminante o venenoso? o lo que es peor, y si la zona afectada hubiese sido Playa del Inglés, Maspalomas o Meloneras, por poner un ejemplo, el impacto económico no queremos ni imaginarlo. No podemos permitirnos este tipo de gamberradas en un municipio turístico que miran con lupa nuestros países emisores. Mientras tanto, la normalidad será complicada restablecerla debido a los daños producidos en algunos depósitos, mientras los consumidores empiezan a dudar de la seguridad con la que se custodia el agua.







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