En los países desarrollados tecnológicamente, acceder a las versiones digitales de infinitos medios de comunicación, obtener sus datos y contrastarlos, ya es posible para el público en general, como nunca antes. Pero este ilimitado acceso a la información, como cabía esperar, no está libre de las carencias y manipulaciones que conllevan los intereses informativos.
Estas rémoras mediáticas se dan tanto en la generalidad de los poderosos centros de la ortodoxia comunicativa, como en muchos de los ámbitos alternativos, en su periferia. Los medios “solventes”, a partir de comunicados institucionales y noticias de agencia, construyen un modelo de divulgación pretendidamente objetivo, que, frecuentemente, les lleva a confundir, lo que es actual, con “lo que está pasando”: unas noticias relevan a otras y las condenan al olvido, por motivos tan peregrinos como su relativa novedad o el lugar que se les asigna por razones ajenas al interés general.
Ese seguidismo al poder hegemónico y ese apego al “ahora”, terminan por sacar de sí todos los asuntos. Así, catástrofes naturales, convulsiones institucionales, desafíos humanitarios, junto a todo tipo de excentricidades, entran y salen del foco de atención, casi a capricho, haciendo ver que el mundo tiene el mismo sentido y valor que los espectáculos mediáticos que se construyen a su costa.
Frente a este estado de cosas, se encuentran las comunicaciones conspiracionistas, que, desde una totalización ideológica, acaban por interpretar que, en realidad, todo lo que pasa, “es siempre lo mismo”: lo que no es síntoma de la liberación de los pueblos, es sistemática opresión del Sistema. No hay más historia que la que manda hacer “el gran hermano”, ni más esperanza que la revolución a sangre y fuego.
En el tratamiento divulgativo de la intervención armada en curso de la Organización de Naciones Unidas contra el régimen político libio, muchos de estos errores de enfoque y muchas de estas distorsiones de comprensión, campan a sus anchas. Pues, por lo que nos cuentan los medios “bien pensantes”, parece que lo que está pasando es, sin más, que para proteger a la población libia, por mandato de la ONU se está procediendo a neutralizar -con técnicas bélicas quirúrgicas- a las fuerzas militares del presidente Gadafi, el cual, tras su reciente metamorfosis en tirano sangriento, se ha puesto a masacrar a su propio pueblo. Para los “contestatarios”, al contrario, lo que en verdad ocurre es que los países imperialistas del Norte están otra vez provocando conflictos bélicos, ahora con Libia, para quedarse, de una vez, con su petróleo, ya que por lo visto, antes no lo tenían suficientemente controlado.
A unos, no parece que consideren relevantes en esta problemática ni la complicidad, ni el apoyo previos de los poderes políticos y económicos de los países occidentales al líder libio, ahora redescubierto como cruel dictador. A los otros, los bombardeos, cañonazos y disparos sobre la población civil y las correspondientes vivencias terroríficas, mutilaciones, heridas y muertes provocadas por las fuerzas regulares y mercenarias leales al régimen, no parece que sean suficiente motivo para enturbiar la legitimidad del “Coronel” para seguir encarnando la soberanía del Estado libio y para continuar decidiendo los destinos de la gente que vive en su país.
Entre estas dos sesgadas “visiones”, cabe preguntarse si lo que deberíamos hacer la ciudadanía soberana de los Estados democráticos de Derecho, es preocuparnos en saber más lo que, en realidad, hacen nuestros gobiernos y a partir de ahí, actuar en consecuencia y de raíz, atendiendo menos a sus pronunciamientos, sin mayores consideraciones doctrinarias y sin distinciones ideológicas. Pues queda claro que los que se conducen antisocialmente, dejan de ser demócratas y que quienes violentan la dignidad de las poblaciones, son unos tiranos. En el Norte, en el Sur, en el Este y en el Oeste.








Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.37