Trabajar en la regeneración del paisaje de Gran Canaria llevaría consigo la creación de muchos puestos de trabajo. Pero es una iniciativa que debe ser coordinada por diversas administraciones: el cabildo, los ayuntamientos, el gobierno autonómico y el gobierno central. Pero al mismo tiempo, una vez consensuado y elaborado el proyecto, habría que contar con la misma Unión Europea para que contribuya a financiarlo. Probablemente lo apoyará, dada su sensibilización medioambiental y la de la mayoría de los eurodiputados. No estaría de más que esos trabajos fuesen seriamente supervisados por Bruselas porque así habría una garantía de que se realizan de forma adecuada, y se evitarían las chapuzas que suelen hacerse por estas tierras.
¿A qué regeneración me refiero? Este es un largo capítulo que llevaría muco tiempo exponer y algunos años para realizarlo. Empecemos por la costa. En ellas, el dominio público, han sido invadido por personas a las que se les ha permitido esa ilegalidad. No vamos a buscar culpables, aunque todos sepamos quienes son. Aparte de que no tenemos leyes que responsabilicen a administraciones o a políticos de los desmanes que se han cometido en este sentido. Las costas deben quedar libres, y si acaso admite alguna construcción, serían paseos, piscinas naturales, algún que otro muelle pesquero o deportivo, o espacios cercanos para instalación de campings, u otros usos siempre que no causen impacto medioambiental, o atenten contra especies de la flora o fauna, No adecuemos las leyes aquí a gusto de los políticos o de sus inversores favoritos, como el caso del Catálogo de Especies Protegidas de Canarias.
. Por tanto, habría que reubicar a los propietarios de las miles de viviendas y bodrios que han surgido en nuestro litoral. Esto supone, pues, que se tengan que edificar casas en lugares adecuados, previa planificación. Además, debería hacerse sin demora, dada la evidente subida del nivel del mar que pone en peligro a quienes habitan en esos lugares. Cada vez son más fuertes las mareas y no puede garantizarse la supervivencia de quienes habitan en esos lugares desprotegidos.
Por supuesto que aquellos otros edificios dedicados a hoteles, apartamentos bungalós, etc. que se encuentren a escasa distancia de la orilla del mar, o en espacios protegidos, y que se han construido ilegalmente, deberían seguir la misma suerte. Pese a quien le pese.
La regeneración hay que llevarla también a otras cotas de nivel, al interior de la isla, operando, por ejemplo, en la canalización de barrancos, en su limpieza, en la protección de caseríos o aldeas situados en sus márgenes. Otras iniciativas se llevarán a cabo para mejorar el aspecto de las viviendas en zonas rurales o en pueblos y villas, para reconstruir casas en ruinas, construir muros de contención, canalizaciones, ordenar y roturar fincas que han sido abandonadas, (incluso, ofrecerlas para que se cultiven de nuevo o se explote la ganadería) hacer desaparecer basuras y escombros, restaurar paredes caídas o eliminar malezas, para prevenir incendios. Tampoco habría que olvidar la habilitación de yacimientos arqueológicos aborígenes, la mejora de sus accesos, la creación de centros de interpretación y la posibilidad de que puedan ser visitados, tanto por la población canaria como por los turistas. Su puesta en marcha supone más puestos de trabajo y más riqueza. Aquí podrían participar técnicos en regeneración medioambiental, ingenieros civiles, o de montes, proyectistas, arquitectos urbanistas, de forma que se haga todo ordenadamente, con buen criterio y con el objetivo de cambiar la imagen de una isla que se encuentra bastante deteriorada por una falta de ordenación y planificación. Todas estas obras, además de ofrecer empleo darían un valor añadido a una isla turística como esta.
Dentro de este cúmulo de iniciativas se podrían incluir el acondicionamiento de la red de caminos y senderos existentes en Gran Canaria, la construcción de miradores, de centros de interpretación, o de albergues de montaña para estancias de caminantes. En este aspecto el patronato de Turismo de Gran Canaria, dentro del llamado Plan de Competitividad Turística, va a realizar un curso de formación de senderistas que supondría un complemento a la oferta de turismo rural que están en auge en Gran Canaria.
Otros trabajos que se me ocurren sería la construcción de túneles que acorten las distancias y eliminen trayectos con evidente peligrosidad para los conductores. Hoy, con las tuneladoras y nuevas técnicas existentes es fácil realizar este tipo de obras. Imagínense que se haga un túnel desde Las Lagunetas hasta la cuenca de Tejeda. Se ahorrarían muchos kilómetros de carretera y de combustible.
De la misma forma se puede trazar un túnel que lleve desde Tejeda a la cuenca de las Tirajanas. Ya se está realizando la carretera a La Aldea que transcurre, en buena parte del trayecto, a través de túneles y puentes. Los túneles, además no causan impacto en el paisaje. Muco menos que la construcción de carreteras tortuosas, colgadas de los riscos y que atraviesan fincas y lugares habitados. Cada municipio podría proponer la construcción de túneles en los lugares que consideren adecuados o espacios destinados a ocio y reavivamiento de actividades en sus pueblos..
No se debate mucho en estas islas sobre la necesidad de regenerar nuestro paisaje, y de ser más prácticos, evitando, dentro de lo posible, el impacto ambiental y dando prioridad a construcciones armónicas y completamente integradas en el entorno.
Por supuesto que esta regeneración que apunto podría realizarse en cada una de la islas del archipiélago, así como promover que se utilicen cada vez más las energías limpias y renovables, (nada de gas, y menos aun, nuclear) el reciclaje, la depuración de aguas y que no siga retrocediendo el sector primario, desarrollando una agricultura ecológica, racional, moderna y rentables, para quienes trabajan en ella.
El campo es infinito y estos proyectos traerían esperanza y sostenibilidad a nuestra s islas.








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