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23-F, Vergüenza torera

Miércoles, 23 de Febrero de 2011
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“Un policía loco tocado con un sombrero torero entró en el Parlamento español, apuntando a los señores diputados con una pistola, y sus compañeros sembraron el terror cuando empezaron a disparar con sus metralletas”. Así relataba una televisión sueca la entrada del coronel Tejero en el Congreso, en su intento de dar un golpe de estado. Los suecos ignoraban lo que era un tricornio y por eso lo definía así. Vergüenza torera es la que sentíamos la mayoría de los españoles, cuando unos energúmenos, imbuidos por un ardor patriótico en exclusividad, estuvieron a punto de frustrar la incipiente democracia que habíamos conseguido casi por consenso, después de desterrar una despótica y sangrienta dictadura que había durado 39 años. Pero ahí, larvados, seguían maquinando los admiradores del “caudillo” y de su caudillaje, en su “sagrada misión” de salvarnos de las “hordas rojas, socialista y demás gente de mal vivir” .¡Cuántos salvadores han salido siempre del vientre de esta madre patria nuestra! Nosotros, en la redacción del periódico La Provincia, vivimos también horas de angustia esperando el desenlace de este asalto al poder establecido, este desprecio a la voluntad de unos españoles de vivir en paz y en libertad. En aquella época trabajaban allí personas de la más diversa ideología, pero principalmente gente de una izquierda moderada, socialistas, socialdemócratas y otros adscritos al centro. De ahí la inquietud de que si triunfaba el intento de Tejero, volveríamos a ver a “los defensores” de la patria entrando en las emisoras de radio, de televisión o en los periódicos para efectuar “una limpieza ideológica. En Las Palmas, en la isla, en la calle se lanzaban consignas y avisos para que los que se habían distinguido en su lucha contra el franquismo estuviesen preparados para escapar de la isla y ponerse a buen recaudo, si el golpe seguía adelante. Incluso hubo amas de casa que empezaron a aprovisionarse de alimentos... por si acaso. En reportajes sobre aquel lamentable acontecimiento pudieron oírse las conversaciones entre el ultraderechista García Carrés y el coronel Tejero, y hemos sabido también quienes estaban detrás de todo aquel movimiento. Los militares franquistas que aún tenían mando después de la transición se conjuraron con individuos fascistas para humillar a los demócratas precisamente en el lugar donde está representada la libre voluntad de los españoles, es decir, en el Parlamento nacional. Era penoso ver a aquellos impresentables disparando sus armas contra las paredes y techos del edificio; aterrorizando a “sus señorías”, saqueando, como simples delincuentes, la cafetería del Congreso; sacudiendo a un anciano y digno militar como era el general Gutiérrez Mellado; al que Tejero intentó derribar, pero no pudo. En fin, no es para sentirse orgullosos con esta gentuza que se mueve más por su odio, por su sectarismo, por su ideología fascista e intolerante que por su afán de luchar por el progreso, el bienestar, por la educación o por la libertad de los españoles. Unas escenas que nos retrotraían a un pasado golpista de este país, que ya se habían iniciado en el siglo XIX para continuar en el XX, con los alzamientos y dictaduras de Primo de Rivera y de Franco. Creo que es una tendencia que habita en los genes de los militares españoles, y que, por supuesto, sembraron también en la América hispana donde en la pasada centuria se produjeron numerosos golpes, siendo los más significativos y sangrientos el de Pinochet, o el de Argentina. Y en este siglo, ya tenemos una dictadura en El Salvador, y hubo un intento de derrocar al presidente Correa en Ecuador. Debemos agradecer que esta golpe de estado de opereta iniciado por el coronel Tejero fuera una auténtica chapuza destinada al fracaso. Si hubiese sido apoyado por la mayoría de las regiones militares estaríamos hablando ahora de una auténtica masacre, porque estos “patriotas” son de gatillo fácil y amigos del paredón, y piensan que la única forma de purificar la nación es esa. Es algo atávico en ellos. De todas formas, no descuidemos la guardia porque una buena parte de esos nostálgicos del franquismo siguen maquinando y no se esconden ya. Los podemos ver en esas manifestaciones de exaltación al fascismo; en sus conmemoraciones patrióticas, y lo que es peor, en determinados medios de comunicación (prensa, radio y televisión) de corte ultraderechista y antidemocrático que alienta a quienes no desean ni una democracia ni una España en libertad. También es cierto, y eso lo he dicho y pensado en diversas ocasiones, que si queremos que nuestra democracia sobreviva tenemos a acometer unas cuantas reformas y adaptaciones de tipo social y jurídico. Sin una justicia ecuánime y unas leyes justas, no puede haber un estado de derecho. Es bueno que en esos días previos al 23-F se hayan ofrecido datos pormenorizados de aquella trama golpista que pudo haber desembocado en una nueva catástrofe para nuestro país y en un retroceso con respecto a Europa. Milán del Bosch, monárquico y franquista convencido, echó por tierra su carrera militar. Al igual que Tejero que quiso ser “el héroe” del momento y salió trasquilado. Alguien lo dejó en la estacada.¿Qué papel jugó el general Armada? ¿Quién propuso ese gobierno de concentración nacional dónde estaba incluso Felipe González y dirigentes de variados partidos? ¿Tuvo algo que ver el rey en toda esta historia? Es cierto que tuvimos un golpe de estado bochornoso, sin coordinación alguna, mientras se oían las soflamas telefónicas de algunos de los conspiradores. Aquellas marchas militares que empezaron a poner en la Radio Nacional. Aquellos gritos histéricos de “Viva España, coño!. Aquel Cara a sol, con brazo en alto, que recordaba los peores tiempos de una dictadura criminal. Fue un auténtico esperpento ver a unos guardias civiles saliendo por las ventanas con sus fusiles en la manos, como las tropas de Pancho Villa, sin orden ni control, al percatarse que los habían llevado engañados allí, ya que les dijeron que acudían al Parlamento porque se produjo una amenaza terrorista. Si, por supuesto: el terrorismo de quienes no sabían estarse quietecitos en sus cuarteles. Son las historias para no dormir de este extraño país.
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