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Cantos de sirenas para el apocalipsis

Jueves, 17 de Febrero de 2011
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Empezó la guerra dialéctica en Canarias y los partidos grandes y pequeñitos se aprestan a lanzar a sus aguerridas huestes de oradores con sus cantos de sirena para prometer y prometer. Se oye de nuevo aquello de “puedo prometer y prometo”, frase que registró en su tiempo Adolfo Suárez, y que hoy sigue vigente para muchos. Pero se olvidan de esa otra de que “no es lo mismo predicar que dar trigo”, o aquella que dice: “por sus obras los conoceréis”. Mítines, foros, prensa, emisoras de radio y televisión se ven colmados estos días de precampaña por nuestros políticos o políticas, o aspirantes a serlo, desfilando por esos escenarios como si formaran parte de comparsas de carnaval. En realidad, poca diferencia hay entre ambos espectáculos. La política es necesaria y los políticos también. Pero cualquier ciudadano honrado, sensible y con buen criterio lo que desea es que esa política funcione, que esos políticos salten a la palestra con el ánimo de servir y luchar, tanto por sus votantes y no votantes, como por su propia patria, provincia, región o ciudad. Los contribuyentes aborrecen a quienes van a la política “a servirse ellos mismos”, y mucho más a los embusteros. Por eso es bueno que los propios ciudadanos conozcan a fondo a quienes se ofrecen para realizar ese servicio tan necesario y noble como es el de gobernar. Ahí no nos valen personas con careta, personas que mienten, personas que incumplen sus promesas; personas que sólo favorecen a sus amigos o a sus propios intereses. No nos valen políticos que, en el fondo, sólo desean “hacerse un patrimonio” para afrontar los tiempos futuros, a costa de hechos tan reprobables como la prevaricación, el cohecho, el tráfico de influencias, el nepotismo, el enchufismo y todo lo rechazable que ustedes quieran. No nos valen tampoco unos políticos que no sean austeros; o los que aprovechen los fondos públicos para convertirse en derrochadores o en gestores irresponsables. Debería haber un manual para que los que se dedican a la política aprendan a ser buenos políticos, porque hay tronco por ahí, que es para echarse a correr. La verdad, algunos deberían hacer un curso completo, pero que no tenga nada que ver con Maquiavelo o con Al Capone... Nosotros, aquí en Canarias, en medio del Océano, “olvidados casi de la metrópoli”, (como diría el dúo Pepi-Cubi) y cerca de un continente donde el desarrollo de la política tampoco es un espejo en el que nos podamos mirar, debido a que existen en él estados frustrados, dictaduras implacables, corrupción descarada, hambre y miseria insultantes y, al mismo tiempo, riquezas codiciadas por las grandes potencias y otras naciones emergentes, estamos ávidos de una justicia igual para todos; de unas reformas que conduzcan a Canarias a un desarrollo equilibrado; donde haya diversificación de recursos y no una tendencia a vivir exclusivamente del turismo, como si eso fuera la panacea para una situación económica y social que ni mejora ni hay indicios de que esto ocurra a corto plazo, a pesar del optimismo del presidente del gobierno regional, don Paulino Rivero, que quiere convertir sus sueños nocturnos en realidades ... pero no puede. En resumen, son días de frases elocuentes, de grandes discursos que buscan más el efecto de un buen titular de prensa que una verdadera regeneración democrática, que un auténtico afán de servicio, que la confirmación de una vocación política más altruista que interesada. Pero no se dejen engañar por los cantos de sirenas y, como hiciera Ulises en la Odisea, tápense bien los oídos para no naufragar en un mar de desilusiones. También los votantes tenemos nuestras obligaciones. No es votar por inercia y sin saber a quien votamos. Por eso debería haber listas abiertas para uno elegir a quienes considere más idóneos y capaces de gobernar. Y nos merecemos un mejor y democrático sistema electoral que el que tenemos ahora. Pero nadie se lanza a la calle para exigirlo. Aquí no tenemos revueltas ni evoluciones ciudadanas para que nuestra ganada democracia sea auténtica, justa y consecuente. Aquí funciona la democracia de los demagogos y de los más listos. En estos días suelen publicarse encuestas sobre la intención de voto de los ciudadanos canarios. La última que ha salido no puede ser más disparatada. Advierto que es otro canto de sirena que puede inducir a los más indecisos, a los más timoratos o a los que ignoran lo que se cuece en la política isleña a caer en la trampa, para que, a su vez, vuelvan a ocupar poltronas los que durante quince o veinte años han convertido a Canarias en una de las comunidades con más paro, con más fracaso escolar; con una pésima atención sanitaria; con más violencia y delincuencia e incluso, con una justicia donde ha habido bastantes errores, y, por tanto, está muy mal valorada por la ciudadanía. Todo ello, a pesar de que somos una potencia turística en España. Nos visitan no sé si son ocho o diez millones de turistas al año, y de que algunos de nuestros cantarines políticos quieren que Canarias se convierta en plataforma para que las grandes potencias mundiales, entre ellas China y Estados Unidos, puedan seguir expoliando el continente africano. Todo eso a cambio de que nos olvidemos de potenciar y mejorar nuestro sistema educativo, de que obtengamos trabajadores cualificados, de que podamos obtener industrias competitivas, o energías renovables y no contaminantes, o que impulsemos el I+D (investigación y desarrollo), de que podamos poseer una agricultura moderna y rentable y sigamos apoyando y subvencionando a quienes nos traen el sustento de fuera, porque aquí, pobrecitos canarios, no somos capaces ni siquiera de producir lo que nos tenemos que comer. Y por si fuera poco, nos enteramos ahora que el gobierno de Canarias, amigo de pompas y vanidades, ha dejado de invertir 45 millones de euros en ayudas al desempleo, lo cual es más que escandaloso en una región tan necesitada como esta. Díganme ustedes si con estos antecedentes y referencias vamos a permitir que estos señores y señoras que ahora nos gobiernan vuelvan otra vez a ocuparse de todos nosotros. Pero debemos estar orgullosísimos y orgullosísimas: tenemos uno de los mejores Carnavales del Mundo. Nuestros parados y pobres deberán estar contentísimos también.
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