Que la actual Corporación no pasará a la posteridad por sus logros en la gestión de los intereses locales es opinión unánime. La falta de liderazgo unido a pactos, rupturas, avocaciones, delegaciones de áreas y servicios solapados, hacen que hoy nuestro desperdigado ayuntamiento se perciba como un des-conjuntado equipo echando balones fuera en espera del pitido final.
En estos cuatro años la crisis del sector financiero ha frustrado las obras de los barrios que fueron prometidas durante la campaña electoral. La misma crisis nos ha impedido hacer un trayecto entre el tablero a Playa del Inglés en guagua distinguida como municipal, o consultar que, cómo y dónde se puede construir en el futuro en un documento público de acceso fácil a los ciudadanos que se llame Plan General.
La banca y sus malos gestores han hecho que nuestros servicios públicos sean criticables, piscina pública, deporte, parques, vías públicas, seguridad. El estado nos coló sin compasión y compensación uno de los mayores centros penitenciarios de España a la entrada del municipio.
Lo dicho, encontrar la solución el próximo 22 de mayo, en el que los vecinos decidirán quién debe de intentar enderezar el rumbo actual, será cuestión de esperar el veredicto de los votantes. Todos lo hemos sufrido por igual.
Ahora, donde el simulo del simplón no funcionó en este cuatrienio es en lo concerniente al ocio nocturno: la vista gorda, la tiranía, y un sinfín de desmanes en la aplicación arbitraria de una normativa clara y diáfana han producido daños irreparables que sólo la justicia podrá compensar con algún veredicto que inhabilite a quienes estos cuatro años han estado de vino y rosas.








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