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Rebeliones mediterraneas

Domingo, 06 de Febrero de 2011
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La chispa no saltó en Túnez, como se pregona por ahí, sino que empezó a arder en el Sahara, un territorio ocupado ilegalmente por Marruecos. Primero fue Aminatu Haidar, la activista saharaui, la que empezó a acaparar titulares televisivos, radiofónicos y de prensa escritas, tanto en España como en el mundo. Luego fue el campamento Libertad, levantado en las cercanías del Aaiún, y posteriormente arrasado brutalmente por las fuerzas represoras del rey Mohamed VI, a lo que siguieron las represalias y los malos tratos a la población nativa, ya de por si castigada o marginada por el reino alauí. La chispa y el ejemplo de un pueblo oprimido se ha extendido por el norte de África y ahora se encuentra en Egipto, donde nadie sabe qué es lo que puede suceder. El “faraón” Mubarak se resiste a marcharse, y como entren “Los Hermanos Musulmanes”, probablemente la situación empeorará. La incógnita está por resolver aún. De todas formas la simbólica protesta ocurrida en el Sahara, que Marruecos quiso contrarrestar, tanto por la acción de su policía secreta y de los medios informativos afines (que en Marruecos son todos) , como por los grupos saharauis, traidores a su tierra que crean asociaciones para pregonar que son “marroquíes” y están conformes en convertirse una provincia más del país magrebí, con sus injusticias y miserias, o que son comprados por su gobierno para ejercer ahora de embajadores, de cónsules o de lo que sea, en nombre de sus nuevos amos. Los marroquíes que no pertenecen a la nobleza o a las oligarquías y élitse de su país, no se atreven aún a dar el paso para oponerse en la calle a la dictadura monárquica de la dinastía aluita, impuesta por Francia (no lo olviden). Primero porque saben que se exponen a una represión sangrienta, y en segundo lugar porque aquí se escaparía un buen aliado de Francia y de Estados Unidos, al que España también tiene que soportar, dada la debilidad del actual gobierno, y por la defensa de los propios intereses españoles. Ya lo dijo doña Trinidad Jiménez... Lo más curioso de los hechos acaecidos en Túnez o Egipto es que sus dictaduras han sido apoyadas por los países occidentales, y los Estados Unidos, claro, ya que no les ha interesado, hasta ahora, que haya ahí regímenes democráticos,. porque así los han podido manipular mejor. Corrupción y dictaduras al gusto de la Unión Europea, especialmente de Francia o de Estados Unidos, a los que no les que les ha importado en la situación de las personas que allí viven ni su bienestar, ni su progreso. A los ojos del mundo sensato, los occidentales son una auténticos hipócritas, por no emplear expresiones más fuertes que pueden herir sensibilidades.. Ahora bien,, los actuales movimientos y esfuerzos (que cuestan la pérdida de vidas humanas) para sacudirse las intolerantes dictaduras de algunos de los países árabes, con el fin de obtener una democracia, unas elecciones libres, una constitución no encorsetada por ideas religiosas y sí por la libertad de conciencia, de prensa, o para alcanzar estructuras sociales y económicas que eliminen los desequilibrios que ahí se observan, y caminar hacia un desarrollo y progreso adecuado, pueden verse frustrados si se derriba a tiranos para caer en una tiranía peor basada en el fundamentalismo y el fanatismo retrógrado. Y eso sí que no lo interesa ni a Estados Unidos, ni a Israel, ni a los países occidentales que guardan buenas relaciones con el norte de África. Ya han tenido las experiencias de los talibanes, de Al-Qaeda, de los ayatollahs de Irán. Mientras los países musulmanes sigan en su empeño de obtener gobiernos teocráticos y fanatizados y no entren por el camino de la laicidad, de una auténtica separación del estado de cualquier orientación de tipo religioso, me parece que, de una forma u otra, vamos a tener más de lo mismo, o quizás gobiernos con más virulencia. Es difícil para un musulmán entender lo que nosotros llamamos “democracias occidentales”, que la mayoría de ellos consideran nefastas, decadente y hasta blasfemas. Están acostumbrados a la intolerancia, a las desigualdades sociales, al predominio de las oligarquías, e incluso a que se aplique la “sharía” para dilucidar aspectos que corresponderían a la justicia en un país libre y democrático. En Turquía lo intentaron con las reformas de Kemal Pasa, o Mustafá Kemal “Atatürk” (Padre de los turcos),como también se le llamó. Depuso al sultán y proclamó la repúblicas y fue su presidente el 29 de octubre de 1923. Consiguió la aconfesionalidad del estado, la supresión de las escuelas coránicas, de los tribunales religiosos y de los derviches, etc. Hizo también adoptar el derecho civil occidental, emancipó a la mujer, impuso el uso del calendario gregoriano y el sistema europeo de pesos y medidas. Obligó a los turcos a occidentalizar su vestimenta, sustituyendo además el fez por el sombrero. Consiguió desterrar el alfabeto árabe, sustituyéndolo por el latino. Pero, pese a estos avances, y el logro de que Turquía fuera un país poderosos y respetado, no impidió la tentación de actuar como un dictador. Tuvo también que luchar kurdos armenios y griegos. Por cierto, los armenios de Turquía fueran casi aniquilados en 1925. Hubo un auténtico genocidio que los turcos modernos no quieren reconocer. Pero sucede que en la actualidad vuelve en parte a su pasado, merced a gobiernos formados por fundamentalistas, aunque sean bastante moderados comparados con otros de países musulmanes. Por el momento se observa que Argelia, que es otra dictadura mantiene el control del país, si exceptuamos los movimientos de corte radical que practican el terrorismo y realizan masacres de vez en cuando. El caso de Libia, donde persiste la dictadura del estrafalario El Gadafi, no se diferencia en nada de los otros gobiernos totalitarios existentes en el área mediterránea. Hubo unos comienzo revolucionarios del coronel Gadafi que se extendió por otros países, pero los norteamericanos pudieron darle un parón cuando bombardeó su palacio, en el que murió una hija del dictador. Hoy vive en su jaima de beduino y de vez en cuando aparece por occidente acompañado de su séquito formado casi todo por bellas y guerrilleras mujeres. Una especie de Barlusconi, el otro rajá del Mediterráeno norte. La revolución, la revuelta se cierne también sobre Marruecos, pero no se atreve a entrar. Este país tiene una poderosa y cruel policía secreta, y otra dispuesta reprimir cualquier intento de derrocar a Mohamed VI, que cuenta además con el beneplácito de Estados Unidos, ¡casi nadie! y tiene un buen equipado ejército.
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