En 1985, el historiador Paul A. David desentrañaba -en un artículo titulado Clío y la economía del teclado Qwerty- los orígenes de la configuración “q, w, e, r, t, y” en los teclados, y explicaba los motivos de su pervivencia en nuestros artefactos electrónicos. Describía como en 1873, cuando salían al mercado las primeras máquinas de escribir, la disposición de las letras en los teclados se decidió por ensayo/error, adoptándose la secuencia que al teclear más evitaba que las varillas transportadoras chocaran entre sí y se atascaran. Más de un siglo después, esta secuencia de letras -aunque ya desaparecieron los teclados mecánicos, y a pesar de que se han comprobado otras configuraciones mucho más eficientes- todavía persiste ¿Por qué?
David describía el encadenamiento del fenómeno: “la competencia en el marco de un mercado inmaduro llevó a la industria a una estandarización prematura, basada en un sistema erróneo apoyado, tan sólo, en un sistema descentralizado de toma de decisiones. Los resultados de este tipo no son tan exóticos; para que se produzcan parece que sólo es necesaria la presencia de una fuerte interdependencia técnica, economía de escala e irreversibilidades relacionadas con la formación y el aprendizaje”. David propuso el término de path dependency (en castellano, dependencia de la senda, o del camino) para conceptualizar estas anomalías económicas, que muestran como, en ocasiones, el resultado de un proceso histórico depende más de la secuencia de las decisiones tomadas por los actores, que de las condiciones del momento.
Y así, hoy en día, los agentes económicos -los que producen los teclados y los que los adquieren- siendo “libres para escoger” y contra toda necesidad y lógica, continúan utilizando Qwerty, condicionados por sucesos históricos ya olvidados y limitados por circunstancias que desconocen; por convenciones e inercias sociales que, aún provocando secuencias aleatorias y equilibrios no óptimos, prevalecen.
Si esto es así en el ámbito de la economía, donde actualmente la concurrencia está globalizada y la información relevante es ingente y viaja a gran velocidad; donde son multitud las empresas que sostienen costosos departamentos de investigación, desarrollo e innovación para prevalecer en los mercados ante otros productos y servicios en competencia y conseguir sobrevivir ¿qué no pasará en la esfera política del Estado? tan a resguardo aún del escrutinio y el acceso de la ciudadanía ¿Qué articulaciones de dominio, hoy injustificables, continúan imponiéndose? ¿qué inercias obsoletas de gobernanza permanecen aún? ¿cuántas prácticas contraproducentes de administración pública todavía perduran?
Viviendo en regímenes democráticos de derecho, en el tiempo del conocimiento científico de lo social y con una conciencia del interés general y un compromiso de coherencia mayores ¿para cuándo la transparencia institucional en la gestión, la responsabilidad general ante la ciudadanía y el control participado? Ya es momento de dejar de depender de la senda que marcan las élites políticamente autoritarias, socialmente clasistas y ecológicamente expoliadoras. Ya nos toca un reequilibrio -contrastado y prudente- liberador, igualitario y sostenible, en todos los caminos. Nos va, también, la supervivencia en ello.








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