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Jugar a los chinos

Jueves, 20 de Enero de 2011
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Nunca se ha sentido más a gusto Paulino Rivero como con la recepción hecha al viceprimer ministro chino. Es difícil que el presidente canario, debido a su baja estatura, encuentre a un político de igual tamaño. Cuando lo encuentra, como es el caso de Hui Liangyu, se aferra a su mano tras el saludo protocolario habitual y ya no se suelta de ella durante toda la recepción. Estaba mirando la fotografía del recibimiento a la delegación china y me que quedado asombrado observando la capacidad de mimetismo visual que tiene nuestro presidente. Si nos fijamos bien, llega un momento en el que uno no sabe quién es Paulino Rivero y quién Hui Liangyu. A veces parece que estamos ante Paulino Liangyu y otras ante Hui Rivero. No es fácil distinguirlos. Es más, al presidente canario hay momentos en los que parece tener los ojos oblicuos y rasgados. Se puede decir que hasta su sonrisa socarrona se ha convertido en china y ladina. Da la impresión de que si Paulino Rivero comienza a hablar al lado de Liangyu su dicción se acercará más a la china mandarina que al español hablado en las islas de ultramar. Esto es muy curioso pero, con todo, lo que más sorprende de la visita es de cómo Canarias abre sus puertas al país comunista más grande del mundo sin afearle su conducta en derechos humanos, por ejemplo. Al mismo tiempo que el político chino y su corte están hablando con Paulino Rivero y su equipo, muchos disidentes se pudren en las cárceles del país asiático más grande. Mientras Rivero ofrece a Liangyu seguridad jurídica e incentivos fiscales, un premio Nobel de la Paz se encuentra en una asquerosa celda sin ningún derecho ni garantías. Encarcelado sin seguridad jurídica ni incentivos fiscales. Resulta curioso lo fácil que es para los políticos de las democracias occidentales hablar de negocios obviando los derechos fundamentales de las personas, aunque ahora lo haya hecho tímidamente Obama. Como si subir nuestro Producto Interior Bruto fuera una tarea más urgente e importante que luchar por la más mínima y exigible dignidad. Y es que en fondo todos los humanos, occidentales y orientales, demócratas y totalitarios, nos parecemos mucho. Casi tanto como Rivero y Liangyu en la fotografía del periódico.
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