Tal como ya se ha glosado, aunque no tanto como hubiera sido de justicia, hace unas semanas se presentó en los salones de la veterana sociedad “La fraternidad” la XXI edición de la “Guía Histórico Cultural de Telde”. Tantos acertados comentarios y tantas fotos de este evento se han publicado que apenas queda un huequito donde meter la cuchara sin pecar de reiterativo.
Este es un acto que puntualmente, cada año, congrega a muchos amantes de la cultura y las tradiciones autóctonas de Telde y de Gran Canaria. No en vano esta capital del Faycanato ha sido, en realidad lo sigue siendo, foco de donde se irradia muchísima historia, literatura, poesía, música o cualquier otra manifestación de la cultura, también política y economía, para toda la Isla y en buena medida para todo el Archipiélago. Basta hojear los índices de las ediciones anteriores, sus títulos y sus autores, para comprobar que esa afirmación no es gratuita. Posiblemente sin Telde no se entiende Gran Canaria, ni la provincia de Las Palmas sin la aportación teldense.
Como tantos otros admiradores de la obra que vienen realizado Conchy Vera Santiago y José Luis Pérez González, tuve el inmenso honor y el placer de estar presente en este acto. En esta ocasión acompañado de mi hijo menor, José María Fernández Rodríguez, también colaborador con sus fotos en el periódico digital que esta entrañable pareja también dirige y que en su día tuvieron la amabilidad para con nosotros de acogerlos en las páginas de esa publicación en Internet de nombre casi tan largo como su historial: www.guiahistoricoculturaldetelde.com.
En ambas Guías encuentran refugio no sólo las grandes manifestaciones de la “gran cultura”, las más de las veces al alcance de pocos y siempre subvencionadas con dinero público a mayor gloria del gobernante de turno, sino también esas manifestaciones de la cotidianeidad que definen la idiosincrasia de un pueblo que vive como sabe y puede su día a día. Son esos eventos, a veces aparentemente menores que pasan de puntillas por los grandes medios de comunicación, como son las innumerables conferencias sobre los más variados asuntos, exposiciones, recitales, explicación de la toponimia, el costumbrismo novelado o teatral, la gastronomía o el folclore.
Las páginas de las Guías están abiertas a cuantos quieran acercarse a ellas para leerlas o para colaborar con sus aportaciones sin más límites que los que indica y aconseja el sentido común. Las colaboraciones actúan como la “gota malaya”, esa que poco a poco logra calar y penetrar en la roca más dura, haciendo en ella un huequecito para que nuestra propia identidad, como canarios que “semos”, se vaya asentando, reconociendo y redefiniendo.
Eso, que es fácil decirlo, sólo se logra con la tenacidad y el esfuerzo cotidiano de personas como Conchy Vera y José Luis Pérez González. La enorme fe que ellos ponen en lo atinado del fin que se han propuesto, queda parcialmente recompensada en actos de presentación como el que aquí se glosa, donde amigos, conocidos y personas que comprenden el significado de todo esto, se reúnen para arroparlos y darles ánimos para que continúen. Y ellos, estoy seguro, continuarán sin pausa, despacito y sin descanso. Como bien decía el poeta Antonio Machado,“caminante: no hay camino, se hace camino al andar”.
La lámina de gran formato que se entrega embuchada en la revista “El hábitat de los primeros pobladores de Gran Canaria”, impresa a todo color y con todo lujo de detalles, es un gran acierto de síntesis gráfica y una gran lección para cuantos quieran conocer o estudiar este aspecto de la vida cotidiana de nuestros ancestros. A mi entender, bien haría la Consejería de Educación del Gobierno de Canarias en reproducirla masivamente y distribuirla como póster para todos los centros escolares de Gran Canaria. Y, con las debidas adaptaciones, también en cada una de los otras islas del Archipiélago. Pocas veces ha sido tan cierto eso de que una buena imagen vale más que una larga descripción.
Tenemos todo un año para saborear las páginas de esta XXI edición impresa de la “Guía Histórico Cultural de Telde”. Aunque no estoy seguro de no poder resistir la tentación de leerla de un tirón, al igual que sucede cuando se intenta chupar un caramelo hasta el final resistiendo las ganas de morderlo, al menos eso reconocen muchos con una sonrisa culpable. ¿Ustedes han podido hacerlo? Yo, reconozco no lo he logrado. Tampoco tener la paciencia de saborear la “Guía” poco a poco.








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