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Defunción anunciada

Jueves, 21 de Octubre de 2010
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La ruptura del pacto era la crónica de una muerte anunciada. No me gusta ir de agorero, pero hace unos cuantos meses ya vaticiné aquí mismo que el pacto de CC y PP tenía fecha de caducidad antes de acabar el año. Parecía evidente que ambos partidos se distanciarían en los meses previos a las elecciones autonómicas. Era previsible. Sólo que en esta ocasión Soria se ha ido antes de que lo echara Paulino por las presiones de Rajoy. En realidad era un pacto que no iba a ninguna parte. No ya ahora, que es evidente su defunción, sino desde el principio de legislatura. Aunque había una unión temporal de empresas debido a que la derecha estatal y la autonómica se tocan (al fin y al cabo se trata de la derecha canaria), no tenía un pase un pacto que estaba condenado al fracaso desde el primer momento. CC, desoyendo su propio discurso, ese que machaconamente nos endilga cada cuatro años, decidió en 2007 pactar con el PP a pesar de que sus dirigentes siempre aseguraban que estaban equidistantes a los dos grandes partidos estatales y que siempre pactaban con el ganador en las generales para lograr más de Madrid. A eso nos tenían acostumbrados los neonacionalistas hasta que hace tres años y pico decidieron renovar el pacto con el PP a pesar de ser el perdedor nacional y la tercera fuerza política en el Parlamento canario. La explicación era obvia: si CC pactaba con el PP, Paulino era el presidente; si lo hacía con el PSOE, el presidente sería López Aguilar. La ambición política del maestro de El Sauzal hizo que CC circunscribiese el pacto con el perdedor Soria. Éste, tras dejar el Cabildo grancanario y la capital de la isla, sólo le quedaba entregarse en cuerpo y alma a los nacionalistas que tanto odia para mantener un mínimo de poder. De hecho Soria tiene ahora un buen problema: cómo recolocar a casi 200 cargos públicos y asesores que han mostrado su cabreo monumental por quedarse de un día para otro sin trabajo. Soria no tiene problema: puede seguir jugando a la play en la piscina de su mansión tafireña. El problema lo tiene con su gente, que se ha quedado en la calle y sin llavín. Tejeda es muy chico para colocar a tanta gente. De toda esta historia sólo podemos colegir una buena nueva: que el PP mande a Soria a Madrid, a Bruselas o a la Embajada de Caracas, de donde nunca debió salir.
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