Business is business, eso es, al menos, lo que piensan algunos países democráticos, o que se llaman así, a la hora de entablar relaciones con China, cuyo poder económico es indiscutible desde hace tres décadas, y que según los economistas “es el motor de la recuperación económica mundial”. Es la historia de siempre: los países occidentales y que se supone más civilizados y sensibilizados en cuestiones relacionadas con los derechos humanos, e incluso de la preservación del medio ambiente, no dudan en mantener excelentes contactos con dictadores, con sátrapas, con regímenes comunistas o fundamentalistas de variados signos o religiones, con tal de abastecerse de materias primas, de petróleo, etc. o de preservar sus intereses estratégicos. Cuando esos intereses se ven lesionados no se abstendrán de provocar tensiones e incluso invasiones, uniéndose con los otros interesados para atacar como manadas de lobos. Ahí tenemos los casos de Irak, de Afganistán, del Congo y de otros lugares de la tierra “visitados” por estos elementos de la discordia, de la ambición y del egoísmo.
A China le ha sentado mal que los noruegos concedieran el Nóbel de la Paz a un disidente que escribía sobre democracia en un país totalitario. Tuvo la osadía de pedir en su “Carta 08” nada menos que reformas democráticas en un país comunista (hasta cierto punto) pero que ha utilizado el capitalismo para desarrollarse y expandirse económicamente.
China protesta y señala que se ha concedido el premio a “un criminal”, al que han condenado a once años de cárcel, y cuyo delito, por lo que se tiene conocimiento, es haber sido un activista que defiende los derechos humanos, la democracia, la libertad de expresión. Pasa igual que en Cuba. Los activistas por la libertad son condenados y encarcelados. Ser enemigos de una Revolución que no revoluciona ni evoluciona, debe ser algo terrible para los cerrados dirigentes de estos sistemas. ¿Qué hubiese pasado si al Comité del Nóbel en Oslo se le hubiese ocurrido conceder el de la Paz a un disidente cubano que se encuentre ahora mismo en prisión? Entonces sí que se hubiese formado en Cuba una “verdadera revolución” contra el capitalismo
Existen tímidos movimientos mundiales que instan al gobierno chino a cambiar de actitud y a conceder más libertades, pero las reacciones del régimen son hacer oídos sordos a estas peticiones. Ellos van a lo suyo: a crecer, a buscar materias primas para su industria, sin preocuparse de los medios y la forma de conseguirlo, y a reprimir, que también se les da muy bien. El propio Obama estuvo en China y no se le ocurrió ni siquiera mencionar esa cuestión, porque habría supuesto hurgar en un peligroso avispero que hubiese enturbiado las relaciones chino-norteamericanas. Ahora, ya en su casa, se atreve a pedir que Liu sea liberado…
El reciente Nóbel de Literatura, Mario Vargas Llosas, al enterarse de la concesión del premio de la Paz a Xiaobo indicó que “es un homenaje a todos los disidentes chinos”.
El Comité noruego que se lo concedió aseguraba que es un reconocimiento de los esfuerzos de Liu Xiaobo por su lucha larga y no violenta a favor de los humanos fundamentales en China.
Lo que hace falta saber es si el nuevo Nóbel de la Paz podrá recibir los 1,46 millones de dólares que supone el premio y si podrá hacer algún uso de ese dinero.
Está visto que a los chinos no les hace ninguna gracia la concesión de esta clase de premios a personajes que reprime, como fue también el caso del otorgado al Dalai Lama, cuyo país, el Tibet, fue ocupado militarmente por China, seguido de una intensa y sangrienta represión. Alegan (al igual que ha hecho Marruecos en el Sahara), que se trata de una de sus provincias. Aunque no haya ningún derecho que lo avale internacionalmente. Es su postura y no hay más que hablar porque, desgraciadamente, nadie puede obligarles a salir de esos lugares, salvo que haya un conflicto internacional.








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