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Otra, y ¿van?

Miércoles, 06 de Octubre de 2010
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Otro charco enfangado de corrupción , en el que parece que últimamente chapotea muy a gusto el PP, vuelve a aparecer, ésta vez en Murcia, algo que según los residentes de dicha comunicada autónoma, “estaba cantado”. De momento han detenido a ocho presuntos corruptos, a la espera que se continúen con las investigaciones , y , entre ellos el presidente ,o, propietario del club de Futbol Real Murcia. Hace algunos años, durante la presidencia de Aznar, el GRECO, (Grupo de Estados contra la corrupción) en su primer informe relativo a España, señalaba graves carencias en la respuesta institucional española al fenómeno de la corrupción y recomendó al Gobierno de entonces ,del PP, determinadas medidas para corregirlas. El Gobierno no sólo echó en saco roto esas recomendaciones, sino que , en aspectos clave en la lucha contra la corrupción, como es la independencia de los fiscales para investigarla, dio significativos pasos atrás con la reforma del Estatuto Orgánico del Ministerio Fiscal, llegando a declarar el entonces Vicepresidente del Gobierno , el Sr. Rajoy, que la corrupción político-administrativa no era, entonces, uno de los "problemas capitales" que preocupan a los españoles. Pero aparte del comprensible interés de Rajoy por quitar hierro a la reprimenda dirigida al Gobierno de Aznar, es posible que la actitud de los españoles se debiera a que daban por perdida la batalla contra la corrupción y que no otorgaban ningún crédito a las iniciativas de los poderes públicos para combatirla. En todo caso, el Gobierno Aznar, no hizo nada de lo que se le dijo en el añó 2001. El principal reproche que se le hacía era el carecer de "una estrategia global y multidisciplinaria", en la que estuvieran implicadas las administraciones públicas, para hacer frente a las variadas manifestaciones del fenómeno. Se ha llegado a afirmar que la corrupción está en "nuestra cultura". Se trata de un argumento peligroso e intelectualmente poco satisfactorio, pero que, sin embargo, goza de cierto predicamento en algunos círculos -posiblemente los mismos que afirmaban no hace tanto tiempo que la democracia representativa o el capitalismo no tenían espacio en nuestra cultura mediterránea y/o católica. Como un creciente número de estudios está demostrando, la causalidad parece ir en todo caso en la dirección opuesta: los países desarrollan "malas" culturas -o culturas donde predomina la desconfianza social- como consecuencia de unos elevados niveles de corrupción En una ciudad europea de 100.000 a 500.000 habitantes puede haber, incluyendo al alcalde, dos o tres personas cuyo sueldo depende de que “tal partido” gane las elecciones. En España, el partido que controla un gobierno local puede nombrar multitud de altos cargos y asesores, y, a la vez, tejer una red de agencias, fundaciones y empresas creadas por sus propios partidarios, con plena discreción . En total, en una ciudad media española puede haber cientos de personas cuyos salarios dependen de que el “ tal partido” gane las elecciones. Las causas de la corrupción no hay que buscarlas en una "mala cultura" o en una regulación insuficiente, sino en la politización de las instituciones públicas y en la pérdida de los valores y de la vergüenza de algunos de sus responsables Últimamente , han proliferado los casos de corrupción tales como; Un antiguo presidentes del PP de la Comunidad Balear, Cañellas, la investigación judicial sobre otro presidente balear del PP, Matas, así como los escándalos del "caso Gürtel", que afectan al presidente de la Comunidad valenciana, Camps, y a un creciente número de personalidades y altos cargos del PP en buena parte de la geografía nacional, señaladamente en la Comunidad de Madrid, Castellón y, ahora, Murcia También Cataluña, ha venido, no hace mucho tiempo, a sumarse a éste “Baile de los Malditos”, con su caso conocido por el nombre del "caso Palau de la Música", un caso de espectacular saqueo –más de 20 millones de euros- en beneficio privado de su presidente –un prohombre del patriciado barcelonés, condecorado hace años con la Creu de Sant Jordi— y allegados, así como de partidos afines a los saqueadores, de una entidad cultural emblemática de la ciudad de Barcelona, sostenida con aportaciones públicas y con donaciones privadas altruistas. Mucha gente cree que la cosa no termina aquí. Incluso, el antiguo presidente de la Generalitat catalana, Jordi Pujol, llegó a aconsejar que no se tirara mucho de la manta, porque el “tufo” podría llegar a ser insoportable para todos. (Algo parecido debió pensar en su día el entonces presidente español, José María Aznar, cuando, ante el caso seguramente más alarmante de corrupción política registrado hasta ahora en España, la compra por parte del negocio inmobiliario madrileño de dos diputados autonómicos madrileños del PSOE para que no votaran la investidura de quien había ganado las elecciones autonómicas de mayo de 2003 (el candidato socialista, apoyado por Izquierda Unida), impidió que el entonces fiscal de Madrid –el socialista Fernández-Bermejo— investigara el asunto. Hubo que repetir las elecciones. Y , ¿saben ustedes quién ganó? ¡Claro que sí¡ , los que chapotean cómodamente en el fango de las miserias.
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