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Las soflamas de dos vividores

Martes, 28 de Septiembre de 2010
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Estamos a escasas siete horas en Canarias de que comience la huelga general de 24 horas, una medida cobarde y solapada de los coqueros y ugetistas que, amparándose en que el Sena pasa por París, han aprovechado la protesta europea para hacer ver que aquí los sindicatos también reivindican. Pero la verdad es otra bien distinta. Los Méndez y Toxo que pululan por esta tierra nuestra son el ejemplo más vivo de la holgazanería perfectamente organizada. ¿O cómo sino explican ustedes que este par de haraganes sindicales puedan despalillarse, por ejemplo, grandes comilonas en los restaurantes o embarcarse en lujosísimos cruceros allende los mares? ¿Lo hacen con su dinero, con el de los afiliados o con las cuantiosas dádivas procedentes del ámbito gubernamental? Tengo amigos que hace muchos años, en la España que salía de la catatonia franquista, creían en una lucha de clases, que la acción social podía llegar lejos, que era posible instaurar un sistema más justo, que el reparto de la riqueza no era una utopía. Sin embargo, vieron horrorizados como aquellos que predicaban unos postulados, una vez llegados a las esferas del poder, olvidaron sus principios y abrazaron la ambición y el capitalismo. Por eso, muchos de esos amigos acabaron apartándose de centrales sindicales como UGT y CCOO, porque estaban hasta el gorro de ver como estafaban a sus afiliados. Y es que nadie le hace ascos a vivir mejor de lo que está, eso es de catón. Pero lo que resulta impresentable es que estos dos señores (y sus asociados) salgan a la escena pública a reclamar compromiso de la ciudadanía, que asuman sus tesis, pero que, al mismo tiempo que lanzan sus proclamas reivindicativas, estén poniéndose morados a dos carrillos en la mejor mesa y en la cubierta de unos lujosísimos restaurantes y cruceros. Con esa estampa, resulta de todo punto imposible que los ciudadanos se crean las soflamas de estos caballeros que sólo juegan a repartirse los millones de las generosísimas subvenciones que reciben desde las instituciones. Eso sí, a la hora de las responsabilidades, ahuecan el ala y la voz y entonces ahí es donde sólo saben apuntar con el dedo acusador a los españoles, sobre todo si, como parece, dentro de unas horas les saldrá el tiro por la culata.
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