Dentro del conjunto de situaciones de lo más paradójicas, casi no podemos recordarlas todas, se encuentra el cambio de competencias de Alamo a Narváez en Disciplina, la curiosa desaparición de Delgado por motivos personales al Este cuando más acción se esperaba (incluida la aclaratoria), la inactividad de los 19 concejales que se esfumaron casi al mismo tiempo y a la de tres, así como el silencio de la alcaldesa, que como máxima autoridad no ha intervenido en uno de los conflictos más peliagudos del año y que afectan de manera negativa a la imagen del municipio. Quizás sus intereses sean otros a su juicio más interesantes como la rectificación del nombre del Consorcio, o facultar al bufón de turno para que mantenga la imagen de ridículo crónico entre los sectores sociales más influyentes de nuestra sociedad. Pero no podíamos dejar escapar la fiesta celebrada el pasado jueves en el Campo Internacional de Maspalomas. Los vecinos de los alrededores del Campo de Golf nos cuentan indignados que se prolongó hasta altas horas de la madrugada y la escandalera no les dejó conciliar el sueño durante toda la noche. Resulta curioso, dicen, que el Ayuntamiento denuncie los ruidos o pida todo tipo de requisitos a los organizadores de fiestas de este tipo y les deniegue la celebración, mientras firma autorizaciones para fiestas y macroeventos nocturnos durante los fines de semana que impiden conciliar el sueño de residentes y turistas de complejos próximos. Los recepcionistas de algunos complejos llamaron desesperados a la Policía Local hasta las 4.00 horas de la madrugada sin éxito. Los propios policías nos contaron la anécdota al día siguiente (la del follón nos referimos).










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