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La huella de los antiguos canarios

Jueves, 05 de Agosto de 2010
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Un autor alemán, Hans Biedermann, que escribió el libro “La huella de las antiguos canarios” (Die Spur der Altkanarier) que fue escrita en 1984 y editada en Hallein, se quejaba de que quienes visitaban Canarias solían contentarse, en su mayoría, con bañarse en le mar o tomar el sol, “ignorando los restos de la antigua cultura canaria”. Para Biedermann este hecho era como si alguien que visitase una pinacoteca se limitara a contemplar la entrada y el vestíbulo de la misma, y luego diera media vuelta y se marchara a su casa. “Evidentemente se ha perdido lo mejor”-decía Biedermann. Es de suponer que entre los millones de personas que visitan Canarias como turistas habrá una buena cantidad que se interesa por la antigua población isleña y todo lo relacionado con su cultura, y deseará visitar y conocer yacimientos arqueológicos, museos, o ver cualquier vestigio de los aborígenes. En los últimos años se ha diversificado la oferta turística intentando captar nuevos segmentos, que, aparte de interesarse por el tópìco de sol y playa, se aventure por otros derroteros que pueden ser interesantes para su propio enriquecimiento personal.. De hecho cada vez aumenta el número de turistas que se congregan en Canarias par asistir a actividades culturales: conciertos, ópera, ballet, música popular, etc. Otro lo hacen para disfrutar de su variada naturaleza, para hacer senderismo, para practicar deportes, paras hacer turismo rural, o simplemente conocer su gastronomía, sus tradiciones y sus costumbres. En respecto a la cultura canaria, la información que se destine a quienes se interesen por ella debe estar encaminada a que conozcan la existencia de museos etnológicos, yacimientos aborígenes o cualquier otro vestigio o bibliografías relacionadas con este tema. La información de la variada gama de opciones existentes en Canarias tiene que estar en los establecimientos hoteleros, en las oficinas de turoperadores o agencias, en Internet, en las promociones que se realicen en el exterior, sin excluir nada, y sin que decaiga este tipo de acciones, que, a veces, parece que se duermen en los laureles, o realizan promociones que ni tienen lógica, ni son adecuadas, aunque se pretenda darle un toque de originalidad. Volviendo al asunto de la antigua población canaria, Biedermann reconoce que autores clásicos que han escrito libros, enciclopedias o atlas mundiales de arqueología, aparecidos entre los años 1976 y 1980, “no mencionan para nada las Islas Canarias”. Nada de sus enterramientos, viviendas en cuevas naturales y artificiales, montes sagrados, museos etnológicos, costumbres, etc. Por otro lado afirma que lo que se escribe en obras de divulgación científica y guías, “es a menudo incorrecto y requiere algunas enmiendas”. Así, por ejemplo, se habla de que antes de la conquista, las islas estaban habitadas “por los guanches”. Según el autor alemán esta palabra que se usa frecuentemente como nombre colectivo de los antiguos canarios “supone ya el primer obstáculo. Procede esa palabra de la antigua expresión “wa-n-cineci (que significa “el de Tenerife”) Por lo tanto se designa solamente para los habitantes de dicha isla. Subraya que denominar así a los pobladores de Gran Canaria sería tan falso como llamar “parisienses” a todos los franceses. En los documentos de la época de la conquista se usa solamente el término “canarios” como denominación colectiva y los primitivos habitantes de Tenerife “se llaman canarios guanches”. Sin embargo Biedermann señala que en la bibliografía especializada española se suele emplear el término “aborigen” al referirse a los primeros habitantes de Canarias para distinguirla de la población actual. En su libro Biedermann relata, además, que la conquista no fue siempre violenta, como se quiere transmitir hoy en día, especialmente por grupos independentistas, e ignoran, además la fusión de razas que se produjo. No se puede renunciar a una sangre y unos genes que llevamos dentro. Lo que no quiere decir que este fundido pueblo canario no tenga derecho, si así lo decide su mayoría, a aspirar a ser una nación libre. Así, en la Gomera, un sacerdote-augur llamado Aguamuje, aconsejó a los aborígenes de esa isla que no vedaran la entrada a las gentes que vendrían por el mar, “sino que recibieran y aceptaran todo lo que es enseñaran y dijeran porque todo sería bueno”. Es cierto que más adelante, los gomeros tendrían momentos duros. Pero esa es otra historia.. Otro contacto pacífico se produjo en Fuerteventura, donde una profetisa llamada Tibiabin, disuadió a los isleños de cometer suicidio (si se enfrentaban a los invasores), asegurándoles que pronto vendrían extranjeros “que les orientarían y aconsejarían”. Así, cuando llegó el normando Jean de Bethencourt, los majoreros se rindieron y recibieron el bautismo. Tibiabín fue la primera que se bautizó y fue una mujer de vida penitente y verdaderamente cristiana, según escribió Leonardo Torriani. Entre conquistadores y aborígenes se produce en múltiples casos un proceso de asimilación y síntesis, por lo cual la leyenda de que los primitivos canarios fueron exterminados sin piedad no es del todo cierta. Aunque sí hubo casos en que aborígenes canarios eran vendidos como esclavos. La obra “Der König von Taoro” ( El rey de Taoro), de Horst Uden, publicada en 1976, aunque es una novela de buenas intenciones, es muy deficiente desde el punto de vista científico. Uden decía que “arbitrariedad y crueldad estaban a la orden del día y que un infiel era un proscrito a quien no protegía ninguna ley y, por tanto “era una buena obra mandarle al infierno”, que era lo que podía pensarse de unos individuos que practicaban su religión con fanatismo e intolerancia hacia otras creencias. Esa supuesta desaparición se contradice con el hecho de que se han transmitido elementos de la cultura aborigen hasta nuestros días, lo que hubiera sido imposible si se les hubiese eliminado completamente-argumenta Biedermann.. Es cierto que hubo luchas enconadas en Gran Canaria, Tenerife y La Palma, pero también numerosos casos de “pacífica aculturación”-resalta Bierdemann. El científico austriaco Wölfel (que vivió entre 1888 y 1963) encontró documentos que confirman la tesis de que los primitivos habitantes de Canarias no fueron víctimas de un genocidio. Otros documentos demuestran que los canarios adoptaron pronto los nombres españoles de sus padrinos de bautismo, y que innumerables matrimonios contribuyeron a fundir en una nueva unidad a conquistadores y conquistados. También expone la teoría de que los canarios “no eran exóticos especímenes de una raza extraña, sino hombres y mujeres de piel blanca”, y en muchos casos rubios y de ojos azules, circunstancia que se da hoy en día también. El autor alemán diagnostica la presencia de un importante componente de la raza Cro-Magnon en la población canaria anterior a la conquista. Conclusión: los canarios se mezclaron pronto con los conquistadores y adoptaron su modo de vivir. Por tanto, la población aborigen sigue viviendo hoy, más o menos pura, y también en puntos de la América Latina (e incluso lo que es hoy Estados Unidos) a donde emigraron numerosas familias canarias.. Los aborígenes abandonaron una cultura propia de la Edad de Piedra, pero se reconoce que tenían una organización política y social bastante evolucionada y que poseían sentimientos elevados y nobles Lógico que estuvieran adscritos a esa época de la prehistoria si se tiene en cuenta que en Canarias no existían los metales, y utilizaban armas o utensilios de piedra (o de barro, en el caso de la alfarería) Pero eso no quiere decir que se comportaran como “cavernícolas”, en el peor sentido de la palabra.
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