Hola, buenas tardes. Antes que nada, quiero agradecer a la Alcaldesa, Mari Pino Torres, y a los componentes de la Comisión de Fiestas que se hayan acordado de este comunicador, que ya ni siquiera comunica porque un plan de regulación de empleo lo ha jubilado anticipadamente, para proponerle la responsabilidad, tremenda responsabilidad digo yo, de pregonar por Santiago en su Municipio, San Bartolomé de Tirajana. Y lógicamente, agradecer a ustedes, los vecinos de Tunte, que me permitan pegarle mecha al volador anunciador de las fiestas en honor de Santiago.
Desde luego, no va a ser éste un pregón al uso. No se me ha pasado por la cabeza, en ningún momento, hablarles de la historia de éste pueblo… ¿Quién soy yo para tal atrevimiento?... Aunque pregoneros mucho más cualificados que me han precedido hayan buceado en aspectos históricos de ésta Villa Tirajanera, son ustedes los que mejor conocen su historia, puesto que son parte de ella y los que la hacen posible.
En ésta historia sí que me atrevo, en la que protagoniza su gente, la gente sencilla, la gente pegada a tierra, la que sigue creyendo en el sector primario, aunque malviva con la agricultura y la ganadería; la del arte-sano, la que, cual timplillo, es el alma y vida de esta tierra, siempre alegre, en medio de la pobreza. Si, pobreza, porque aunque parezca mentira, en éste Municipio tan rico, hay pobreza. Mucha pobreza. Me refiero a la pobreza económica, porque en lo espiritual, hay mucha riqueza.
Sobre todo en ésta zona, donde están las raíces de este pueblo, en la zona cumbre.
Una gente, la de la zona cumbre, que nunca pensó que el solajero pegajoso e intenso de su pueblo fuera a convertirse en el mayor negocio que nunca conoció. Que el capricho de Chonis (ellos y ellas) de exponerse al sol desnudos en pelete, y como lagartos, fuera a transformar el erial de la zona costa en la finca de cemento más productiva del Archipiélago. Y mucho menos pensó que, para que eso fuera posible, habría de sacrificar su historia, su tradición, su producción agrícola y ganadera en beneficio del progreso.
De la noche a la mañana, el “Dorado” del que se hablaba en las películas del oeste que echaban en el Cine Parroquial, gracias a la iniciativa del cura José Suárez Romero (¿se acuerdan algunos de los descansos obligados por el cambio de bobina?) el “Dorado”, digo, se había descubierto en San Bartolomé de Tirajana. Esa fiebre del oro contagió a todos y a todas (que remedio) y ellos se hicieron albañiles y camareros y ellas camareras de piso. Partieron de arrancada para la zona costa, abandonando su pueblo y sus tierras de cultivo que, junto a los animales, quedaron en manos de los mayores, los únicos que resistieron (también que remedio).
Pero ello trajo consigo también que administrativamente, las exigencias de la zona costa, donde se concentraba ya el mayor núcleo poblacional, planteara el traslado de servicios como Juzgado de Instrucción, Registro Civil, Guardia Civil, e incluso el cambio de la capitalidad. Para algunos, muchos, que ya tenían su futuro encaminado en Maspalomas, no habría ningún problema en realizar el cambio de capitalidad. De hecho incluso, lo llegaron a aprobar, según la prensa de la época, por unanimidad. No fue así. Creo que la negativa de Paco López a firmar ese acuerdo de traslado, paralizó la operación que contaba con el rechazo de la gente de la zona cumbre. Al final, la polémica se resolvió manteniendo la cabeza del municipio en Tunte, pero con el compromiso de atender por igual a pagos y caseríos y desdoblando los servicios para que el monocultivo del turismo por el que se apostaba, saliera adelante, se convirtiera en la despensa de Gran Canaria, como algunos la denominan, “la sociedad de naciones”, digo yo, donde hay riqueza, mucha riqueza, pero, como siempre, mal, muy mal repartida. Un gran núcleo poblacional pero más impersonal, con poco olor y sabor de pueblo, donde casi todo es locura, egoísmo, especulación, trapicheos, construcciones desmedidas, compraventa de terrenos poco entendibles (ya lo decía el poeta Pedro Lezcano: Vendía un alemán, compraba un sueco. Y lo que se vendía era mi tierra)… Bien está que se aproveche el potencial y belleza de la zona costa del Municipio, para beneficio económico de la comarca, para el disfrute del turista, pero, opino, que se ha hecho mal desde el principio. Y no solo en Gran Canaria, sino en todas ellas. Siempre se dijo que Canarias vendia Sol, pero ésta es una mentira más. Canarias no vende sol, se malvende su territorio a intereses foráneos, salvo raras excepciones, y se conforma con que éstos, los foráneos, ocupen a una parte importante de la población en sus lucrativos negocios. Y encima hay que agradecerles que generen puestos de trabajo… Y para colmo, ahora hay que repararles las desvencijadas instalaciones hotelera y extrahoteleras. Dito sea Dios.
Cada vez está más vigente esta copla surgida, junto a otras tantas, en los años 70, que dice así:
Mucho hotel de cinco estrellas, y al campo que Dios lo asista.
Pueblo isleño ésa es tu herencia, sacrificios p’al turista.
Pero bueno, era necesario. Había que resignarse, como en su día le ocurriera al Patrón de este pueblo, a San Bartolomé, que perdió su protagonismo (desconozco si era mucho o poco) cuando el Obispo Codina, allá por el año 1.850 decidiera trasladar la imagen de Santiago el Chico desde su ermita del Pinar hasta la Parroquia de Tunte para evitar, justificaba, actos gozosos de romeros y romeras que rayaban el paganismo. Llegó a Tunte Santiago, chico, luego se hizo o lo hicieron grande, tomó el mando, con vara incluida, y se hizo o lo hicieron Alcalde Perpetuo. Imagino que el protagonismo que hoy tiene Santiago no solo se lo diera la iglesia y la política, sino el propio pueblo que siempre creyó en él. Y si ese protagonismo se lo da el pueblo, bien dado está. Lo que le ocurrió en su momento a Tunte, la pérdida de protagonismo en beneficio de la zona costa, ya tenía antecedentes en las islas. Por ejemplo, la primera Capital de Lanzarote, la Villa de Teguise, perdió su condición de Capitalidad en beneficio de Arrecife, donde empezaba a estar el peso económico de la isla conejera. Donde estén las perras, está el poder. Siempre ha sido así y lo seguirá siendo más que nos pese. Eso no tiene Cura. Le ocurre como a la Parroquia de San Bartolomé, el Patrón del Municipio, que no tiene Cura. Bueno, sí que tiene, pero pluriempleado, a tiempo compartido, a Time Sharing. Juan Ormazábal es, desde hace ya algún tiempo, el Párroco de Las Tirajanas. Lo es de Santa Lucía y de San Bartolomé, pero residiendo en Santa Lucía. Abajo, en Santa Lucía, misa a diario. Aquí, en Tunte, misas los Sábados, Domingos y algún que otro funeral. Digo yo que por éstas fechas de Fiestas de Santiago, el Obispado tendrá que decidir la incorporación de algún compañero que le eche una mano, porque el trabajo se le acumula a Ormazábal.
Razón tienen los escasos vecinos de Tunte, en su mayoría gente mayor, cuando dicen que el progreso ha desnudado el pueblo. Con la llegada de la fiebre turística, no solo se abandona el duro trabajo agrícola y ganadero, (lejanos quedan los tiempos en que esta zona contaba con la mayor producción de Albaricoques del Archipiélago; Cuando se apañaba gran cantidad de almendras y aceitunas de los almendreros y olivos cuidados con esmero, se elaboraba mazapán, guindilla...), sino que la juventud encuentra una válvula de escape en esa gran finca de la costa. Algunos continúan viviendo en la zona Cumbre, pero la lejanía y las tortuosas carreteras hacen que, desde que pueden, se hagan con una vivienda cerca de donde tienen su puesto de trabajo (si es que todavía lo tienen) porque parece que la situación económica está obligando a algunos a pensar en volver a sus raíces, a recurrir a la madre tierra, la que, generosa, nunca se ofende por mucho abandono y desprecios que le hagan sus hijos. Siempre está dispuesta a recibirles con cariño y a darles de comer.
Bueno sería que empiecen a cumplirse las promesas realizadas a ésta zona desde hace bastantes años: Rutas turísticas; miradores extraordinarios con obras de Martín Chirino incluidas; Reconstrucción de la ermita de Santiago el chico; Casa de la Cultura sin apenas actividad; Museo Etnográfico sin inaugurarse; Oficina de Información Turística cerrada… A lo mejor sirve ésta recomendación: Tómense en serio lo del turismo de Montaña. Funciona. Y si no lo creen, echen un vistazo a Tejeda. Están privaos, y viven divinamente, aunque en sus reivindicaciones figure algo que, tiene mi voto en contra: la instalación de un teleférico o funicular en el Nublo.
Pero bueno, hablemos de fiesta y de tiempos idos. De la fiesta en Tunte, por Santiago, época de trajín continuo, de ropas de estreno, de apretaduras de zapatos nuevos y estrechos, de olor a humanidad, olor a pólvora de los voladores, de bochinches, de tómbolas de chochonas, de ruletas, de casetas de tiro al blanco, de turroneras, de bandas de música, de verbenas, de ferias de ganado, de juegos infantiles, de carreras de saco y de cinta en bicicleta, carreras de caballo, batalla de flores, luchadas, paseo con música, altavoces con sonido a toda mecha, ranchos de gentes… Un montón de gente dándose cita en Tunte que provocaba la ocupación total de las dos fondas que había en el pueblo: La Fonda de Rafaelito Ortega, en las cuatro esquinas, y la de los Monzones, a pocos metros de la primera. La fonda de los Monzones era conocida también por la fonda de Las Monzonas, porque eran ellas, las mujeres de la familia las que llevaban el negocio. Un negocio modesto que daba cama y comida a los que llegaban a éste pueblo por negocios y que se veían obligados a hacer noche, puesto que ni los coches ni las carreteras de entonces eran como las de ahora, aunque Tunte siga estando lejos para venir a almorzar. Así y todo, todavía existe un establecimiento de parecidos servicios en Tunte. Me refiero al Hostal Expedita. La normativa no le permitió la categoría de Fonda o Pensión, por lo que en su pequeño letrero figura Hostal. Esto era antes de la apuesta por convertir las casonas en Hoteles rurales, como las magníficas instalaciones de la Hacienda del Molino., y tantas otras.
Trajín de los grandes también en estas fechas en la casa de Caruquita, a donde acudían los romeros, tras pagar sus promesas a Santiago, a darle rienda suelta al cuerpo en los famosos bailes que allí se organizaban por estas fiestas. Lo mismo ocurría en la tienda-bar-garaje del matrimonio formado por Domingo Pérez (gran tocador de violín y guitarra) y Juana Quintana, en Ayacata. Los romeros bajaban a Tunte a pagar sus promesas, y con la misma tiraban para Ayacata, donde disfrutaban de hasta tres días, con sus noches, de los famosos bailes que allí organizaba éste matrimonio. Bailes de cuerdas asiaditos que animaban los más famosos tocadores de la zona. Nunca disfruté de esos encuentros, ya me hubiera gustado. Pero sí que he comprobado cómo suenan las cuerdas por éstos andurriales, con gente de aquí. Les puedo asegurar que ésta zona de las cumbres de Gran Canaria, es el mejor auditorio del mundo para oír música. Las cuerdas suenan de otra manera, suenan de verdad. Es un auténtico deleite para el oído y para el alma. Más de una y de dos, y no sé cuantas parrandas me he echado por éstos lares. Sobre todo en Ayacata, Chira y Cercados de Araña. He conocido y conozco a un montón de parranderos de Tunte y sus pagos aledaños. Algunos ya no están entre nosotros, pero voy a mencionarlos porque seguro que a ustedes les traerán recuerdos imborrables.
Domingo Pescado; Francisco Ramos (La Montaña); Felipe Martín (La Montaña), que animaban bailes en Risco Blanco; Salvador Cañón; Juan de Dios (Solista de los Arenales); Pepe Caballero; Juan Segura (el de Wenseslao); Juan el Guardia (tocador de Violín) se le conocía así porque era el hijo de Juanito el Guardia; Fidel Arbelo (del Sequero) Este hombre, que tiene una invalidez en sus piernas, no se perdía una parranda por muy lejos que ésta fuera. Sus compañeros de farra lo llevaban a la pela a Risco Blanco, o a donde fuera. Además de la propia amistad, que imponía no dejarlo atrás, no podían prescindir de un tocador de Laúd como Fidel. Su toque es un auténtico trino.; Carmelo Ramón, tocador de violín de Ayacata; Guillermo y sus hermanos Donato y Perico, de los Cercados de Araña; Dámaso León; Bartolo el Colingo, en su tienda-bar- ferretería de Chira, y que luego montó un bar en playa del inglés, donde a partir de las 2 de la madrugada paraban los camareros de la zona cuando terminaban su trabajo; Antonio el Manco, en cuya tiendita se tocaban cuerdas divinamente; Antonio Cazorla; Nicodemo Peñate (Mito) y sus hermanos: Antonio, Expedito, Pedro, Pepe, y Sergio; así como sus primos Mauricio y Pepe, y el amigo Manolo, todos ellos componentes de Los Parranderos de La Cumbre; Daniel y Guillermo, de cercados de Araña; Juan el de Fontanales; Paquito, del barranco el Laurel; Sinforiano Rodríguez, un extraordinario guitarra de Risco Blanco; Luis Ramos (solista)… Y una larga lista que se haría interminable. Aunque ha habido épocas en las que estaba mal visto la incorporación de mujeres a las parrandas, también quiero destacar a tres féminas, extraordinarias cantadoras solistas. Son ellas: Fela Alemán (La catarrera), de la culata de risco blanco; Paquita Santana Álvarez, también de la culata de Risco Blanco; y Paquita Santana, de Tunte. Voces bien timbradas como los capirotes de la barbería de los hermanos Francisco y Manolo, que merecidamente han sido homenajeados en esta edición de la Fiesta de Santiago. Y es que llevan nada menos que 57 años tomándoles el pelo a los vecinos de Tunte. Lo de la tomadura de pelo, entiéndase, en el buen sentido.
No quiero dejar de mencionar a dos amigos del alma que fallecieron prematuramente, que fueron los que me permitieron conocer la belleza de la zona y el contacto con su gente. Me refiero a Carmelo Quintana, el del Bar Melo y La Candelilla, en Ayacata, y su primo Venancio, de los canalizos, guarda forestal. A los dos, cuando ostentaba la Jefatura de Programas de Radio Nacional de España en Las Palmas, les mencioné el empeño de un compañero de Radio Nacional en Madrid, Miguel Blanco, que conduce el programa sobre misterio “Espacio en Blanco”, de realizarlo en la cumbre, para lo que convocaría a sus oyentes en las islas, que son muchos. Captaron la idea y nos llevaron al lugar idóneo: a Morro Santiago, donde estaba la ermita. Lugar ideal llano y diáfano para el empeño. Al final, la realización del programa no se llevó a cabo, porque la concentración, como se preveía, de miles de personas en la zona, de noche, precisaba de un dispositivo de seguridad muy importante, y la emisora no estaba dispuesta a hacerse cargo de ello. Pero la predisposición de éstos amigos, de Carmelo y Venancio, fue incondicional. Con ellos también parrandié algo por estos andurriales, sobre todo en La Candelilla, en el negocio de Carmelo que continúan llevando sus hermanos Paco y Pedro y su sobrino Nico.
Voy terminando ya este rollo que a modo de pregón les estoy marcando, señores.
Habrán notado que hasta el momento no he hecho referencia a la figura y la obra del más ilustre de los hijos de este pueblo: A Francisco Guerra Navarro, a Pancho Guerra. Imagino que están ya acostumbrados a que cada año, el pregonero haga referencia, aunque sea de pasada, al nacimiento en Tunte de ésta figura de las letras canarias, quien mejor supo captar y plasmar la forma de ser y hacer del isleño, no solo a través de los cuentos del famoso personaje por él creado, Pepe Monagas, sino por sus memorias, que son de auténtica antología, su léxico, que no pudo acabar porque la muerte le sorprendió prematuramente, sus artículos periodísticos o crónicas judiciales del periódico madrileño “Informaciones”, sus entremeses, obras de teatro… Una herencia literaria importantísima a la que se ha querido encasillar, como desvalorizándola, en la denominada literatura costumbrista. Para nada. Ya quisieran algunos encumbrados escritores isleños tener la capacidad y el ingenio de Pancho Guerra. Me gustaría conocer la opinión, por ejemplo, del escritor colombiano Gabriel García Márquez sobre la producción literaria de Pancho Guerra.
Si Obligado es hablar de Pancho Guerra en su pueblo, en mi caso lo es doblemente, pues llevo reivindicando la figura y la obra de Pancho Guerra desde hace muchos años. No solo desde la atalaya que me brindaban los medios de comunicación en los que he prestado mis servicios, sino en cada uno de los pregones que he tenido la fortuna de realizar en distintos pueblos de la geografía insular. Me he convertido en un perretoso solicitando, por ejemplo, al Cabildo de Gran Canaria, la reedición de las obras completas de Pancho Guerra, pues las nuevas generaciones tienen también derecho a conocer la herencia literaria que nos dejara este genio de Tunte. Sus obras, no se reeditaban desde hacía 33 años, desde que la Mancomunidad de Cabildos, a través de su famoso Plan Cultural, las publicara en 1.977. Afortunadamente, ésta es una reivindicación de muchos. Entre ellos, un hijo de este municipio, el amigo Pedro Franco, o la Fundación que lleva su nombre, cuyo presidente, un sobrino suyo, Miguel Guerra García de Célis, el pregonero de éstas fiestas de Santiago del año pasado, ha logrado, coincidiendo con el Centenario del nacimiento de Pancho Guerra, arrancar un compromiso al Cabildo Grancanario para la reedición de su importante obra. Eso sí, poco a poco, porque no hay muchas perras para el departamento de cultura de la institución insular. Aunque sea un librito al año, debemos felicitarnos por ello. De hecho, el pasado miércoles día 30 del pasado mes de Junio, se presentó en la Casa de Colón, el primero de la colección, compuesta por cuatro libros editados por el Cabildo de Gran Canaria, bajo el título “Francisco Guerra Navarro. Obras completas” Se trata de: “Pancho Guerra. Memorias de Pepe Monagas”, en el que se incluyen varios textos inéditos del autor, gracias a la labor de investigación de la Fundación Pancho Guerra. Una Fundación que, con un pequeño apoyo del gobierno de Canarias, ha publicado recientemente un libro con los Cuentos de Pepe Monagas convertidos en Décimas. Una publicación que por el escaso presupuesto no ha llegado a las librerías. Pero además, recientemente se ha firmado un convenio entre el Parlamento de Canarias y la Fundación, para editar una biografía del escritor Tirajanero. Algo tarde, pero se empieza a hacer justicia.
Desde mis modestas posibilidades, quise darles una agradable sorpresa en este pregón: Traerles la voz de Pancho Guerra. Sí, la voz, porque Pancho Guerra, en su estancia profesional en Madrid, trabajó, durante un tiempo en Radio Nacional de España, empresa pública donde desarrollé mi labor periodística durante los últimos 30 años. No ha sido posible rescatar la voz de Pancho. Pensé que estaría en el importantísimo archivo sonoro que atesora la radio pública en Madrid, pero los responsables del mismo me indicaron que grabaciones tan antiguas no las tienen controladas. Hablamos del año 1.947. En los meses de verano de ese año, se emitía, semanalmente, un programa titulado “Islas Canarias”. Eran unas “comedietas” en las que se hablaba de las actividades artísticas de los isleños en La Península, y se realizaban unos sketch, en los que participaba el propio Pancho Guerra, con guión suyo, junto a Pacota Mesa y otros isleños residentes en Madrid. El programa desapareció de antena en unos meses, puesto que, según declaraciones del propio Pancho Guerra en una entrevista concedida al Diario de Las Palmas en una de sus visitas veraniegas a su pueblo y su gente (aquí en Tunte se recuerda los encuentros con Juanito el Guardia, padre del buen amigo Vicente Santana, el Cura, y con Lola Medina, la partera del pueblo), desde Gran Canaria hubo llamadas telefónicas a la dirección de Radio Nacional en Madrid, señalando que lo que en el programa se hacía no tenía nada que ver con las Islas Canarias. No hace falta decir que los que no le querían bien, sobre todo políticos del régimen, acabaron con la aventura radiofónica de Pancho. Y desgraciadamente, las grabaciones de esos programas, porque todo se grababa, han desaparecido. O algún desaprensivo, que también los había y los hay, posiblemente utilizó aquellas cintas para grabar otras cosas si escaseaban cintas limpias. Nos quedamos con la magua. Juan Rodríguez Doreste, en el programa de actos preparado con ocasión de la inauguración de la Casa de la Cultura, Pancho Guerra, aquí en Tunte, en Febrero de 1.977, dijo de Pancho entre otras cosas, lo siguiente: Leerlo con la lenta fruición que merece esta prosa suculenta, llena de ingenio, de chispa y sabiduría, es como estarlo escuchando. Solo nos faltaría la magia de la voz tan cautivadora cuyos ecos -nada se pierde, nada se destruye- deben estar perpetuamente sonando en sus confines celestiales. Conformémonos con ello, que no es poco, aunque seguiremos indagando, por si, en algún rincón de ese archivo radiofónico, perdido, olvidado, tuviéramos la fortuna de encontrarnos con la voz de este ilustre hijo de la Villa de Tunte, periodista, escritor, y autor teatral. Afable, sencillo, siempre amigo, que nos legó una herencia valiosísima, pero sobre todo, su amor por lo nuestro. Un amor que no abandonó durante su estancia profesional en Madrid. Además de estar en contacto con los isleños que vivían en la Capital del país, con quienes se reunía en el Hogar Canario, Pancho organizaba festivales artísticos, con contenidos netamente canarios. En 1.952, la prensa titulaba: “Triunfo de una Compañía de Artistas Canarios en el Teatro Español de Barcelona”. Un espectáculo musical, con libreto de Pancho Guerra, titulado “Seamos Alegres”, con María Mérida, Pepita Sarmiento, Francis Dina, Rudolf F. Kraus, y un extraordinario Ballet. Este espectáculo recorrió las principales poblaciones de la Península.
Un apunte más sobre Pancho Guerra, y acabo. La primera vez que un timplillo se coló en una gran orquesta, fue en 1.951. Y, cómo no, en ello tuvo que ver Pancho Guerra. María Mérida grababa en esa fecha, nada menos que 4 discos. En uno de ellos se incluían 4 creaciones de Néstor Álamo: “Adiós Canarias Querida”, “Isla mía”, “Rubio y alto”, y “El zagalejo”. Néstor, ya saben, todo carácter, puso como condición que en la grabación de sus temas se incluyera en la orquesta un timple. Al principio hubo acuerdo, pero a la hora de la grabación, el director dijo que no, que el sonido del timple era vulgar, que era estridente, poco armónico, pobre… Y Néstor, con su bastón dispuesto a lo que fuera, y acompañado de Agustín Miranda Junco y Pancho Guerra, le dijo al director de la orquesta: “Si no hay timple, no hay grabación”. El madrileño empieza a recular y se tercia buscar el timple y al timplista. De eso se ocupó el tirajanero. Aunque era domingo, nevaba en Madrid, y hacía un frío del carajo, a la hora y media aparece Pancho con el Lagunero Leocadio Machado y su timple, quien se hizo el dueño de la situación musical. Al final de la grabación, tanto el director de la orquesta como los componentes de la misma, reconocieron que el timple le había dado alegría y color vital a las canciones. Quedó claro también el desconocimiento de aquellos sobre nuestro camellito sonoro.
A lo mejor sobra decir que el Ayuntamiento de San Bartolomé de Tirajana se une a la petición que desde el Cabildo y otras instituciones se ha realizado al Gobierno de Canarias para que el próximo año 2011, el Día de las Letras Canarias esté dedicado a Pancho Guerra, un Tirajanero, de Tunte, que del barro, de la pasta de la que está hecha el isleño, de su espíritu, supo extraer la savia y el jugo de sus humanas creaciones. Hasta su famoso personaje, Pepe Monagas, lo hizo nacer en estos andurriales una víspera de Santiago. Entre ventorrillos de romeros y sones de timples y guitarras.
Que suenen timples y guitarras, los auténticos pregoneros de unas buenas fiestas como las de Santiago en Tunte. Que las disfruten.
Antonio Betancor Rodríguez.
Es un veterano comunicador, siempre relacionado con la radio y la televisión.
Sus comienzos, desde muy joven, fueron en la desaparecida Radio Atlántica, donde conoció la magia de este medio. Desde 1975 a 1978 formó parte de la plantilla de Radio Popular Canaria de Las Palmas, de la que fue Jefe de Informativos hasta su incorporación a Radio Nacional de España en Las Palmas, donde prestó sus servicios durante 30 años. Fue Jefe de Programas, de Informativos y director durante unos meses hasta que se prejubiló en octubre de 2007.
Simultáneamente participó 8 años en la redacción de deportes de Televisión Española en Canarias; prestó su voz a programas como Senderos Isleños o a la serie sobre los 40 años de TVE en Canarias en las Islas. Presentó el mítico programa Tenderete durante 7 años.
Ha pregonado también la Fiestas de San Juan de Haría (Lanzarote), las del Almendro en Flor del Valsequillo (Gran Canaria), las de la Concepción o de la Caña Dulce de Jinámar (Gran Canaria), las de San Juan de Cofete (Pájara, Fuerteventura), las de San Mateo (Gran Canaria) y las del Almendro en Flor de Tejeda (Gran Canaria).
Fuente: bienmesabe.org








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