Creía que aún le quedaba mucha madera que quemar al premio Nóbel portugués, José Saramago. El primer Nóbel de ese país. Pero adelantó su último viaje silenciosamente, dejándonos el interrogante de sus futuras creaciones literarias. De su activismo pertinaz.
Y teníamos el honor de tenerle como residente en una de nuestras islas más fantásticas- Lanzarote- Una isla que no era famosa por su mar -como él mismo decía-sino por su tierra negra, volcánica. Piedras, luz, nubes, sombras, ideales para la reflexión, para la meditación, para la inspiración. Para vivir en paz en un mundo con escasa paz
Pude ver la entrevista que el periodista y escritor canario Juan Cruz le hizo en la casa lanzaroteña de Saramago.
“Estamos bajo una dictadura económica-dijo el escritor luso. Añadió que los gobiernos no gobiernan nada. El que gobierna es el capitalismo. Habló del “perdón de la deuda” a los países del tercer mundo, a los que están en desarrollo, que debido a los altos intereses no permiten tal desarrollo. Se convierte en un arma más contra la población de esos países debido a las corruptelas políticas. Situaciones que nos recuerdan a algo que también gira en nuestro entorno.
El hombre es una abstracción. La humanidad es otra abstracción. La vida misma es una abstracción. De donde venimos, que hacemos en este mundo que gira y gira, a dónde vamos. “No tenemos nada nuestro, excepto la genética”
Habló de la isla que eligió, mientras no terminaran de hacerla “invivible”. Saramago mostraba que tenía una gran capacidad de adaptación, y por eso se adaptó a vivir en una isla tan extraña como Lanzarote. Afirmaba que no le causaba claustrofobia. Hasta el año 1993 había vivido en Portugal y hasta después de los 45 años no empezó a viajar y a conocer otros países del mundo. Su primer viaje fue a París.
Lanzarote: César Manrique tenía razón. Pero un absurdo accidente derribó su obra. Le recordaron durante algún tiempo. Luego, olvidaron sus enseñanzas. Su filosofía de una isla sostenible en el espacio y el tiempo. ”Su idea se ha ido borrando en la conciencia del hombre”- afirmó Saramago. “La memoria es selectiva y tiene una función protectora”.
Habló de la fragilidad extrema de las islas, de Lanzarote, de las otras islas Canarias, de todas las islas e islitas del mundo. .”Estar en una isla es algo que se parece a la vida”. Uno comienza a recorrer un camino hasta llegar hasta donde empezaste a andar.
En Lanzarote-por causa del dinero, la ambición, la ignorancia y la desfachatez, se ha olvidado lo que significa “Reserva de la Humanidad”.. ¿Quién manda en Lanzarote? José Saramago asegura que solo quienes piensan en dólares, libras, marcos (euros) ..”. Dinero, dinero.
¿La moratoria? Un engaño más. “El dinero manda en todo el mundo” “Las cosas en Lanzarote están empeorando”
El pensamiento de Saramago se inclina siempre a favor de los más pobres y explotados.. Pero no hablaba de teorías, sino de realidades.
El abuelo de Saramago era analfabeto. Su nieto fue un Premio Nóbel. Durante su niñez Saramago no tenía juguetes. Nadie se los regalaba. Él tenía que fabricarse algunos para jugar.
Su casa lanzaroteña estaba plagada de figuras de caballos. Una pequeña frustración juvenil le llevó a amar a estos animales. “Me he caído de un caballo que nunca he montado”
A partir de 1986, los cambios en su vida fueron alucinantes.. Y en 1998 llega el reconocimiento mundial con su Premio Nóbel. Ahí están sus obras. Ahí está su pensamiento. “Manual de pintura y caligrafía”, “Levantado del suelo”, “Memorial del convento”, “Casi un objeto”, “La balsa de piedra”, “Historia del cerco de Lisboa”, “El evangelio según Jesucristo”, “Ensayo sobre la ceguera”, “Todos los nombres”, “La caverna”, “Cuadernos de Lanzarote”(I y II), “Viaje a Portugal”, “Cuento de la isla desconocida”, “El hombre duplicado”
“Innovando frente a las convenciones de la novela, Saramago convierte la voz narradora en sujeto activo, en un juego metaliterario que pone al servicio de la historia y que va mucho más allá de las rupturas estrictamente formales. Una novela que se lee con la avidez de un relato de intriga pero que nos sumerge en las cuestiones esenciales de la vida”. (Crítica de Alfaguara sobre “El hombre duplicado").








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