El 30 de Mayo no es, para los hombres y mujeres de estas Islas, una fecha cualquiera. Es el Día de Canarias, la fiesta de nuestra comunidad, que se desarrolla en todos los lugares del Archipiélago y, también, en otros muchos del mundo en los que hay una presencia relevante de personas procedentes de esta tierra. Es un día para comprometernos con nuestra riqueza musical, deportiva o gastronómica, pero también para mirar al futuro. Haciendo posible la convivencia entre el respeto a las tradiciones y la apuesta decidida por la modernidad.
Y el Día de Canarias del año 2010 llega en uno de los momentos más duros para esta tierra y para su gente, en medio de una profunda crisis económica y social, después de un período de desarrollo y avance en muchos de los ámbitos que nos llevó a alcanzar los mayores niveles de bienestar de nuestra historia.
Estamos, como digo, inmersos en una profunda crisis económica, con una significativa destrucción del tejido productivo, con la brusca caída del sector de la construcción y un retroceso también, en el último período, en los datos de nuestra principal industria, el turismo. El volcán islandés ha frenado la recuperación de las cifras de visitantes y, además, sigue cayendo el gasto turístico.
Las repercusiones de estas circunstancias en el empleo han sido demoledoras. La Encuesta de Población Activa (EPA) refleja ya más de 300.000 personas en situación de desempleo en el Archipiélago, lo que nos coloca, con un 27,7%, a la cabeza del paro en el Estado español, 7,6 puntos por encima de la media estatal. Nuestra comunidad es, asimismo, la que tiene un mayor porcentaje de familias con todos sus miembros en situación de desempleo. Y es en la que más bajan las afiliaciones a la Seguridad Social, es decir, donde más se destruye empleo. Asimismo, tenemos los salarios privados más bajos de España, con cifras record de mileuristas.
Las medidas anunciadas a bombo y platillo por el Ejecutivo de Rivero y Soria, como los 10.000 empleos que surgirían del aumento del impuesto sobre el tabaco rubio o los 80.000 que prometieron crear desde enero de 2010 a mayo de 2011 con el abono a los empresarios de las cuotas de Seguridad Social, se han mostrado como un puro ejercicio de propaganda que en nada han impactado en la creación de empleo.
Servicios públicos
Es sintomático, asimismo, el creciente deterioro de los servicios públicos esenciales. Con una Consejería de Educación sin otra política que la de mantener abiertos los centros educativos, incapaz de establecer estrategias que coadyuven a superar nuestros actuales déficit y que hagan mejorar los niveles de equidad y de éxito escolar. Y con una Sanidad cada día peor gestionada, que genera una enorme insatisfacción entre sus usuarios. El Barómetro Sanitario 2009, recientemente presentado, muestra como los ciudadanos y ciudadanas de Canarias son los que peor valoran su sanidad de todas las comunidades autónomas.
Igualmente, continuamos a la cola en la aplicación de la Ley de la Dependencia. En efecto, en el informe realizado por la Asociación Estatal de Directores y Gerentes en Servicios Sociales, que incluye los últimos datos oficiales aportados al Sistema para la Autonomía y Atención a la Dependencia (SAAD) por las Comunidades Autónomas, Canarias es la comunidad que acumula mayor desatención, con un 60% de personas que, teniendo grado y nivel suficientes para ejercer el derecho a ser atendidos, siguen a la espera del Plan Individualizado de Atención (PIA), así como la comunidad con la menor tasa de atendidos de todo el Estado, 3,4 por 1.000 habitantes cuando la media estatal es 11,8.
La gravedad de la situación se percibe también en el terreno del medio ambiente. Seguimos atascados, por la incapacidad del Gobierno canario, en el desarrollo de las energías renovables, para las que tan positivas condiciones tienen las Islas. Y hemos podido asistir estos días al espectáculo de la vergonzosa reducción de la protección de numerosas especies, cuando la biodiversidad es una de nuestras mayores riquezas; con el agravante de que sus autores, ATI-CC y el PP, no se han escondido al señalar que el fin último era cargarse los sebadales y tener vía libre para la construcción del puerto de Granadilla.
Similares derroteros se pueden observar en el panorama político-institucional. En vez de remar en la misma dirección para tratar de abordar con rigor las grandes tareas y sacrificios que exige esta dura crisis económica, el electoralismo y la falta de altura política se reflejan en el enfrentamiento partidista, como quedó patente en la votación de las medidas de ajuste en el Congreso de los Diputados.
Situación que se reproduce en Canarias, con el agravante de que un Gobierno canario centralista e insensible a la realidad territorial del Archipiélago protagoniza, un día sí y otro también, enfrentamientos con los cabildos y con los ayuntamientos.
Campaña
Mientras todo esto sucede, el Gobierno, sus dos socios, parecen haber entrado en campaña preelectoral permanente. Con el presidente prometiendo miles de empleos y el vicepresidente planificando reestructuraciones administrativas, como la reducción de consejerías, luego rechazadas por Rivero y calificadas de ineficientes y demagógicas. Mientras se confrontan en los medios y la nave del Gobierno se mueve sin rumbo alguno, Canarias, su gente, sólo puede tener la esperanza de que el 30 de mayo de 2011 las circunstancias hayan cambiado porque la ciudadanía en las urnas haya puesto fin apenas unos días antes a este Gobierno agotado, incapaz y sin otra idea que no sea su propia perpetuación.








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