Como muchos que viven y trabajan en este sur, yo nací de una familia que vivía del tomate, mi madre tomatera y mi padre tomatero y yo crecí en una caja de madera, me críe entre tomateros y millo, calabaceras y colinos, viví como una persona digna y eso fue lo que me enseñaron mis padres dignidad y seriedad, con esas dos cosas eran suficientes para poder ir por el mundo sin tener que bajar la cabeza, pero siempre mire a mis padres con la añoranza de quien quiere vivir mejor, tal vez eso que me enseñaban no era lo correcto, pues después de mucho sacrificio y trabajo solo consiguieron su casita, un coche que les llevara al medico y poco mas que muchos recuerdos de trabajo y desconsuelos, una vida llena de penurias, recuerdos de la lucha diaria y la ilusión de un día mejor, del trabajo para que sus hijos, nosotros tuviéramos algo mejor.
Ellos como tantos otros lucharon por que los tomates se pudieran vender a precios razonables, ellos lucharon para que el agua no nos faltase, lucharon para que sus hijos tuvieran universidad en Gran Canaria, lucharon y lucharon por todo lo que creían que era justo, nacían los movimientos vecinales y ellos lucharon, nacían las cooperativas y ellos lucharon, ellos lucharon.
Yo que miraba a mis padres que junto a aquel pueblo luchaban y conseguían que esa lucha tuviera sus frutos, nací con esa idea de luchar, de enfrentarme al caciquismo, mirar a la cara al que viene a engañarnos y decir basta, me críe con las ganas de vivir y no desfallecer, de poder algún día luchar junto a mi pueblo y levantar nuestras islas para que nuestros hijos al igual que pensaron mis padres, tengan un futuro mejor.
Hace algún tiempo tuve la oportunidad de la mano de otra persona luchadora de estar dentro de un grupo de gente con ganas de hacer algo diferente, de tirar del carro y representar a ese pueblo cansado de ver como el amiguismo, el caciquismo, el miedo y el pasotismo se adueña de nuestras vidas.
Tristemente vemos como los problemas se adaptan a nuestras vidas y los convertimos en algo rutinario, para no tener que enfrentarnos a ellos, vemos como los políticos y mandatarios nos dicen lo que queremos escuchar, dicen lo políticamente correcto, pero sin soluciones y nos vamos tan tranquilos como si llevásemos un caramelo envuelto y al abrirlo nos damos cuenta de que dentro no hay nada, nos vamos vacíos
Esto es lo que no quiero que me ocurra, no quiero luchar por algo que no existe, no quiero escuchar lo políticamente correcto, no quiero perder un tiempo de la lucha con un enemigo que no existe, no quiero que aquellos que confían en mi dignidad piensen que la he perdido, no quiero rodearme de cobardes que nos envían a la lucha mientras ellos trafican con la honradez, no quiero vivir pensando en que he perdido antes de luchar, quiero vivir como mis padres, dignos de ser quienes son, poderosos porque ellos junto al resto fueron capaces de levantarse una mañana y mirar al horizonte sin que nadie les arrebatara su sueño, sin escuchar lo políticamente correcto para ver la realidad y fueron capaces de tumbar al mas fuerte, porque ellos siempre tuvieron dignidad








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