Secundino Delgado Rodríguez, el 4 de mayo de 1912, fallecía en la isla de Tenerife, después de todo un calvario que tuvo que soportar, ese vía-crucis que manifiesta en su libro ¡Vacaguaré!, obra esencial para comprender el talante del joven canario que tuvo que coger la maleta para buscar una justicia social que no encontraba en su isla. Ese viaje a América fue esencial en su vida, en el desarrollo de su ideal político, en su matrimonio con una norteamericana, en su apoyo a la revolución cubana.
Nacido en el año de 1871, siendo su padre don Secundino Delgado del Castillo, herrero de profesión, dejando huérfano a un niño que tuvo que madurar tempranamente para apoyar a su madre, doña María Rodríguez Hernández, decidiendo embarcar hacia América, siendo Cuba su destino inicial, se instalará en los EE.UU.
Es en el barrio de Ybor City (Tampa), recién creado por un grupo de exiliados cubanos (año de 1885), que además de sus actividades políticas contrarias a la ocupación española de Cuba, se dedicaban a la fabricación de tabaco habano, será uno de ellos, don Vicente Martínez-Ybor, quien le diera nombre a la zona.
En este ambiente de trabajo manual e intelectual, Secundino Delgado, bañado de ideales anarquistas, lejanos al racismo y xenofobia de Sabino Arana, se verá influido por los ideales independentistas de José Martí, apoyando la revolución cubana como infiltrado en La Habana, siendo acusado de la colocación de una bomba, pretexto utilizado por el General Weyler para acusarlo en un tribunal militar y encarcelarlo en Madrid, vivencias que narra en su libro.
Con la publicación de El Esclavo en Tampa y del Guanche en Venezuela se reafirmaba en su lucha por una sociedad más justa, por la libertad del pueblo canario. Junto con el Acuerdo de Calatayud, Secundino Delgado es un protagonista destacado de nuestra nacionalidad histórica, de la lucha política que sostenemos por la independencia del Archipiélago.






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