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Abusadores

Miércoles, 28 de Abril de 2010
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Si la Iglesia fuese más modesta, otro gallo le cantaría. Los dirigentes católicos, ante la avalancha de denuncias por pederastia, en vez de reconocer la evidencia y comportarse como buenos cristianos, se defienden atacando. Cuando se les acusa de abusos sexuales a menores, salen con el subterfugio de que la mayoría de esas violaciones son cometidas por familiares y no por los eclesiásticos, como si tuvieran más importancia las cifras que los hechos. Que los familiares de los niños ultrajados hayan abusado en mayor porcentaje que los curas no les exime a éstos de su gran responsabilidad. Esta semana el obispo Cases ha vuelto a repetir lo que dicta el argumentario del Vaticano: sí, hay curas pederastas y pedófilos, y está mal, pero hay más familiares aún que cometen estas tropelías contra niños inocentes. La Iglesia, haciendo caso omiso a sus enseñanzas evangélicas, se empeña en mirar la paja del ojo ajeno declinando su culpa de la viga en el propio. No sé si el celibato facilita el abuso sexual de los curas, pero no sería nada extraño que esa opción de vida los aboque a delinquir. Porque esa es otra. La Iglesia se cree que está por encima del bien y del mal porque considera que su reino no es de este mundo. Con esa miserable excusa quiere evitar la condena penal de sus empleados en la vida terrenal porque ya serán condenados en la otra vida. Empleando esta lógica, también los asesinos, terroristas, violadores y narcotraficantes podrían exigir bula terrenal por sus delitos que ya lo pagarán en el infierno, en el caso de que exista, que ya hasta el Papa lo duda. Estamos en un Estado aconfesional y ninguna confesión religiosa debería tener manga para hacer de su capa un sayo. Abusar de niños será un pecado para los católicos, pero también es un delito que debe ser pagado en esta vida. De la otra aún no tenemos constancia.
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