Existen bastantes barrios pertenecientes al municipio de Las Palmas de Gran Canaria, que se encuentran desilusionados con la actuación, o más bien, la no actuación del ayuntamiento en esas zonas, bien de la periferia, o de lugares más alejados de centro capitalino.
Quiero manifestar también que entiendo, en parte, esa aparente desidia que existe para atender determinados problemas de barrios, teniendo en cuenta que dos alcaldes anteriores del actual dejaron las arcas de las Casas Consistoriales bastante vacías, bien en dispendios que no venían a cuento, bien en obras, que también se hicieron, porque no diríamos la verdad si no se reconociese, o, en algunos casos, debido a los pleitos en los que se metió el ayuntamiento que dejó un cúmulo de querellas y deudas que tendrán que satisfacer la corporación municipal, es decir, los contribuyentes. Eso sin contar el dinero que doña Josefa tuvo que entregar a unos “arquitectos estrellas”, para que realizaran el proyecto de la Gran Marina, o el del Guiniguada, y para pagarles el viaje y estancia en esta capital. Porque, que yo sepa, no lo hicieron gratis. Ya sabemos que en estas islas tan prósperas y generosas, se dispara muy bien con pólvora ajena, sin que los derrochadores se gasten una perra de su bolsillo. ¡Así cualquiera!.
Claro que lo que me extraña es que lo que antes eran manirrotos y tiraban el dinero público en grandes banderas, en grandes mástiles y en grandes fastos, vengan ahora a darnos lecciones sobre el ahorro y cómo se debe ahorrar en las administraciones públicas. No deja de ser una incoherencia.
Aclarado esto, diré que los habitantes de los barrios, que estoy seguro que votaron mayoritariamente a una partido de izquierdas, a un partido al que se presupone gran sensibilidad en temas sociales y que se supone que está al lado de los trabajadores y de las clases más humildes, se han llevado una gran chasco, una gran desilusión con los que ahora, gracias a sus votos, se han atrincherado en el ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, con sus asesores y demás enchufados, alfombras rojas y demás parafernalias, en una época de austeridad y crisis, sin atender sus más elementales reivindicaciones.
Barrios como Guanarteme, La Minilla, Salto del Negro, Jinámar, La Matula, La Montañeta, San Francisco de Padua, Vega de San José y otros, han expresado que los pactos municipales, realizados con el actual gobierno, no se cumplen, pero si se observan movimientos especulativos que no agradan nada a los ciudadanos, como, por ejemplo, la construcción de una zona comercial en Tamaraceite, el hecho de que continúen ahí las torres del canódromo, y la marcha atrás en las decisiones que se habían tomado en Guanarteme. Estos barrios están que trinan, y se muestran dispuesto a la rebelión
¿Es que estamos condenados a que los ciudadanos sean engañados una y otra vez, y que todos los partidos políticos terminen cediendo a una dinámica motivada por presiones económicas e intereses, en perjuicio, además, de la pequeña y mediana empresa canaria que, o no recibe ayudas, o se ve ahogada por los grandes almacenes, por las multinacionales de la alimentación, aherrojando cada vez más a los emprendedores y productores isleños??
Ciertamente, muchos de los que creían en el PSOE no esperaban nada de esto. Por lo tanto, si continúa así, no será el señor Saavedra quien se siente en la poltrona en las próximas elecciones, y mucho menos va a ver realizado su sueño de que Las Palmas se convierta en Capìtal Cultural. ¿Una ciudad cultural con tan poco “cultura política”, y de la otra?. ¡Ni en sueños!
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La Vega de San José es un claro ejemplo de estos olvidos municipales. Se habían prometido unas obras de acicalamiento, de mejoras, pero no se está haciendo nada, o casi nada.. Es un barrio modesto, donde viven gente trabajadora y funcionarios, que también son trabajadores , y en estos momentos hay también jóvenes y no tan jóvenes en paro, y bastantes jubilados.
Si uno se pasea por el barrio, u oye a las asociaciones de vecinos detectaremos las carencias existentes.. Se ha visto muy poco la mano del municipal en esta etapa socialista, en la que repito, muchos confiaron aquí.
Hay bastante abandono en muchos aspectos. Aceras y paredes rotas, bloques de viviendas descuidados y en lamentable estado, jardines que no son asumidos por el ayuntamiento (y menos mal que hay personas que cuidan algunos de ellos), o que no se planten otros espacios que podrían convertirse en zonas verdes o en parques infantiles
Basuras que se acumulan en diversos espacios, (parece que hay como un concurso a ver quien ensucia más por metro cuadrado, porque saben que no hay ninguna respuesta municipal a estos desmanes). Existe permisividad municipal en hábitos tan incívicos como deterioro del mobiliario urbano; permitir que los perros realicen sus necesidades y que la mayoría de los dueños no se preocupen de limpiar lo que dejan; llevarlos sin bozal, como está establecido; estacionamiento en paradas de las guaguas, sobre aceras o donde se tercie, sin que les ocurra nada, claro. Luego, chapuzas por doquier y ninguna obra que pueda considerarse seria y concreta, como si aquí estuviese todo cubierto y completo.
Luego vienen a podar árboles y palmeras (que por cierto podan muy mal) y lo hacen todo muy superficialmente, o a medias, dejando después algunos jardines sucios.
El barrio estaría mejor si existiese una biblioteca pública, o al menos municipal, si se construyeran centros para mayores, o discapacitados, o para formación de jóvenes sin trabajo o sin oficio, que se ven a veces formando corros, perdiendo lastimosamente el tiempo.. Se necesita que se realice el proyecto del complejo parroquial previsto, que incluye un aparcamiento, tan necesario en esta zona debido a la cercanía del Hospital, ambulatorios y centros educativos, y donde, a veces es muy difícil encontrar un estacionamiento y máxime ahora que se acaba de eliminar otro con las obras –no deseadas en este barrio- del edificio para el Frontex.
La comunicación con los vecinos es importante. Si el gobierno municipal, por las causas que fueren, no podía asumir compromisos, tenían que haber hablado claramente con los vecinos exponiéndoles la situación. Es mejor no prometer nada que hacerlo y luego no cumplir. Es frustrante y debilita la credibilidad que quienes se atreven a hacerlo. Además, estos incumplimientos sirven de arma arrojadiza de la oposición contra los que ostentan el poder.










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