¿Qué información manejará el juez Baltasar Garzón para que la progresía en pleno de este país llamado España haya salido en bloque a defenderlo frente al magistrado Varela que es quien ha conseguido llevarlo al banquillo por una de las tres causas de peso por la que ha sido acusado, las escuchas ilegales en la trama Gürtel, ley de la memoria histórica o los negocietes con el banquero Botín y sus cursos en los Estados Unidos pagados con, entre otros, los dineros de muchos clientes de la entidad que no concede créditos, pero que sí se gasta los millones en la Fórmula 1? Evidentemente, hay mucho temor en la Moncloa, concretamente por parte de José Luis Rodríguez Zapatero, él sabrá por qué, y no se ha dudado un instante en poner de acuerdo a los sindicatos laborales y a los de la ceja para unirse como en Fuenteovejuna, todos a una, a apoyar al juez megaestrella de la judicatura.
Lo cierto es que la fractura social y moral que se está provocando en los últimos años desde la llegada de ZP a la presidencia del Gobierno es de tal calibre que son ya varias las voces las que consideran que falta relativamente poco para que volvamos a sacar las armas a la calle y empecemos a pelearnos como en el año 1936. Este mandatario ha sacado, ya no del baúl de los recuerdos, sino de las fosas más profundas de las entrañas de la Tierra, una serie de acontecimientos manipulados, tergiversados, convenientemente cercenados para crear un clima de debate que nos desvía de lo sustancial. ¿A alguien le interesa, después de muchas décadas, que Miguel Hernández o Federico García Lorca, fueron asesinados por las huestes de los azules por no pensar ideológicamente como ellos o por tener una orientación sexual no acorde con los tiempos? Pues miren, me imagino que a los familiares de la época sí, pero ahora, porque al jefe del Ejecutivo le matasen a su abuelo, no es de recibo que se quiera hacer norma general un suceso individual porque, ya que estamos, reabramos las heridas hasta el paroxismo y saquemos a la palestra los religiosos fusilados o las carnicerías que, bajo la firma del señor Santiago Carrillo, se llevaron a efecto en Paracuellos del Jarama.
España, afortunadamente, logró dejar atrás toda una época de crispación, de rencillas, de enfrentamientos entre nativos y se dio la oportunidad de la Constitución de 1978. Es curioso que cuando los que quisieron que se investigasen los crímenes de Paracuellos fueran despachados con cajas destempladas por el propio Garzón alegando éste que esos hechos habían prescrito. Digo yo, entonces, que con más razón están fuera de órbita las atrocidades que se pudieron cometer en la Guerra Civil, y que no sólo se produjeron en el bando de Franco, sino también en el de los rojos. Pero nada, aquí lo que interesa es meter bulla, evitar que se hable de otras cosas y mientras les paguen a toca teja, siempre tendrá ZP y Garzón la defensa de los sindicalistas del trabajo y de la ceja.










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