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La desaliñada Plaza de El Faro

Martes, 16 de Marzo de 2010
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De nuevo el Gobierno de Canarias vuelve a la carga con la cantinela de la renovación de la planta obsoleta, forma alambicada de decir que quieren meter dinero público en construcciones privadas. Tal vez, para que el despropósito no cante en demasía, se invertirán unos pocos euros para plantar algún arbolito en un mini parterre en zona pública, que tampoco hay que derrochar el dinero que ha de volver a los de siempre. Una vez más, y a pesar de todas las evidencias, se sigue confundiendo el negocio de la construcción con la industria turística. Si ahora los tour operadores insisten en que se bajen los precios un 25%, ¿ni a empresarios y políticos se les ocurre pensar que probablemente sea porque este destino está dejando de ser atractivo y es cada vez más difícil de vender, al menos desde el punto de vista empresarial? ¿Y pretenden arreglar el problema renovando, con dinero público, algún centro comercial o algún complejo de apartamentos? Pero como de este asunto se ha dicho ya tanto, posiblemente sea preferible ahora dedicar una miradita y hacer pequeña reflexión sobre la cutrez y el desaliño que puede verse en muchos lugares en el corazón de las zonas turísticas y que no pasa desapercibido para los paseantes. Se trata con frecuencia de pequeños detalles, pero que evidencian el deterioro y abandono generalizado a que se está viendo sometido el negocio turístico por parte de las autoridades, evidenciando una incompetencia manifiesta, y de los empresarios de la zona que no actúan subsidiariamente para evitar su propia ruina. ¿Cómo pueden estar al frente de áreas turísticas técnicas y económicas concejales sin formación específica y más preocupados en contentar a los vecinos de Castillo del Romeral, pongo por caso, para que les garanticen su reelección que en cuidar y mimar la despensa económica que alimenta a todo el municipio y toda la isla? Entre los “cienes y cienes” de casos que pudieran denunciarse, hoy tan sólo dos muestras del desaliño en el cuidado del entorno del Faro de Maspalomas, punto emblemático de la zona turística. El primero es el estado lamentable de conservación de la pasarela que une la Plaza del Faro con el Paseo de Meloneras. Las maderas sin barnizar y los tablones del piso rotos lo demuestran. Pero, sin la menor duda, el caso de desaliño y cutrez en la oferta y el desprecio hacia el sentido común y la mínima sensibilidad de nuestros visitantes es el destartalado vehículo, probablemente restos de un bombardeo de la II Guerra Mundial, que desde tiempo inmemorial adorna esa Plaza del Faro, por donde han de pasar quizás algunos cientos de miles de visitantes. Para mostrar el cuadro completo del “tipismo subsahariano” al tiempo que la desidia y negligencia de las autoridades turísticas y sanitarias, al furgón no le faltan los típicos bloques de construcción como sustitutos de ruedas y suspensión, parcialmente cubiertos con unas cañas olvidadas por Cristóbal Colón cuando hizo aguada en la zona. No se aprecia en las fotos si ese bar, en otro tiempo móvil y ambulante, tiene suministro de energía eléctrica de la red pública o privada. Si así fuera, sería ilustrativo saber quién, cómo y porqué autorizó la conexión. El agua corriente parece estar suministrada por un bidón colocado y amarrado en el techo de la furgona. Todo muy “naif”… La Plaza encierra también un misterio. Esta vez, a Dios gracias, de otra naturaleza. Cuando se instalaron allí esas cuatro piedras talladas, hay quien las llama esculturas, la gente se preguntaba por su significado. Los más cultos reconocen en ellas lo que el artista, dicen, que quiso representar: “Los cuatro Ramsés”, de pié y dando la espalda al mar. Pero también es posible que vistas desde otra perspectiva recuerden una plataforma para el lanzamiento de un cohete espacial. A nadie le debería extrañar demasiado que el mismísimo Faro de Maspalomas prefiriera irse zumbando a iluminar las estrellas que seguir soportando tanta desidia, cutrez y abandono… [gallery link="file"]
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