La celebración del Día del Libro supone, entre otras cosas, un motivo de reflexión acerca de la importancia que la lectura tiene en la sociedad actual. Una importancia que, por desgracia, no es apreciada por la mayoría de nuestra población a juzgar por el hecho de que muchas personas reducen la lectura al uso indispensable como instrumento informativo: letreros, avisos, cartas... Algunos llegan a leer ciertos asuntos relativos a su trabajo, pero no tienen interés por leer otras cosas. Leen por necesidad pero no han llegado a captar el placer que puede proporcionar la lectura.
Para ser un verdadero lector hay que convertir la lectura en una necesidad vital, hacer de la lectura un hábito voluntario, una actividad elegida libremente, deseada y placentera.
La lectura proporciona información y formación, creando hábitos de reflexión, análisis, esfuerzo, concentración, y también recrea, hace gozar, entretiene y distrae. Una persona que lee con frecuencia mejora su expresión oral y escrita y tiene un lenguaje más fluido, aumenta su vocabulario y mejora su ortografía.
La lectura nos proporciona la facilidad para exponer nuestro propio pensamiento y posibilita la capacidad de pensar. Proporciona materia para pensar ya que no se puede pensar si no tenemos ideas, palabras, conceptos. Es también un extraordinario elemento de prevención del fracaso escolar porque es una eficaz herramienta de trabajo intelectual.
Cuando la lectura se lleva a cabo de una forma puramente mecánica, sin comprensión de lo leído, es fácil que genere en los niños una «fobia» ante el libro; un miedo secreto, inconfesado, inconsciente, a no entender un texto que le llena de inseguridad y le angustia. Y si el libro tiene muchas páginas -«es gordo»- esta repugnancia aumenta pues le hará pensar en las muchas horas de esfuerzo que le va a exigir su lectura, un esfuerzo especialmente ingrato por ser ineficaz. Esta circunstancia que se da con demasiada frecuencia en nuestro sistema educativo nos ha llevado a que en el informe PISA, España no sólo ha quedado por debajo de la media europea en general, sino que hemos empeorado nuestros propios resultados en lectura. Es lamentable que las chicas y los chicos españoles tengan hoy una menor capacidad de entender un texto, manejar su contenido y reflexionar sobre él que hace tres años.
Debemos tener en cuenta que la lectura aumenta el bagaje cultural; proporciona información, conocimientos. Cuando se lee se aprende, se contribuye a saber quiénes somos, de dónde venimos y adónde vamos; en definitiva, la lectura, enriquece nuestra vida. La lectura estimula y satisface la curiosidad intelectual y científica. La curiosidad no se puede forzar, hay que despertarla.
Con la lectura se despierta el espíritu crítico tan necesario hoy en día si no queremos que sean otros los que filtren e interpreten los hechos del día lo que supone delegar demasiada responsabilidad que se convierte en imprudencia cuando lo delegamos en entidades que no deberían ostentar tal grado de confianza. Tenemos que hacer un ejercicio de conciencia social para no dejar que nos digan lo que debemos pensar, tenemos que acudir a nosotros mismos a las fuentes y dejar que sea nuestro propio criterio el que extraiga las conclusiones pertinentes, incluso si estas son erróneas, ya que si el error es nuestro nos resultará más fácil corregirlo cuando tengamos la información apropiada. Para ello es imprescindible leer para lo que no siempre se tiene tiempo ni el estado de ánimo para hacerlo. Y es aquí donde la sociedad flaquea. El trabajador o trabajadora que llega cansado a casa, difícilmente se pondrá a leer, es más tentador el entretenimiento. Y mientras tanto hay quien manipula cómo redirigir a esa masa confusa, mal informada y que cree saber todo lo necesario, para conseguir así sus propios objetivos.
La lectura puede ser nuestra aliada para promover y desarrollar el hábito de la atención porque potencia la capacidad de observación y de concentración y facilita, además, la recreación de la fantasía y el desarrollo de la creatividad
Las lecturas nos hacen más libres porque todo acto de lectura es un acto de libertad. El individuo ante el libro se siente libre. El lector manda sobre el libro, puede estar de acuerdo o en desacuerdo con las afirmaciones del texto, puede leer ordenadamente o enterarse del final, dar marcha atrás y releer unas páginas, ir hacia delante saltándose una parte, interrumpir la lectura... También el lector tiene esa otra libertad que es la de hacer su propio libro con su participación activa, imaginando, explorando, encontrando respuestas y haciéndose preguntas que solo él podrá responder.
La lectura es un medio de entretenimiento y distracción, que relaja, que divierte. Es lamentable que muchos padres den poca importancia a esta cualidad de la lectura, les parece que la lectura es algo serio que no se puede convertir en divertimento, creen que hay que leer para instruirse y que la lectura que no aporta instrucción es una pérdida de tiempo. Quizá no han descubierto que el ocio es un valor.
Debemos tomar conciencia de la importancia de la lectura no sólo con motivo del Día del Libro, hay que poner interés a lo largo de todos y cada uno de los días del año porque no debemos olvidar que nuestro sistema educativo ni siquiera proporciona a los adolescentes la destreza esencial de leer bien, lo cual repercute en el resto de sus habilidades como estudiantes, y como personas, porque no ser capaz de procesar información es una garantía de quedar tirado en la primera cuneta y engrosar las listas de los analfabetos funcionales.








Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.89