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Ecoparques para una ecoisla

Nuestra gente siempre ha sido muy sensible con el problema del agua en Canarias y los canarios hemos hecho un esfuerzo en la eficiencia y el ahorro de este recurso.

ANTONIO MORALES MENDEZ
Lunes, 12 de diciembre de 2016
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En junio de 1991 la Conferencia de la Organización de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo que se celebró en Río de Janeiro aprobó la llamada Agenda 21, un programa de acciones que tenía como objetivo primordial afrontar uno de los desafíos más graves del siglo XXI: el calentamiento global del planeta y los problemas derivados del deterioro del Medio Ambiente. Según recogió en su preámbulo la Agenda 21, además de las disparidades entre las naciones y dentro de las naciones, con el agravamiento de la pobreza, el hambre, las enfermedades y el analfabetismo, también había que afrontar “el continuo empeoramiento de los ecosistemas de los que depende nuestro bienestar”.

La semana pasada, con la inauguración del Ecoparque Gran Canaria Sur dimos un paso importante en una de las acciones recogidas en la Agenda 21: “la gestión ecológicamente racional de los desechos sólidos”. Ya en septiembre culminamos el Ecoparque Norte de Gran Canaria con la planta de bioestabilización para el tratamiento de residuos que permitirá dar una segunda vida a la mitad de ellos, ya sea vía reciclaje, compost o producción de energía. En total el Cabildo ha invertido más de 80 millones de euros en estas dos infraestructuras que están en la vanguardia tecnológica a nivel europeo y que suponen un cambio del modelo de eliminación de la basura con el que se ha trabajado en las últimas décadas. En el pasado se quedan los dos viejos vertederos de basura.

Nuestra gente siempre ha sido muy sensible con el problema del agua en Canarias y los canarios hemos hecho un esfuerzo en la eficiencia y el ahorro de este recurso. Hemos tomado conciencia de su escasez y de lo costoso de su obtención. Pero no nos pasa lo mismo con la energía. Y mucho menos con el tratamiento de los residuos. Con la eliminación de la basura que generamos. Tenemos un territorio limitado y frágil. Nuestra densidad de población es altísima. Nos visitan cada año casi cuatro millones de turistas. Entre todos generamos muchísima basura y no terminamos de tomar conciencia del problema medioambiental gravísimo que implica. De que debemos generar menos basura. De que debemos reciclar más. De que debemos separar en origen. De la importancia de la economía circular que genera su tratamiento, aprovechamiento o reciclaje… Por eso ha pasado casi desapercibida la inauguración de los ecoparques norte y sur de Gran Canaria. El coste total de los enclaves es casi equivalente al del pabellón deportivo Gran Canaria Arena pero su repercusión social ha sido infinitamente menor. Cualquier carrera, por ejemplo, de las tantas que se celebran en la isla, ocupa más páginas y portadas que la inauguración de estas infraestructuras punteras de Gran Canaria.

Cada año llegan hasta el Ecoparque Gran Canaria Sur que acabamos de inaugurar –los datos son parecidos en el Ecoparque Norte- cerca de 235.000 toneladas de residuos. Nos hemos planteado el objetivo, de aquí al año 2020, de dar una “segunda vida” a la mitad de estas toneladas. Las nuevas infraestructuras cuentan con túneles de compostaje y plantas de bioestabilización que  generarán compost a través de la materia orgánica, tanto la que llega separada en origen como la que se obtiene a través de la separación en la planta llamada “todo en uno”, que clasifica los residuos procedentes del contenedor gris.

Los ecoparques insulares podrían ser autosuficientes energéticamente, tienen una tecnología mucho más avanzada que las leyes que penalizan el autoconsumo. Las plantas de aprovechamiento energético del biogás pueden generar más de 7.000 megavatios hora, cantidad suficiente para cubrir las necesidades de los complejos, pero para hacerlo posible, habría que cambiar la legislación generada en los últimos años desoyendo las recomendaciones de la ONU y siguiendo los intereses de los oligopolios energéticos.

Cuentan también con una planta de tratamiento del aire para filtrar el procedente de las plantas de bioestabilización y afino, con el objetivo de evitar los malos olores.  Desde el Cabildo teníamos claro que vale la pena invertir también para minimizar las molestias y mejorar la calidad de vida de las personas que viven en las poblaciones cercanas a estas instalaciones. Y somos conscientes de que queda por resolver un problema de malos olores en Salto del Negro, debido a las deficiencias de los viejos vasos de enterramiento. Este modelo de gestión de los residuos hay que englobarlo en el cambio de modelo económico iniciado para caminar hacia la ecoisla que queremos, y cuando nos planteamos retos colectivos que defienden el interés general es fundamental que no se sientan perjudicados quienes viven cerca de estas infraestructuras.

En la misma línea se enmarca el objetivo de convertir estas infraestructuras en una referencia de la educación ambiental en la Isla. Para ello, además de aulas ambientales, van a contar con nuevas instalaciones más modernas para acoger cursos dirigidos a estudiantes, profesionales, colectivos ecologistas, colectivos vecinales y sociales. En la Agenda 21 aprobada en Río se recoge que “en los futuros programas de gestión de los desechos se deberían aprovechar al máximo los enfoques basados en el rendimiento de los recursos, para controlar la producción de desechos. Estas actividades deberían realizarse conjuntamente con programas de educación del público. Es importante que se determinen los mercados para los productos procedentes de materiales aprovechados al elaborar los programas de aprovechamiento y reciclado”.

La politóloga Susan George, autora del “Informe Lugano”, en su libro “Otro mundo es posible si…” es muy crítica con los incumplimientos por parte de los estados y de las grandes empresas multinacionales de la Agenda 21 que hemos comentado en este artículo. Según George “si mantenemos nuestro ritmo desenfrenado de combustibles fósiles tendremos un mundo en el que ya no habrá seres humanos quejándose”. Susan George plantea que los organismos internacionales como el Banco Mundial dejen de apoyar proyectos que contribuyan al calentamiento global. Aunque es muy crítica con el papel de las grandes empresas multinacionales, Susan George también reconoce ejemplos positivos en el mundo de la empresa: Kalundborg en Dinamarca. Se trata de un parque ecoindustrial situado en esa ciudad. Escribe Susan George que en esta población danesa de 20.000 habitantes, “fábricas y agricultores colaboran uniendo sus ‘metabolismos”. Los residuos de las unas se convierten en materia prima para los otros y todo el proceso de producción se basa en el reciclado”.

George destaca que este complejo danés se creó sin subvenciones públicas. En el caso de los dos ecoparques que hemos inaugurado este año en el sur y el norte de la isla, el Cabildo ha realizado un importante esfuerzo inversor, pero también contamos con empresas privadas participando en la gestión. Lo decíamos en la inauguración del Ecoparque Gran Canaria Sur: los residuos son un gran reto colectivo de la isla de Gran Canaria que tiene que abordarse desde la participación y la implicación ciudadanas, la cooperación entre instituciones y la colaboración entre el sector público y el privado. En la parte privada contamos además con una empresa canaria –Ayagaures- que participa de una UTE con Cespa y solo en el caso del Ecoparque Gran Canaria del Sur se han creado 85 empleos. Solo de esta manera podremos convertir uno de los principales problemas de la isla en un vector del desarrollo sostenible, que ayude a la economía circular, el I+D+i, la generación de empleo e incluso a la soberanía energética y alimentaria, elementos estratégicos de la ecoisla sobre la que sustentamos nuestro proyecto de futuro para Gran Canaria. No dudamos de que debe ser un esfuerzo compartido. Una tarea de todos.

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