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Suelo turístico urbanizable: ¿amenaza u oportunidad?

Según la última estadística oficial elaborada por Gesplan en 2012, Canarias dispondría aún de suelo urbano y urbanizable para albergar 148.564 nuevas camas turísticas

ANTONIO GARZÓN
Lunes, 5 de septiembre de 2016
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"¡Ni una cama más!" ha sido, hasta ahora, el eslogan de la política de desarrollo turístico aplicada por los Gobiernos de Canarias desde principios de los 2000. Es decir, la prohibición de construcción de nuevas camas turísticas, camuflada entre falsas excepciones de conceptos de calidad utópicos, como los "hoteles con proyectos de ocio" (1ª moratoria, 2003) o los "hoteles-escuela de gran lujo" (2ª moratoria,2009). Ello fue justificado con una interpretación demagógica y simplona del concepto de sostenibilidad (sostenible = "no consumir suelo"), lo cual convirtió a la cama de nueva construcción en el enemigo público nr.1 de Canarias y al promotor en un "depredador malvado de suelo". Sin embargo, ¿qué potencial real de desarrollo alojativo tiene Canarias? ¿Cuántas plazas turísticas se podrían construir a corto y medio plazo en Canarias si se retirase el embargo al suelo ya clasificado para fines turísticos? ¿Qué efecto tendría la incorporación de dichas camas en la sostenibilidad del Archipiélago canario? Veámoslo:    

¿Cuántas camas se pueden construir en Canarias?

Según la última estadística oficial elaborada por Gesplan en 2012, Canarias dispondría aún de suelo urbano y urbanizable para albergar 148.564 nuevas camas turísticas (Gran Canaria: 52.767 / Tenerife: 53.832 / Lanzarote: 14.912 / Fuerteventura: 27.053). ¿Entrarían estas nuevas camas todas sobre la marcha, de golpe, en el mercado turístico, tal y como pretenden dar a entender los detractores del crecimiento turístico? No, ni entrarían todas, ni lo harían de golpe.

Un proyecto puede no ejecutarse, a pesar de tener acceso a una licencia, por diversos motivos, como la falta de financiación o de un planeamiento territorial, o por procesos judiciales, algo que puede congelar una parcela urbanizable por varias décadas. Otro motivo podría ser el inacabado de la urbanización sobre la que se construirían las camas, pues ésta debe estar terminada para poder empezar la ejecución de las camas; si consideramos que la mayoría de las nuevas camas están proyectadas sobre urbanizaciones aún no existentes, resulta obvio que en muchos casos las nuevas camas tardarán mucho tiempo en incorporarse al mercado. Ello se puede apreciar en la previsión de ejecución temporal que hizo Gesplan; en el caso de Gran Canaria, de las 52.767 camas potenciales 10.536 camas serían ejecutables a corto plazo, 10.851 a medio plazo y 31.380 a largo plazo; en las demás Islas domina también la ejecución potencial a largo plazo.

Por tanto, ¿cuántas camas de las teóricamente previstas entrarían en la próxima década en el mercado canario? El segundo Informe CATPE sobre la competitividad turística de Canarias, publicado en febrero de 2016, estimó la posibilidad de crecimiento alojativo en Canarias para la próxima década en 70.000 camas (para el caso de levantarse el embargo del suelo clasificado). Estas 70.000 nuevas plazas se corresponden con la suma de las camas ejecutables a corto y medio plazo del estudio de Gesplan, más aprox. un 10% de las camas ejecutables a largo plazo. 

¿Qué efectos tendrían estas nuevas camas sobre la sostenibilidad?

Antes que nada, vamos a diferenciar bien a qué sostenibilidad nos referimos: ¿la del planificador canario (que confunde la sostenibilidad con "crecimiento-cero") o la definición tradicional del término (="desarrollo económico y social respetuoso con el medio ambiente”)? Me baso en ésta última, la cual sostiene que las tres componentes de la sostenibilidad (económica, social y medioambiental) deben estar en equilibrio. Veamos el efecto de las nuevas camas sobre ellas:  

Efectos sobre la sostenibilidad social

Para valorar los efectos del desarrollo alojativo sobre la sostenibilidad social utilizo el principal indicador de esta componente: el empleo. Según la última Encuesta de Población Activa (EPA), Canarias tiene en la actualidad 300.800 parados. Si bien son menos que en 2013 (380.000), el aumento del empleo se debe principalmente a los efectos de las mayores ocupaciones de las capacidades turísticas existentes y no son de esperar grandes mejoras de las cifras, al mantenerse congelado el crecimiento de las plazas alojativas y no tener los demás sectores económicos apenas potencial de generación de empleo (agricultura, industria). Recordemos que Canarias tenía antes del 2008 unos 100.000 parados, por lo que harían falta 200.000 empleos para volver a esa situación de "equilibrio".

¿Qué aportarían las 70.000 nuevas camas en la próxima década? Según el 2º Informe CATPE sobre competitividad turística, estas nuevas camas supondrían 49.000 empleos directos, indirectos y derivados (sin construcción). A ello se sumarían los empleos de la construcción, que el informe CATPE estima en 9.800 empleos constantes (no acumulativos) durante los diez años de edificación. El CATPE le añade, además, los empleos que se derivarían del desbloqueo administrativo para inversiones asociadas al turismo (p.ej. parques de ocio, centros de alto rendimiento deportivo, etc.), con lo que podría  llegar a producirse un potencial conjunto entre hostelería, turismo y ocio de unos 80.000 empleos, pero en todo caso no superaría los 100.000.

Por tanto, las nuevas camas tendrían efectos positivos sobre el empleo, pudiendo llegar a ofrecer hasta la mitad del empleo necesario. En este contexto es importante tener claras dos cuestiones:
(1) el crecimiento  turístico es la única vía de creación significante de nuevo empleo, ya que los demás sectores económicos y la rehabilitación turística no crean empleo significante;
(2) aún así, el Turismo no puede dar solución a todos los parados de Canarias, sino sólo a una parte, por lo que el desbloqueo económico debe ir acompañado de otras acciones estratégicas.

Efectos sobre la sostenibilidad económica

Un indicador principal para la sostenibilidad económica es la competitividad turística, es decir, el poder de atracción y satisfacción de la oferta turística con relación a los competidores. Esto se ha convertido en un tema de vital importancia para Canarias, evidenciando desde el año 2000 una progresiva pérdida de competitividad, derivada del envejecimiento de infraestructuras, alojamientos y conceptos vacacionales, de la falta de modernidad alojativa y de una estructura de oferta no acorde a las expectativas del mercado (pocos hoteles de 4 estrellas). Como damos por sentado que las nuevas camas se construirían acorde a la demanda, podemos valorar las nuevas capacidades como positivas para la competitividad y, por tanto, para la sostenibilidad económica. En este contexto, los planificadores de la década pasada sostuvieron que la incorporación de nuevas camas impediría la renovación de las antiguas, pero es todo lo contrario: a mayor presión competitiva local, mayor presión para renovar lo antiguo. 

Efectos sobre la sostenibilidad medioambiental

Canarias destaca a nivel nacional como la comunidad autónoma con el mayor porcentaje del territorio protegido por figuras jurídicas (parque natural, parque nacional,...) con un 41,7% de suelo protegido (Monitur 2014, Exceltur). La superficie que ocupan las áreas turísticas en relación con el total de cada isla es la siguiente: en Tenerife supone el 1,72% del territorio; en Gran Canaria el 1,77%, en Fuerteventura el 1,73%, en Lanzarote el 3,96%, en La Palma el 0,59% y en La Gomera el 0,46% (M. Simancas, ULL, 2016). ¿Qué añadido supondrían las nuevas camas? Las 148.564 nuevas camas señaladas al inicio (Gesplan, 2012) ocuparían un total de 54,3 millones de m2 de suelo turístico clasificado. Por tanto, teniendo en cuenta que Canarias dispone de una superficie total de 7.446 km2 (Catpe, 2011), la superficie de suelo clasificado para nuevas camas supone un 0,72% del territorio canario. Con ello vemos que la situación dista mucho del catastrofismo que promulgaron los planificadores turísticos ("invasión de camas", "peligro de azulejar el Roque Nublo", "barra libre",..).

Sin embargo, la ocupación territorial no puede ser utilizada como indicador único de la sostenibilidad, pues caeríamos en la misma simpleza con la que el planificador canario de la década pasada confundió este término con el "crecimiento cero". La sostenibilidad es mucho más compleja y debe ser evaluada con una batería de varios indicadores. Estos indicadores pueden ser infraestructurales (por ejemplo, el suministro de agua o la conexión con carreteras) o de presión humana (por ejemplo, el nivel de congestión del suelo municipal turístico ya urbanizado). Es decir, que, independientemente de los ratios de ocupación de suelo insular de la actividad turística, no sería "sostenible" otorgar una licencia a un hotel sin garantías de la depuración de las aguas residuales. ¿Y esto hay que regularlo? No, ya está regulado. En Canarias existe una amplia normativa medioambiental que aplica restricciones infraestructurales y de prevención de un exceso de presión humana en los núcleos más saturados, dando, en teoría, las garantías ecológicas exigidas para cualquier nuevo desarrollo. Por ello, ni siquiera sería necesario definir "criterios de sostenibilidad" adicionales en el Reglamento de la Ley Turística que se prevé publicar en septiembre; tan sólo hay que hacer cumplir la normativa vigente.

Conclusiones

En definitiva, hemos visto que de las casi 150.000 camas potenciales que quedan en Canarias en suelo clasificado, de retirarse el embargo al derecho edificador, se estima que durante la próxima década entrarían en el mercado un máximo de 70.000 plazas, que tendrían un efecto positivo en la sostenibilidad económica (aumento de la competitividad turística) y social (creación de empleos), a la vez  que no serían una amenaza para la sostenibilidad ecológica, siempre que se haga cumplir la amplia normativa medioambiental ya vigente.    

www.antoniogarzon.com

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