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SEGISMUNDO URIARTE DOMÍNGUEZ
Jueves, 14 de marzo de 2013

La buena gente

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La mayoría de las noticias que a diario se generan propician un estado de crispación, de inseguridad y de desamparo en una gran parte de nuestra sociedad

La mayoría de las noticias que a diario se generan propician un estado de crispación, de inseguridad y de desamparo en una gran parte de nuestra sociedad. Como consecuencia de ello da la sensación de que estamos montados en una máquina con poca fiabilidad conducida  por  personas irresponsables y que se  desliza sobre unos raíles falsos que nos pone al borde del abismo.


En medio de toda esta oscuridad están apareciendo ejemplos de esperanza luminosa que, aunque por el momento, no son capaces de combatir el caos, van componiendo un tejido benéfico que crece deprisa.


Ese tejido benéfico es el que está propiciando un consumo más responsable, una conciencia mayor sobre el aprovechamiento de las cosas, un aumento de la solidaridad con aquellas personas más afectadas, un volver la mirada hacia la familia como punto de anclaje fuerte ante los embates de la vida. La proliferación de este tejido es producto de la sensibilidad. Y no una sensibilidad cualquiera sino una sensibilidad de buena gente orientada a procurar la felicidad social.


Esta realidad contrasta con esa otra formada por todos aquellas  personas, entidades o instituciones que no han sabido gestionar las economías que se les ha confiado y han hecho del despilfarro su línea habitual de actuación, que, llevados por un puro afán mercantilista y egoísta, han propiciado la ruina de muchas personas abocándolas a una situación insostenible que no se arregla con estériles e inútiles debates dialécticos.   


Hoy en día, la ciencia está triunfando en la tarea de alargar la vida mediante los avances en biogenética. Sería conveniente plantearse también avanzar en la bondad de las personas, porque si los avances en biogenética alargan las vidas, los avances en las personas valdrían para mejorar el gozo de vivir.


Las personas que constituyen ese tejido benéfico que está actuando para ayudar a los menos favorecidos de manera voluntaria, se están convirtiendo en una fuerza renovadora del actual sistema sin olvidarse que su labor no puede sustituir a la que corresponde a los gobiernos, a los que habrá que recordar que el poder de la gente ha sido el recurso más valioso para lograr la reconstrucción de valores. De ahí la importancia que para nuestra sociedad tiene el voluntariado.


Su importancia en el Banco de Alimentos de Las Palmas


El voluntariado que colabora con el Banco de Alimentos de Las Palmas  está permitiendo el avance de este recurso social. Su labor diaria, callada, generosa, entusiasta y totalmente desinteresada permite el adecuado funcionamiento de una organización que está donando alimentos a más de 43.000 personas necesitadas. Su perfil es variopinto en cuanto a profesión, estatus social, afinidades políticas y creencias religiosas, pero tienen un denominador común: su alto grado de implicación social.   


Su entusiasmo permite comprobar la importancia que tiene ayudar a tantas personas que, en nuestro entorno, en nuestros municipios, muy cerca de nosotros, carecen de los más elementales elementos de supervivencia a pesar de vivir en una sociedad del despilfarro.

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